domingo, 28 de mayo de 2017

La energía nuclear y el colapso de la sociedad

Una de las piletas de combustible nuclear gastado de Sellafield, Reino Unido

por Rex Weyler

El 1 de marzo de 1954, en el atolón de Bikini, en las Islas Marshall, el ejército estadounidense detonó la primera bomba de hidrógeno litio- deuterio del mundo, mil veces más potente que las bombas de Hiroshima y Nagasaki. La radiación se desplazó con el viento, hacia el sureste, e irradió a los residentes de los atolones de Rongelap y Utirik, y la tripulación del barco atunero Fukuryu Maru, "Dragón de la suerte".

Los isleños y la tripulación del pesquero sufrieron enfermedades por radiación, pérdida de cabello y descamación de la piel. Un miembro de la tripulación, Aikichi Kuboyama, murió seis meses más después en un hospital de Hiroshima. Los niños de la isla sufrieron efectos a lo largo de toda su vida, incluyendo cáncer, y la mayoría murió prematuramente. Los marineros del Fukuryu Maru fueron expuestos a dosis de radiación de 3-5 sievert.

Un sievert causará enfermedad grave de radiación que conduce al cáncer y a la muerte. Cinco sieverts matarán a la mitad de los expuestos dentro de un mes (como los trabajadores que murieron en Chernóbil dentro de la primera semana). Diez sieverts matarán a cualquier ser humano. Las víctimas de Hiroshima y Nagasaki recibieron 150 Sieverts. Incluso los microorganismos perecieron.

Hoy en día, dentro del reactor nuclear 2 de Fukushima, el núcleo fusionado libera 530 sieverts por hora, lo suficiente para matar a un humano instantáneamente y derretir el equipo robótico de acero en dos horas.

El significado de "colapso"
Cuando escuchamos el término "colapso de la sociedad industrial", algunos pueden imaginar un el día del juicio final o una película apocalíptica de Hollywood. Pero el colapso de las sociedades -como en Roma, Mesopotamia o Rapa Nui en la Isla de Pascua- no funciona así. El "colapso" de una sociedad compleja por lo general implica la degradación del hábitat ecológico que puede tardar siglos. Entonces, ¿qué significa realmente "colapso social"?

James Kunstler llama al colapso de la sociedad industrial una "larga emergencia" -un proceso que se extiende en ajustes y se pone en marcha a lo largo de generaciones. Algunos conflictos sociales que presenciamos en el mundo actual -crisis bancarias, guerra, refugiados, racismo- pueden ser entendidos como síntomas de este colapso largo y ecológico. El autor ruso Dmitry Orlov describe las cinco etapas del colapso: financiero, comercial, político, social y, finalmente, cultural. Cuando las cosas se vuelven imposibles, las comunidades buscan alternativas al comercio de divisas; Los mercados fallan, la fe en el gobierno desaparece, la confianza en los vecinos se erosiona y la gente pierde la fe en la decencia común.

El Dr. Joseph Tainter, profesor de Medio Ambiente y Sociedad en la Universidad Estatal de Utah, describe el colapso como una "simplificación" de la sociedad, una inversión del proceso por el cual la sociedad se hizo cada vez más compleja. "Para comprender el colapso", explica, "tenemos que entender la complejidad".

Las sociedades desarrollan soluciones complejas para resolver problemas sociales que surgen, generalmente desde límites ambientales. Eventualmente, los beneficios marginales de estas supuestas soluciones disminuyen. Considere el petróleo, las agresiones militares o la energía nuclear como soluciones a problemas que luego manifestaron consecuencias no deseadas. Dado que las soluciones técnicas encuentran límites biofísicos, la inversión adicional desemboca en menores beneficios, hasta que la sociedad se vuelve vulnerable a las catástrofes, tales como el calentamiento global, la guerra o la radiación.

Las sociedades se derrumban, según Tainter, cuando las complejidades técnicas cuestan más que los beneficios que devuelven. Esta comprensión del colapso social encaja con el estado de caos que se está desarrollando en la central nuclear de Fukushima.

Socializando el costo
TEPCO, la compañía propietaria de los reactores de Fukushima, ignoró las advertencias tempranas de riesgo, tanto desde dentro como fuera de la empresa, porque la mayor seguridad era demasiado cara. Así, el terremoto y el tsunami de 2011 destruyeron los sistemas de enfriamiento de la planta y condujeron a una fusión de núcleo en tres reactores.

Hoy, seis años después, los núcleos de los reactores se están derritiendo a través de la roca, y los niveles de radiación son tan intensos que ni siquiera los robots pueden sobrevivir el tiempo suficiente para localizar las barras de combustible quemado. La remoción de las varillas, originalmente programada para 2015, luego retrasada hasta 2017, ha sido nuevamente retrasada, sin final a la vista. Mientras tanto, todos los días 300 toneladas de agua radiactiva son vertidas al Océano Pacífico.

