por Stephen Leahy
Uxbridge, Canadá. Dos años después del desastre
ocurrido en la central nuclear de Daiichi en Fukushima, Japón enfrenta costes
por valor de entre 100.000 y 250.000 millones de dólares en concepto de
limpieza y compensaciones, además de tener miles de desplazados y de los
impactos generalizados de la radiación. La industria nuclear y sus proveedores
ganaron miles de millones con la construcción y operación de los seis reactores
de Fukushima, pero es el gobierno japonés y sus ciudadanos quienes están
paralizados por las costosas consecuencias del accidente.
Hisayo Takada, activista en asuntos de energía del capítulo
japonés de Greenpeace recuerda que "las vidas de las personas quedaron
destruidas, y estaremos pagando billones de yenes de los contribuyentes a causa
del desastre de Fukushima". "La industria nuclear, más que Tepco (la Compañía
Eléctrica de Tokio), no ha pagado nada, porque está especialmente protegida por
la ley".
El 11 de marzo de 2011, Japón sufrió un terremoto de nueve
grados, que causó el tsunami que dañó la central de Fukushima. Tres de sus seis
reactores colapsaron, y el cuarto se dañó. El accidente fue calificado como del
máximo nivel (siete) según la escala utilizada por la Agencia Internacional de
Energía Atómica, igual que el ocurrido en la central ucraniana de Chernóbil en
1986. Un año después del desastre japonés, Tepco pasó a manos del gobierno,
porque no podía afrontar los costes que implicaba el control de los reactores
dañados. En junio de 2012, Tepco había recibido casi 50.000 millones de dólares
del gobierno.
Los seis reactores habían sido diseñados por la empresa
estadounidense General Electric (GE). Esta también proporcionó los reactores
actuales para las unidades uno, dos y seis, mientras que las firmas japonesas
Hitachi y Toshiba suministraron las unidades tres y cinco, y la cuatro
respectivamente. Estas compañías, así como otros proveedores, están exoneradas
de responsabilidades o costes según las leyes japonesas.
Muchas de ellas, incluidas GE, Toshiba e Hitachi, realmente
están ganando dinero a partir del desastre, al participar en las operaciones de
descontaminación y desmantelamiento, según plantea un informe de Greenpeace
Internacional. "La industria nuclear y los gobiernos han diseñado un sistema de
responsabilidad nuclear que protege a la industria y obliga a la población a
pagar la factura por sus errores y desastres", señala el informe Fukushima
Fallout.
Shawn-Patrick Stensil, analista de temas nucleares en
Greenpeace Canadá se pregunta "si la energía nuclear es tan segura como la
industria siempre sostiene, entonces ¿por qué insisten con los límites a la
responsabilidad y con las exenciones?" Los propietarios y operadores de plantas
nucleares en muchos países tienen topes de responsabilidad sobre cuánto están
obligados a pagar en caso de accidente. En Canadá, este tope es de apenas 75
millones de dólares. En Gran Bretaña, es de 220 millones de dólares. En Estados
Unidos, cada dueño de reactor pone unos 100 millones de dólares en un fondo de
seguro a todo riesgo. En total, este fondo es de unos 10.000 millones de
dólares. "Los proveedores son indemnizados aunque sean negligentes", explica
Stensil.
Se espera que los operadores nucleares japoneses aporten
1.500 millones de dólares de seguro, muy lejos de los entre 100.000 y 250.000
millones que se estiman necesarios para cubrir los costes en Fukushima.
Proveedores como GE están explícitamente exonerados de toda responsabilidad,
aunque los defectos que presentan sus equipos contribuyan con el desastre. "Las
leyes de Canadá y Japón están diseñadas para proteger a las compañías
nucleares, no a las personas que viven cerca de sus reactores", dice Stensil.
Los niveles de radiación en las cercanías de los reactores
de Fukushima todavía son altos, demasiado para los seres humanos que trabajan
en la zona. La Organización Mundial de la Salud advirtió que un tercio de los
trabajadores corren mayores riesgos de padecer cáncer. Ni los robots empleados
ni las cámaras de larga distancia pueden revelar el estado del combustible
nuclear dañado. Este está todavía caliente y requiere enormes cantidades de
agua para enfriarse, pero la planta se está quedando sin espacio de
almacenamiento para el agua radiactiva.
La gerencia de Tepco reconoció que hasta 2021 no empezarán a
remover los 11.000 elementos de combustible radiactivo. El desmantelamiento de
toda la central necesitará por lo menos 40 años. "Advertimos que las plantas
nucleares de Japón pueden estar sometidas a terremotos mucho más fuertes y
tsunamis mucho más grandes de lo que fueron diseñadas para soportar", dice
Philip White, de la ONG Centro Ciudadano para la Información Nuclear, con sede
en Tokio.
"Asombrosamente, este peligro de colapso causado por un
tsunami se había publicitado desde 2008 en documentos emitidos por la
Organización de Seguridad de la Energía Nuclear de Japón, pero los dueños de
las centrales efectivamente ignoraron esta contingencia", explica Alexander
Likhotal, presidente de Green Cross International. "Lo que causó semejante
desastre fue el fallo humano de no tomar las precauciones adecuadas en materia
de seguridad contra amenazas naturales conocidas y altamente posibles", señala
Likhotal en un comunicado.
Los terremotos son comunes en Japón, donde en los últimos
dos años se produjeron casi 2.500 seismos. Tras el desastre de Fukushima se
clausuraron los 50 reactores nucleares del país, que suministrabann un 30 % de toda la electricidad. Apenas dos volvieron a operar. En los meses
posteriores al desastre, el gobierno japonés lanzó un ambicioso plan de energía
renovable y eliminó la nuclear. Hasta ahora se ha utilizado alrededor de 3,6
gigavatios de energía solar, eólica y geotérmica. El objetivo es llegar al 35
% de fuentes renovables para 2030.
Pero con la reciente elección del primer ministro, el
conservador Shinzo Abe, el gobierno vuelve a estar a favor de la energía
nuclear. Los operadores de las centrales atómicas que prometan mejorar la
seguridad tendrán permitido reanudar las operaciones. "No creo que sea lógico
hacer esto de este modo", dice Takada, miembro de Greenpeace Japón.
Fuente:
Stephen Leahy, Fukushima y los negocios nucleares, 14/03/13, Euroxpress.

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