domingo, 25 de diciembre de 2011

El criminal de guerra nazi que controlaba la pesca en el Embalse del río Ctalamochita

Ludolf von Alvensleben, perteneció a la nobleza alemana, fue general de las SS de Hitler y responsable de numerosas masacres. Al finalizar la guerra se refugió en la Argentina, vivió en Santa Rosa de Calamuchita, donde fue concejal y presidente del club Unión. Se desempeñó como inspector de caza y pesca en Embalse, en la década de 1960. Fue el primero en buscar uranio cerca de Yacanto. Todo esto mientras estaba prófugo de la justicia polaca que lo había condenado a muerte en ausencia.

Ludolf-Georg Hermann Emmanuel Kurt Werner von Alvensleben, nació el 17 de marzo de 1901 en Halle, Alemania, y murió en 1970, en Santa Rosa de Calamuchita, Argentina. Era hijo y nieto de generales prusianos, su nombre familiar era “Bubi” (1). Los Alvensleben formaban parte de las familias más tradicionales de la región, y desde mediados del siglo XVIII eran los dueños del castillo de Schochwitz (2), la familia tenía tierras en la región y un escudo de armas que enumeraba sus dominios.

Cuando cumplió los 10 años de edad, lo inscribieron en una escuela militar. Formó parte del Cuerpo de Cadetes Prusianos desde 1911. Después de la muerte de su padre en 1912 heredó el título de von y arrendó la propiedad familiar. Pasó la Primera Guerra Mundial en el Regimiento de Húsares Nº 10 que no sirvió en el frente.

Cuando regresó a casa cursó los estudios superiores en una de las universidades más prestigiosas de Alemania, la Universidad de Halle, donde se graduó con un mérito en agricultura. En 1920 fue durante seis semanas un miembro de los Freikorps (cuerpo de voluntarios) en Halle. Entre 1923 y 1929, comenzó a militar en una organización de ultraderecha llamada Stahlhelm (3).

El 3 de mayo de 1924 se casó en el castillo familiar con Melitta von Guaita, cuatro años menor que él, con la que tendría cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. Se quedarían juntos toda la vida, y la mujer abandonaría Santa Rosa de Calamuchita sólo después de la muerte de su esposo. En 1928 se convirtió en jefe de la propiedad de la familia en Schochwitz, que en ese momento estaba fuertemente endeudada.

Castillo de Schochwitz, Alemania

Alvensleben ingresó al partido nazi el 1 de agosto de 1929 con el número de afiliado 149.345, en 1933 se convirtió en miembro del Reichstag (el parlamento nazi), y su incorporación a las SS se produjo el 5 de abril de 1934, con el número 177.002.

Una vertiginosa carrera

Alvensleben ascendió rápidamente en su carrera política y militar. Hasta 1930 dirigió la sucursal del NSDAP (partido nazi) (4) en Eisleben (5). Entre 1929 y 1934 estuvo a cargo del distrito y fue director regional en el área industrial de Mansfeld. Entre 1930 y enero 1933 fue condenado varias veces, en parte debido a una infracción de tránsito y en 1931 por insultar al más alto funcionario administrativo socialdemócrata de Eisleben.

En febrero de 1933 Alvensleben dirigió 600 hombres armados de las SS y las SA en el asalto de una reunión del Partido Comunista. Cuatro personas murieron, otras 24 personas resultaron heridas de gravedad Este hecho pasó a la historia como el “Eisleben Bloody Sunday” (Domingo Sangriento de Eisleben).

En 1934 recibió una severa reprimenda de su jefe Himmler al insultar a una mujer en Leipzig. Por entonces, era una mezcla de aristócrata refinado con nazi fanático, y la mixtura le ayudó a posicionarse: fue designado comandante del 46ª Regimiento de las SS en Dresde y luego del 26ª Regimiento en Halle, en los próximos años se trasladó a varias posiciones gerenciales de Schwerin a Stuttgart y en enero de 1937 se convirtió en Oberführer (Líder Principal). A fines de 1938 ya era primer ayudante del Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler.

