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| Damas se reunen para tomar algo de aire fresco y charlar fuera del Jutaku Kasetsu o alojamiento temporal, el 6 de marzo de 2012. Foto: Phyllis B. Dooney. |
Un año después de verse obligados a abandonar sus hogares
tras la catástrofe nuclear de Fukushima, decenas de miles de refugiados siguen
enfrentados a un futuro de incertidumbre, sin saber cuando o si podrán volver a
casa por la presencia de radiaciones.
Yoshiko Ota mantiene sus ventanas cerradas. Nunca cuelga la
ropa lavada fuera de la casa. Temerosa de defectos congénitos, le advierte a
sus hijas: No tengan niños.
Así es la vida con radiación, casi un año después que una
planta nuclear averiada por el tsunami comenzase a emitirla hacia el barrio de
Ota, a 60 kilómetros
de allí. Ella está tan preocupada que tiene urticaria.
"El portavoz del gobierno dice todo el tiempo que no
hay efectos imediatos para la salud", expresó Ota, de 48 años y trabajadora de una
guardería. "Él no habla de 10 o 20 años más tarde. Debe pensar que las
personas en Fukushima son tontas".
Algunos que huyeron de las nubes radioactivas expelidas por
los corazones de los reactores en fusión tras el paso del tsunami el 11 de
marzo de 2011, podrían ser autorizados a regresar dentro de unos años, una vez
descontaminadas las localidades.
Pero otros corren el riesgo de esperar decenios porque
ciertas ciudades se han vuelto demasiado peligrosas e inhabitables.
Doce meses después del desastre, pocos refugiados han
recibido las indemnizaciones esperadas de la compañía Tokyo Electric Power
(Tepco), que gestiona la central Fukushima Daiichi.
Confrontados a la omnipotencia de este grupo tentacular, se
sienten a menudo como "hormigas atacando a un elefante".
"Seguimos vivos. Todavía no estamos muertos",
afirma un cultivador de arroz septuagenario, cuyos arrozales estaban situados a
solo 4 km
de la central.
"Algunos dicen que podremos regresar dentro de 30 a 40 años, pero ¿cómo vamos
a vivir hasta entonces?", añadió el anciano, que prefirió no revelar su
identidad.
Indemnizaciones condicionadas
Cerca de dos millones de personas deberían recibir
indemnizaciones de Tepco, entre ellas los refugiados expulsados de una zona de 20 km de radio alrededor de
la central accidentada.
Los abogados de las víctimas acusan a Tepco de remolonear a
la hora de compensar los bienes -terrenos y viviendas- ahora invendibles en el
interior de la zona de exclusión.
Además de la devolución de los gastos ocasionados por la
evacuación forzosa, el operador ha ofrecido un subsidio por "sufrimientos
mentales" de 120.000 yenes mensuales (1.200 euros) pero exige que los
beneficiarios renueven su demanda cada tres meses mediante un procedimiento
largo y complejo.
Tsutomu Aoki, uno de los abogados que ayudan a los
refugiados originarios de Futaba, aglomeración donde fue construida la central,
echa pestes contra la lentitud de los pagos.
"Las personas evacuadas necesitan dinero para
vivir", expresó. "Su problema es saber durante cuanto tiempo
recibirán ese dinero. Tepco no ha mostrado ninguna consideración por sus
condiciones de vida".
Para el millón y medio de personas fuera de la zona de
exclusión que han visto contaminadas sus tierras agrícolas y cerrados sus comercios,
el operador ofrece una indemnización de 400.000 yenes (4.000 euros) para las
mujeres embarazadas y los niños, suma a la que se agregan 200.000 yenes (2.000
euros) si huyeron voluntariamente, y solo 80.000 yenes (800 euros) para todos
los demás.
Este pago único se supone que cubre el periodo que iba desde
la catástrofe hasta el 31 de diciembre del año pasado.
La sociedad no ha previsto nada para la continuación, pero
exige de quienes acepten estas sumas que se comprometan a no reclamar más
compensaciones por ese periodo.
El abogado Izutaro Managi estima injusto que Tepco intente
cerrar estos casos cuando los efectos de las radiaciones pueden aparecer al
cabo de años.
"El accidente no está terminado y las víctimas no
evalúan todavía con claridad los daños sufridos", explicó.
Una portavoz de Tepco indicó que el grupo intentaba
solucionar los expedientes en espera y para eso había aumentado el número de
personas encargadas de su tratamiento de 3.000 a 10.000.
Para el cultivador Mamoru Narita, que vive en Koriyama, a
unos 60 km
al oeste de la central, los 80.000 yenes a los que tiene derecho son solo una
ínfima parte de lo que estima haber perdido en la catástrofe.
"Cultivaba arroz sin abonos ni pesticidas para
garantizar una seguridad alimentaria y proteger el medio ambiente",
recordó Narita, de 61 años.
"¿Todo el entorno está hoy contaminado y no recibimos
esta suma? ¿Nosotros, los agricultores, tenemos que quedarnos cruzados de
brazos?".
Mia Isogai, de 31 años, que huyó con su marido y su hijo de
2 años a la ciudad de Yokohama, al sur de Tokio, afirmó que su familia está al
borde de la ruina.
"Comemos con mi sueldo a tiempo parcial, pero no
podemos pagar el alquiler", señaló, y añadió que su marido todavía no ha
encontrado trabajo.
La familia debe recibir un total de 760.000 yenes de Tepco,
tres meses de sueldo medio en Japón.
Fuentes:
Observador Global.com, 08/03/12, "Fukushima: continúa el temor a la radiación a un año del tsunami". Consultado 08/03/12.
boston.com, The Big Picture, 09/03/12, "Los refugiados nucleares de Japón".



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