Las estimaciones de los costos de limpieza han aumentado a varios miles de millones de euros al año y ahora se espera que el desmantelamiento dure unos 40 años. En diciembre de 2016, el gobierno japonés anunció que el costo estimado del desmantelamiento de la planta y el almacenamiento de los desechos radiactivos, si es que pueden lograrlo, alcanzaría los 21 billones de yenes (180.000 millones de dólares). Este escenario se basa en que no ocurrieran grandes terremotos antes de la década de 2050.

TEPCO probablemente irá a la quiebra antes de que pagar estos costos, por lo que el gobierno ha intervenido, lo que significa que los ciudadanos pagan los costos, al igual que rescataron a los bancos después del último colapso económico. Esta es una política fundamental para las grandes y modernas corporaciones: Privatizar los beneficios, socializar los costos.

La solución nuclear a la creciente demanda de energía -que ahora es un enorme agujero negro técnico y financiero, con rendimientos marginales negativos, drenando los escasos recursos de las comunidades en dificultades- se parece al colapso industrial en el mundo real.

Las victimas
Los ricos no pueden notar el colapso en las primeras etapas, ya que las primeras víctimas son las más pobres y vulnerables. La fusión nuclear en Fukushima desplazó más de 150.000 personas. Alrededor de 1.600 murieron durante la evacuación, y los sobrevivientes viven en campamentos improvisados en parcelas escasas de alimentos y suministros. Cuando las familias abandonaron sus hogares, se quebraron los sueños de toda la vida, las infancias se interrumpieron, las familias se rompieron y las empresas modestas se perdieron para siempre.

Las mujeres y los niños sufrieron los mayores desafíos y riesgos debido a la brecha de género en la sociedad japonesa, como escribe Kendra Ulrich en “Unequal Impact” (Impacto Desigual). Entre los 34 países altamente desarrollados, ranqueados por diferencias salariales y de género, Japón se sitúa en la parte inferior junto con Corea del Sur y Estonia. Después de la crisis nuclear, las madres solteras enfrentaron barreras financieras y sociales para recuperarse. La radiación expone a un mayor riesgo de padecer futuros efectos en la salud a los fetos y a los niños pequeños.

El año pasado, Ichiro Tagawa, de 77 años, regresó a su aldea de Namie y reabrió el taller de reparación de bicicletas que había estado en su familia durante 80 años. "Estoy muy viejo", le dijo a un reportero del New York Times, "Realmente no me importan los niveles de radiación".

Para ahorrar dinero, el gobierno japonés ha declarado "seguras" a algunas ciudades cerca de Fukushima, aumentando los límites de radiación y luego cancelando las vivienda a los evacuados e insistiendo en que los ciudadanos regresen a esas aldeas "seguras". Enviar a la gente de vuelta a ese entorno podría equivaler a asesinatos al azar, ya que algunos contraerán cáncer y morirán debido a la radiación.

La corrupción y el encubrimiento se han convertido en una forma de vida dentro de TEPCO y la industria nuclear. El gobierno japonés y TEPCO también aumentaron los límites de radiación "seguros", en aproximadamente 700 veces, para los trabajadores de la planta, y luego ordenaron a los científicos que dejen de vigilar los niveles de radiación en algunas áreas de la planta que exceden incluso estas nuevas y peligrosas regulaciones. Según el libro de Tomohiko Suzuki, “Yakuza a Genpatsu” (La Yakuza y la energía nuclear), los subcontratistas de TEPCO pagan sobornos a las bandas criminales japonesas, los Yakuza, para obtener contratos de construcción, y los Yakuza pagan a los políticos y a los medios de comunicación para que se mantengan callados. Los trabajadores atraídos a la planta incluyen a las personas sin hogar, a los enfermos mentales, a los inmigrantes ilegales y a los antiguos deudores de Yakuza.

La industria mortal
La historia de la generación nucleoeléctrica comienza en la década de 1950. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China se pusieron a construir arsenales, pero requerían más plutonio del que podían proporcionar sus respectivos programas militares. Un estudio de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos concluyó que los reactores nucleares comerciales no eran económicamente factibles debido a sus costos y riesgos. El Dr. Charles Thomas, un ejecutivo de Monsanto, sugirió una solución: Un reactor de "doble propósito" que produciría plutonio para la energía militar y eléctrica para uso comercial.

Las empresas se beneficiaron de estos mercados duales, dejando que el público asumiera la responsabilidad de la investigación, la infraestructura y el riesgo: Privatizar los beneficios, socializar los costos. El verdadero propósito de una industria de "energía nuclear" era proporcionar plutonio para armas y ganancias para algunas corporaciones.