Despliegue de las SS para el primer aniversario del Domingo Sangirento de Eisleben. Alvensleben es el segundo de  derecha a izquierda

Al año siguiente comenzó la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión a Polonia. El primer destino de Alvensleben, en septiembre de 1939, fue en el puerto polaco de Danzig, sobre el mar Báltico. Su función era dirigir los Selbstschutz (grupos de autodefensa de los alemanes en la zona). Durante una visita de Himmler, supervisó la ejecución de 20 polacos acusados de sabotaje, y mató personalmente a algunos con su pistola. Entre las víctimas estaba Graf von Alvensleben Schönborn, un primo suyo casado con una judía polaca, a quien antes de ejecutar Bubi había apostrofado diciéndole que era un “traidor a la raza”.

Las masacres del Valle de la Muerte y Piaśnica

El Valle de la Muerte es Fordon, un barrio de Bydgoszcz, al norte de Polonia, donde hubo un asesinato en masa de 5.000 a 6.600 polacos y judíos, masacrados y arrojados a una fosa común, entre octubre y noviembre de 1939 por los alemanes del lugar. Los asesinatos fueron parte de la Intelligenzaktion (6). Investigaciones establecidas apuntan a Ludolf von Alvensleben como uno de los principales culpables. El 17 de septiembre de 1939 había informado a Himmler: “El trabajo es, Reichsführer, como usted puede pensar, una alegría enorme. [...] Por desgracia no se toman las medidas necesarias y esto se debe a los tribunales militares y a la debilidad del comandante del ejército local, los oficiales de reserva y sus ocupaciones civiles”.

Alvensleben fue también uno de los responsables de la masacre de Piaśnica (7), donde fueron asesinados entre 10.000 y 13.000 personas. Las siguientes fotografías corresponden a esa masacre (8).

También ofició de administrador de los bienes que antes habían sido propiedad de los judíos. Se justificaba diciendo que ayudaría a su hermana con cinco hijos menores de edad.

Alvensleben ocupó diversos cargos en los territorios ocupados del este. A fines de 1941, fue trasladado a Crimea, como jefe de policía de la ciudad de Simferopol, en el sur del país. Se puso al frente de las represalias contra los partisanos de la región. En los meses siguientes, en 52 operaciones de las que hay registro, 3.111 resistentes fueron eliminados.

Las víctimas fueron obligadas a cavar sus propias tumbas



Hacia 1944 era Superior de las SS, Jefe de la Policía de Dresde y el líder de la sección superior de las SS "Elba". En esta zona se encontraban los bienes andeudados de Alvensleben en Schochwitz. Tomando ventaja de su posición oficial fue en contra de Carl Wentzel, uno de sus acreedores. Cuando la policía de seguridad recibió varias denuncias anónimas en contra de Wentzel, en relación con el atentado de 20 Julio 1944 (9), fue arrestado y su patrimonio pasó a manos de Alvensleben. En varias cartas a Himmler, afirmó "que se sentía incómodo, pero esta extraña coincidencia". Al final de la guerra Alvensleben había sido nombrado teniente general de las Waffen-SS, huyó desde Dresde hacia el oeste. El último cargo que ostentó fue Comandante Mayor de Prisioneros de Guerra.

Fuga hacia Argentina

En los primeros días de mayo de 1945, tras la caída del Reich, el teniente general Ludolf von Alvensleben fue capturado en Berlín por soldados británicos y llevado al campo de prisioneros de Neuengamme, en Hamburgo, al norte del país. Fue alojado en una barraca con otros oficiales, y allí se enteró de la detención y el suicidio de su jefe, Heinrich Himmler. Estuvo detenido 16 meses, y el 11 de septiembre de 1946 se fugó. El general Karl Wolff, su colega en el estado mayor de las SS, relató que Bubi salió del campo escondido dentro de un tanque donde se transportaba leche. El propio Alvensleben, más bizarro, contaría años después que había huido oculto en un camión atmosférico.

No bien pudo, como otros centenares de criminales de guerra, Alvensleben viajó a la Argentina. No hay datos precisos sobre su llegada al país, aunque los indicios marcan que lo dejó un vapor que partió del puerto de Génova. Un pasaporte extendido por la Cruz Roja fue su salvoconducto inicial. El 27 de noviembre de 1952 el gobierno de Perón le concede la ciudadanía bajo el nombre de Carlos Lücke. Primero vivió en Buenos Aires, y después se trasladó a Córdoba. Al principio a Villa María, donde se desempeñó como chacarero, y tras un paso fugaz por Villa General Belgrano, se instaló en Santa Rosa. Fue uno de los criminales de guerra de más alto rango refugiado en el país (10).

