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| Aventura. Diego Carinci, en uno de los descensos a las ruinas de El Salto, en el Puente Blanco. Quiere reconstruir la historia de aquel lugar. Foto: La Voz |
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| Antes. Así se veía el Puente Blanco antes de los `70, cuando aún no había sido tapado por el agua del dique. |
Sucedió tras la construcción del dique Piedras Moras. El
lugar es un atractivo para buzos de todo el país. Un riotercerense relevó esas
ruinas durante casi dos años.
por Mariela Martínez
Almafuerte. Con la magia de su pasión, un buzo riotercerense
relevó durante casi dos años cada una de las ruinas del paraje El Salto, que
quedó bajo el agua al construirse la obra hidroeléctrica del dique Piedras
Moras, en 1979, sobre el cauce del río Ctalamochita.
Justamente ese poblado tiene que ver con los orígenes de
Almafuerte, ubicada a la vera de la ruta nacional 36. Es que allí vivió Pedro
C. Molina, el fundador de esa ciudad del departamento Tercero Arriba.
La aventura de indagar buceando hasta llegar a formar una
investigación propia es de Diego Carinci, cuando todavía se desempeñaba como
bombero voluntario de Río Tercero. Hoy ocupa un cargo en el área municipal de
Defensa Civil.
Si bien aquellas ruinas -del caserío que quedó bajo el agua
en 1979- constituyen un atractivo para buzos de distintas partes del país, el
aditivo de Carinci es que es uno de los pocos que pudo llegar a esas
profundidades cuando era bombero.
Es que en ese lago no se puede ingresar con embarcaciones a
motor, a excepción de los bomberos, que en el último tiempo encararon más de
una docena de búsquedas de personas en ese lugar. “Empecé con un pequeño mapa y
un croquis antiguo”, cuenta sobre sus primeras herramientas, con las que se
subió a una lancha prestada e inició la búsqueda.
“Después hablé con gente que había vivido en esas casas que
encontré en el agua; eso fue lo que más me ayudó”, destaca, al mismo tiempo que
recuerda la nostalgia que embargó a cada persona consultada, al rememorar
anécdotas de su infancia.
De a poco, cada fin de semana Carinci empezó a buscar lo que
los relatos de los lugareños y memoriosos le apuntaron.
Con sencillez, recuerda haber encontrado evidencias de los
cascos de las primeras estancias de la zona, de la Iglesia San José, del
cementerio y de puentes.
Mientras toma con una mano el gráfico que diseñó con datos
de lo que fue relevando durante dos años, en la otra los compara con fotos
antiguas que le facilitaron los lugareños.
Sumergido en la historia. “Con una brújula y un sonar (elementos que aportan señales a los buzos) me llevó dos meses encontrar algo
de las paredes de piedra y las columnas de la iglesia, que están a cinco metros
de profundidad y a de la costa”, dice Diego.
Su segunda gran conquista fue encontrar “a unos 300 metros de la
iglesia, el Puente Blanco intacto”. Es de cemento, de unos 25 metros de largo por
unos seis metros de ancho.
A poca distancia “se ven restos de casas, y pozos de agua
bien formados”.
Acompañado con los datos de los lugareños encontró la vieja
“Casa del Correo, a unos 14 metros de profundidad, cerca del cauce del río”.
Reconoce que en ese lago “con poca visibilidad, en el que
pasando los 10 ó 12 metros hay que usar linternas de buceo”, también pudo recorrer “las columnas del
puente de hierro, de unos 12 metros de alto”.
Cruzando el puente -relata- está el Boliche de Pinoto, a
orillas de la barranca, en el que aún se ve la pista de baile de cemento del
lugar que era paraje obligado de aquellos años.
En unos de sus viajes de buceo observó “el lugar donde funcionó
el matadero, en que faenaban a los animales, que está a 200 metros de la costa”.
El enigma del cementerio. Uno de los lugares enigmáticos que
quedó bajo el agua fue el cementerio, que alentó la imaginación de numerosas
fábulas: “Está a una profundidad de 10 metros y a 100 metros de la costa.
Se ven restos de tumbas. Ahí vi una cruz grande, la saqué, la restauré y la
tiré en el mismo lugar. Hoy muchos buzos de distintas partes del país la
encuentran”.
Recuerda que quedó impactado con los restos de “construcciones
de lo que fueron las estancias, La Ventura, La Pirincha, rodeadas de muchos árboles. Las paredes se ven bien
marrones. Y una tenía una gran pileta de natación”.
La usina hidroeléctrica de La Cascada también se sumó a
la grilla de los hallazgos: “Adentro es un laberinto, se encuentran muchos
peces”.
Dice que disfrutó “cada hallazgo”, en una aventura “a
pulmón” que lo sumergió en la historia.
Viejos pobladores
Carinci habló con gente que había vivido en esas casas, que
lo ayudaron a reconstruir la historia del lugar. Y comparó lo que veía bajo el
agua con las viejas imágenes del lugar.
Entradas relacionadas:
Las antiguas usinas inglesas del río Ctalamochita
El Salto: un pueblo perdido bajo las aguasFuente:
Mariela Martínez, El pueblo que Almafuerte oculta bajo el lago, 24/02/13, La Voz del Interior. Consultado 24/02/13.
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