Esta industria mortal ha dejado zonas muertas y ciudades fantasmas alrededor del mundo. El centro de almacenamiento nuclear de Hanford en Estados Unidos, la planta de procesamiento de Acerinox en España, el polígono de prueba de armas en Kazajstán, la mina de uranio Zapadnyi en Kirguistán, y un sinnúmero de otras minas de uranio, plantas desmanteladas, vertederos de desechos nucleares y catástrofes como Fukushima y Chernóbil.

Nadie sabe exactamente cuántas personas han muerto debido a la crisis de Chernóbil. La academia rusa de ciencias estima 200.000 y una comisión nacional de Ucrania estima 500.000 muertes por los efectos de la radiación sobre la salud.

En 1983, una estación de televisión de Yorkshire descubrió pruebas de que la leucemia infantil había aumentado diez veces en el pueblo de Seascale, cerca del sitio nuclear de Sellafield/ Windscale. El cual se ha convertido en una mancha radiactiva mortal en el paisaje, con la fuga de plutonio-240, americio-241 y cesio-137 radiactivos en el medio ambiente circundante, y enviando plutonio grado bomba al entorno político del mundo. Según la BBC, el costo de limpiar el desorden ahora se calcula en 70.000 millones de libras, y aumenta cada año, ya que una corporación o consorcio tras otro no logra progresar, pero siempre gana dinero. Estos costos de limpieza ahora consumen la mayor parte del presupuesto para el "cambio climático" del Reino Unido, ya que la energía nuclear alguna vez fue considerada una solución a las emisiones de carbono.

En febrero, la central nuclear de EDF Flamanville en Francia -cuyo costo fue tres veces superior al presupuestado-, se cerró tras una explosión y un incendio. Francia enfrenta un coste de 200 mil millones de euros para desmantelar 58 reactores al final de su vida. Alemania destinó 38.000 millones de euros para desmantelar 17 reactores nucleares, y el Reino Unido calcula un coste entre 109 y 250.000 millones de euros para desmantelar las instalaciones nucleares del Reino Unido.

Esta es la cara del colapso industrial, cuando las soluciones alegadas se convierten en problemas más grandes. La energía nuclear ahora se ha convertido en una responsabilidad masiva, drenando recursos de comunidades que necesitan escuelas, hospitales y lo esencial de la vida. Joseph Tainter, Jared Diamond y otros investigadores señalan que algunas sociedades -como la isla de Tikopia, la sociedad bizantina en 1300- evitaron el colapso, no aumentando la complejidad con una mejor tecnología, sino reduciendo intencionalmente el tamaño, aprendiendo a prosperar en un nivel inferior de complejidad.

Este es ahora el reto de la sociedad industrial. ¿Podemos nosotros, y especialmente los ricos y poderosos, cambiar nuestros hábitos de consumo y crecimiento? ¿Podemos volver a la Tierra?

Referencias y enlaces:
James Kunstler: “The Long Emergency”.
Joseph Tainter, the Collapse of Complex Societies: Book and Lecture online.
The Dynamics of Complex Civilisations, David Korowicz, Oil Drum, 2010.
Gail Tverberg: Energy Flow, Emergent Complexity, and Collapse, Oil Drum.
The Collapse of Civilization”, New Scientist, April, 2008
Les civilisations sont-elles vouées à disparaître?”: Les Cahiers de Science & Vie, (n. 109).
Jared Diamond: “Ecological Collapses of Pre-industrial Societies,” Tanner Lecture, University of Utah, 2000
Culture and the Environment on Easter Island and Tikopia,” Ben Ewen-Campen, Swarthmore, 2003).
Nuclear refugees tell of distrust, pressure to return to Fukushima,” Japan Times, March, 2016.
Tomohiko Suzuki, “Yakuza to genpatsu: Fukushima Daiichi sennyuki,” The Yakuza and Nuclear Power: Undercover Report from Fukushima Daiichi), Bungeishunju Ltd., Japan
Energy/War: Breaking the Nuclear Link,” Amory Lovins, 1981; and Annual Report, Commonwealth Edison Company, 1952; at Nuclear Energy Information Service.
Sellafield, UK, £70bn clean-up costs, BBC, 2014.
Nuclear Power as a false solution, Rex Weyler, Deep Green: Atomic Renaissance Interrupted, R. Weyler, Deep Green, 2008. Nuclear Delusions, R. Weyler, Deep Green, 2011. Precaution and Common Sense, R. Weyler, EcoReport, 2013

Entrada de blog por Rex Weyler

Rex Weyler fue director de la original Greenpeace Foundation, editor de su primer boletín, y co-fundador de Greenpeace International en 1979.

Deep Green is la columna de Rex, con reflexiones sobre las raíces del activismo, medioambiente, y el pasado, presente y futuro de Greenpeace. Las opiniones de aquí son suyas.

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Fuente:
Rex Weyler, Nuclear power and the collapse of society, 05/05/17, Greenpeace Internacional.

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