Von Alvensleben vivió sin mayores traumas en Calamuchita (11). Todos sabían de su existencia, los militares argentinos, los servicios de inteligencia del país, el Departamento de Estado norteamericano (que lo registró en sus archivos) y, por supuesto, los gobernantes de turno. La casa en la que Alvensleben vivió hasta su muerte es ahora un corralón de materiales. Está sobre la ruta 5, a unas 15 cuadras del centro del pueblo, y la zona se ha habitado tanto que ya no merece el nombre que tenía en 1956: El Mirador (12).

Al principio Bubi llegó solo, y después vinieron su esposa Melitta y los hijos: Ludovica, de 31 años; Constantino, de 14; Busso, de 12; Gertrudis, de 22. Esta última se habría enamorado del capataz de su campo de Villa María. Gertrudis habría sido confinada hasta el nacimiento de la beba que habría gestado con el capataz y luego enviada a Alemania. La nieta del noble habría sido entregada a una familia de italianos.

En la casa, los Alvensleben empleaban a una mujer para las tareas domésticas, y a su hijo, como chofer. Tenían dos perros Bóxer que andaban sueltos por el parque, correteando entre maniquíes de trapo en los que el dueño de casa, según los vecinos, a veces practicaba tiro al blanco.

Un concejal genocida

Con sus casi dos metros de altura y sus modos a la vez refinados y autoritarios, Alvensleben no pasaba inadvertido en el pueblo. Andaba en una camioneta Ford, se dedicaba a la compra venta de ganado y de lotes en las sierras. En Santa Rosa empezó a despuntar un hobby poco frecuente en un aristócrata: jugar al fútbol. Llegó a ser presidente del Club Atlético Unión y cuentan que era buen arquero en los partidos de veteranos. Lo atestigua una vieja foto que lo muestra atajando un penal.

Quizá por la relación con Amadeo Sabattini en los tiempos de Villa María, Alvensleben se había acercado al radicalismo, y a su llegada a Santa Rosa se contactó con los referentes del partido en la región. Se hizo amigo del escribano Oscar Soto López, quien más tarde sería ministro del Gobierno provincial, y en las elecciones del 7 de julio de 1963, en las que resultó elegido presidente Arturo Illia, apareció en la boleta como candidato a concejal suplente. Aquella vez los radicales ganaron el municipio, y el 22 de julio de 1964, tras el fallecimiento del presidente del Concejo, Bubi asumió como miembro titular y fue designado vicepresidente primero. Su gestión se recordaría por hacer cumplir el reglamento: obligaba a los concejales a asistir a las sesiones y, según el acta de asunción, juró el cargo por Dios, la Patria y los Santos Evangelios.


Era educado y heladamente amable; culto, formal, buen conversador, y hablaba bastante bien el español. Su vida social se limitaba al club y a la política, fuera de eso visitaba a unos pocos amigos, y eran menos todavía los que iban a su casa. Su relación más estrecha, en Santa Rosa, era con el suizo Francisco von Martini. En los veranos, cuando el ex gobernador Sabattini pasaba unas semanas de vacaciones en Villa Rumipal, Alvensleben iba a verlo, lo mismo que a Carlos Astrada Ponce, uno de los terratenientes de la zona. También era miembro de la cooperadora policial.

Tal vez en Santa Rosa nadie lo supiera, pero cuatro meses antes de ser elegido concejal, el 31 de enero de ese mismo año, Ludolf von Alvensleben fue condenado a muerte en ausencia por la corte de Torun, Polonia, bajo el cargo de asesinato de 4.247 personas en el helado invierno de 1939, mientras era el comandante supremo de las tropas nazis en Prusia Occidental.

Inspector de caza y pesca

Después de su paso por el Concejo Deliberante, Alvensleben fue nombrado, alrededor de 1965, inspector de caza y pesca en Embalse de Río Tercero,  el más grande de los lagos de Córdoba. El nuevo cargo no le resbaló, tomó su misión a pecho y emprendió contra los pescadores y cazadores furtivos, de la misma forma que actuó con judíos, gitanos u opositores políticos.

Solía salir en bote por la noche a levantar las redes, y en caso de agresión por los pescadores que acampaban en la costa, Bubi estaba dispuesto a intercambiar disparos. Fabricaba improvisados dispositivos para evitar que el fogonazo del arma identificara su posición en la noche.

El caso más impactante fue la muerte de dos pescadores, que volcaron en un Kaiser Carabella, mientras eran perseguidos por el nazi en un jeep. Hay quien dice que Alvensleben le había disparado con una escopeta. Un ex diputado provincial, oriundo de Santa Rosa, presenció el accidente y hoy relata con asombro la impunidad con la que se movía el gringo.

Buscador de uranio

Al poco tiempo de llegar a Santa Rosa, Alvensleben compró un lote de 80 hectáreas en un paraje inhóspito llamado Cañada de las Mulas, 30 kilómetros al noroeste del pueblo. Era un lugar pedregoso, sin accesos ni vegetación, y en el centro del terreno había una casa de piedra a la que solía irse solo, a pasar algunos días.

¿Una excentricidad? Tal vez, pero el hecho es que luego vendió ese campo y fue comprando y vendiendo otros, hasta encontrar uno más al sudoeste, al sur de Yacanto de Calamuchita, en una zona al pie del Cerro Blanco llamada Rincón de Luna, que apenas si figura en los mapas. Esa vez, el campo que había adquirido era algo insólito: una estrecha franja inaccesible de 17 kilómetros de largo por 700 metros de ancho, perpendicular a las sierras. El agrimensor que lo mensuró, Dídimo Ortiz, anotó de su puño y letra en el plano catastral: “Debido a la topografía montañosa de la propiedad, no es posible el trazado de un camino. El tránsito se efectúa por camino de herradura de más de 40 años de uso”.


¿Qué buscaba allí Alvensleben? Según le diría a Ortiz: uranio. Recientemente una minera se propuso extraer cuarzo de la zona, en medio del rechazo de los habitantes del lugar (13). Según los registros de la Nación, contendría además un yacimiento de uranio, berilo y tantalio.

Un par de años antes, Bubi, el mismo Ortiz y un tercer hombre habían estado haciendo cateos en las laderas del Cerro Blanco. Quien los acompañaba era un físico nuclear de origen rumano, Neda Marinescu (14), que estaba en la Argentina desde 1951.

Marinescu se había incorporado al grupo de científicos y técnicos alemanes que habían llegado al país a partir de 1947, encabezados por Kurt Tank, y que desarrollarían el proyecto del Pulqui. Se había instalado con ellos en Córdoba, y había montado un instituto de investigación nuclear dependiente de la Universidad.

En 1955, tras la caída del peronismo, el rumano tendría el mismo fin que Tank y sus ingenieros aeronáuticos: sería detenido, puesto en la cárcel y expulsado de las aulas. Se quedó en el país y aún vivía en Córdoba cuando Alvensleben lo convenció de buscar uranio en las sierras.

La muerte

Ludolf Hermann von Alvensleben murió en Santa Rosa de Calamuchita, la fecha posiblemente sea el miércoles 1 de abril de 1970. Padecía cáncer de pulmón, y en las semanas previas había visitado a un médico en Buenos Aires que lo había desahuciado.

Las crónicas periodísticas lo retrataban como un buen vecino, recorrían sus peripecias como concejal e inspector de pesca, y testimonios de quienes lo habían tratado.

Ninguno de esos relatos hablaba mal de él, pero ponían suspenso en la ceremonia del entierro, a la que habrían asistido una veintena de alemanes de aspecto sombrío que no eran de la zona. La ceremonia fue sencilla y breve, cantaron una marcha militar en el momento de la despedida y dejaron una corona con la leyenda “Deine Kameraden” (Tus camaradas), pero el epílogo fue contundente. Los hombres, de piel muy clara, rostro duro y vestidos con ropas oscuras, estiraron el brazo derecho y lo levantaron hacia adelante, más allá de la altura de los hombros. Una exclamación, corta y profunda, en una lengua extraña, cerró el acto, que no duró más de 10 segundos. El sepulturero comentaría después que sintió un escalofrío, mientras las palomas que anidaban entre las tumbas rompieron en vuelo. Ese día estaba fresco, corría una leve brisa. Después de un cruce de miradas, los más ancianos se acomodaron los abrigos y partieron con la misma parquedad con la que habían llegado al cementerio de Santa Rosa de Calamuchita. Nadie los conocía, nadie los vio después.

En su lápida alguien haría grabar la frase. “Herr auf Schochwitz, Krimpe u. Wils” (Señor de Schochwitz, Krimpe y Wils).

Su muerte fue de lo más oportuna: dos meses antes, un tribunal alemán y otro polaco habían pedido su captura a Interpol, y el cerco sobre Alvensleben se estaba cerrando. El lo sabía, habría comentado: “me están buscando pero me voy a morir antes que me agarren”. En los días siguientes llegaría al pueblo una comisión policial para confirmar la muerte.

Al centro Alvensleben, sentado Himmler

Como bien señala el periodista Jorge Camarasa. Schochwitz, donde había nacido Bubi, hoy es una aldea pintoresca de 1.200 habitantes. En el centro del pueblo, el castillo del siglo XII sigue siendo la atracción de los visitantes.

Si en 1938 y 1939, en ese castillo, Ludolf von Alvensleben había sido el anfitrión de Adolf Hitler; del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, y del jefe de las SS, Heinrich Himmler, sus dueños actuales, la condesa Ingrid Zerfowski y su esposo, Jimmy Welsh, usan parte de las instalaciones como hotel boutique para hospedar a nobles y multimillonarios.

A 12 mil kilómetros al sudoeste de allí, en el cementerio de Santa Rosa de Calamuchita, una tumba casi tapada por las agujas de los pinos está adornada con un ramillete de mustias flores de plástico.

De diputado en el Reichstag había pasado a concejal en el pueblo; de barón con alcurnia, a presidente de un club de barrio, y de general SS, a perseguidor de pescadores furtivos en el lago de Embalse.

La película

En el año 2000 un grupo de jóvenes cineastas alemanes y polacos llegaron hasta Córdoba para completar un documental que se había iniciado en Alemania. Casi la mitad del filme transcurre en Calamuchita. El documental fue titulado “Mit Bubi heim ins Reich” consigue exponer -con horror, con perplejidad- de qué manera un nazi prominente y probado genocida hoy puede ser recordado como una excelente persona, tanto en Alemania como en Argentina.

El primer motor del film fue uno de los nietos de Bubi, Hubertus von Alvensleben. Contra todas las negativas y obstáculos que le impuso el clan familiar, Hubertus se dedicó a esa investigación. Se asoció al documentalista Stanislaw Mucha. Entre los dos, se dedicaron a entrevistar a todos aquellos que conocieron a Bubi y que fueran capaces de prestar testimonio sobre él. Según el propio Stanislaw Mucha, si en el film no son numerosos quienes atestiguan contra Bubi, es precisamente porque casi ninguna de sus víctimas pudo sobrevivir.

El tramo rodado en Córdoba es particularmente elocuente. Las fotos de la época registran a un hombre altísimo, con un bigotito muy criollo. Los vecinos de Santa Rosa de Calamuchita lo recuerdan bien, con afecto y admiración. "Imponía respeto", dice el parroquiano de un bar, con la típica tonada cordobesa. "Era inspector de pesca y estaba siempre armado". Otro, con toda ingenuidad, expone una ironía atroz: "Como pescaba mucho, les vendía pescado ahumado a los judíos".

Ludolf- Georg Hermann Emanuel Kurt Werner von Alvensleben (Halle, Alemania, 1901-Santa Rosa de Calamuchita, Argentina, 1970) terminó su vida muy lejos de donde la había empezado.

Memorial de los asesinados en el Valle de la Muerte

Referencias
  1. Su padre era el mayor general prusiano Ludolf von Alvensleben (1844-1912), tuvo a Bubi a los 57 años, su madre se llamaba Antoinette von Alvenseleben (1870-1950), baronesa von Ricou.
  2.  El castillo de Schochwitz es un edificio de ocho mil metros cubiertos, tres plantas, capilla y techo de tejas rojas, construido en el siglo XII en medio de un bosque de 10 hectáreas.
  3. El Stahlhelm, Bund der Frontsoldaten, también conocida en forma abreviada como Der Stahlhelm (El casco de acero) fue uno de las muchas organizaciones paramilitares de la República de Weimar. Fundada por Franz Seldte, quien sería el primer Ministro de Trabajo del gabinete de Adolf Hitler. En la Stahlhelm no se admitían judíos, y en 1934, con medio millón de activistas, se incorporaría en masa al partido nazi.
  4. NSDAP es el Nationalsozialistische Deutsche Arbiterpartei, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, también traducido como Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, más conocido como partido nazi.
  5. Eisleben es un pueblo en Sajonia-Anhalt, Alemania. Es muy famoso por ser el pueblo de origen de Martín Lutero y de ahí viene su nombre oficial: Lutherstadt Eisleben. Es la capital del distrito de Mansfelder Land.
  6. Con ese nombre se designa el genocidio de polacos intelectuales: sacerdotes, trabajadores de oficina, se incluyeron en los llamados Fahndungsbuch (una lista de personas destinadas a ser ejecutadas, hechas por funcionarios del Tercer Reich antes de la Segunda Guerra Mundial) y otra lista hecha por la Gestapo durante la guerra.
  7. Piaśnica Wielka es un pequeño poblado situado a unos 10 km de Wejherowo. Los bosques alrededor del lugar fueron elegidos por los alemanes como el lugar de los asesinatos en masa, ya que era fácilmente accesible por autobús y camión, tenía una línea de tren cercana y al mismo tiempo se encontraba lo suficientemente lejos de otros pueblos y núcleos de población.
  8. Dos alemanes, Georg Waldemar y Engler, quienes dirigían un estudio fotográfico en Wejherowo, participaron en las masacres como parte de las organizaciones militares. Los jóvenes tomaron un registro fotográfico de la masacre. Ambos fueron juzgados y condenados por crímenes de guerra.
  9. El asesinato de 20 Julio 1944 se considera el intento más significativo para derrocar al nacionalsocialismo en la historia. Von Stauffenberg dejó un maletín con una carga explosiva debajo de la mesa ubicada en la Guarida del Lobo. Pero Hitler no murió y la llamada operación "Valkyrie” fracasó.
  10. Argentina es unos de los países que más criminales de guerra acogió: 143 según reveló la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (Ceana), que en la última etapa del menemismo estuvo conformada por los historiadores Robert Potash y Carlota Jakish, entre otros.
  11. Al referirse a nuestro valle, el investigador Simon Samuels, del Centro Shimon Wiesenthal, declaró que en Calamuchita se refugiaron “miles de nazis”. No se aclaró si fue un error de traducción de las agencias de noticias internacionales, o era la cifra real que anidaba en la cabeza de Samuels.
  12. Otro nazi en Calamuchita fue Francisco José Voetterl Mertens, quien vivía a unos 10 km de Alvenseleben, en la vecina localidad de Villa Belgrano. Mertens llegó a ser oficial de la Gestapo durante la guerra. En Calamuchita fue docente en un colegio alemán de la zona y tuvo una actividad vinculada a su pasado. Fue miembro pleno de la organización Odessa, que protegía a los nazis fugados y, en el fondo, soñaba con un cuarto Reich. Se le escuchó decir: “A Eichmann se lo llevaron porque yo estaba en Alemania y no pude salvarlo”. De ese modo, quiso graficar su rol dentro de la cofradía nazi en el país.
  13. Se trató de la mina Julio César, del empresario Jorge Warnholtz, que finalmente no fue autorizado el estudio de impacto ambiental.
  14. Autor de varios tratados, ex colaborador de los esposos Jolliot-Curie en París y reconocido académicamente en todo el mundo.
www.harz-saale.de,  "Ludolf-Hermann - Bubi - von Alvensleben”. Consultado 30/11/2011.
Wikipedia, “Ludolf-Hermann von Alvensleben”, "Valley of Death (Bydgoszcz)", "Mass murders in Piaśnica", "Selbstschutz", "EisleberBlutsonntag". Consultado 30/11/2011.
Jorge Camarasa, "El nazi que buscaba uranio", La Voz del Interior, 25/09/2011. Consultado 30/11/2011.
La Voz del Interior, 25/09/2011, "Muerte en las Sierras". Consultado 30/11/2011.
Germán Negro, "Un tal Bubi en Calamuchita", La Voz del Interior. Consultado 30/11/2011.

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