viernes, 30 de diciembre de 2016

“El negacionismo oficial ha durado hasta 2003, desde entonces se informa parcialmente, aunque con demasiados sesgos”

Personal de la Fuerza Aérea con mascarillas protectoras y guantes en la zona en la que aparecieron tres de las bombas. Foto: Fuerza Aérea de Estados Unidos

José Herrera Plaza (Almería, 1955) cursó estudios de Economía en la Universidad de Valencia. Técnico Superior en Imagen y sonido, trabaja actualmente, como cámara operador, en Canal Sur TV. Desde 1985 ha seguido de cerca todo lo relacionado con el accidente nuclear de Palomares. En 2003 fue coautor y coorganizador del libro y exposición en el Centro Andaluz de Fotografía "Operación Flecha Rota. Accidente nuclear en Palomares". Posteriormente dirigió el largometraje documental homónimo (2007).

por Salvador López Arnal

Nos habíamos quedado aquí. ¿Por qué el temor de lo sucedido se extiende a padres, a hijos, a otros familiares, a amistades?

JH.- La gestión interna de los miedos personales con que nos enfrentamos en nuestra existencia se lleva con dispar pericia, según el carácter de cada cual. Ante la radiactividad sucede igual. Algunos vecinos de Palomares que se han sincerado reconocen el miedo cuando se lo plantean, al tiempo que sostienen la necesidad de no caer en la paranoia, pues la vida ha de seguir. En ocasiones este sentimiento se traslada a los hijos, mucho más jóvenes y también más radiosensibles. Recordemos que, de las 33 personas que han recibido entre 50 y 200 veces la dosis máxima recomendada, 10 de ellas eran niños nacidos con posterioridad, que se han contaminado probablemente en las faenas agrícolas.

¿Qué le pasó al joven Luis Castro López?

JH.- Apenas terminada la adolescencia Luis Castro López contrajo leucemia. Aquello fue un trauma en la barriada, pues todos conocían a sus padres y entonces se pensaba que la contaminación local podría ocasionar tal enfermedad, como si fuese radiación gamma, cuando en realidad puede originar cánceres de pulmón, hueso o hígado, además de otros tipos de afecciones. Volvemos a lo denunciado por el Proyecto Global Hibakusha: los afectados viven siempre con la losa del miedo y la sospecha ante toda patología.

Hablas de una manifestación de unas 50 personas. ¿Cuándo fue? ¿Qué se vindicaba en esa manifestación? ¿Hubieron más manifestaciones?

JH.- Cuando ocurrió el accidente, la mayoría de los españoles pensaron que fue casualidad que estuviesen repostando sobre tierra. Cuando la opinión pública se enteró que esa maniobra se hacía habitualmente sobre sus cabezas, en enfadó por lo que consideraban una inexcusable negligencia. Lógicamente, los que peor se lo tomaron fueron los afectados. Cuando a los 6 días se supo la verdad, un grupo de 50 personas indignadas se concentraron en el centro de Cuevas del Almanzora, municipio del que depende Palomares. Tras gritar y desahogarse durante unos 30 minutos, el personal se disolvió sin que tuviese que intervenir la Guardia Civil.

Pasado algo más de un par de semanas, se concentraron unas 2.000 personas frente a la embajada de los Estados Unidos en Madrid. En esta ocasión la Policía Nacional -llamados popularmente "los grises"- cargó duramente contra los manifestantes.

Te copio: "La prensa no siempre contribuyó a luchar contra la impostura o el secretismo gubernamental? ¿Nos das algún ejemplo? ¿Y años después, tras la muerte del dictador golpista?

JH.- Palomares se transmutó en un bloque de plastilina que cada medio modelaba, en función de su línea editorial e intereses nacionales. El mejor ejemplo fue la prensa nacional, con los medios del régimen en cabeza, donde cualquier parecido con la realidad era coincidencia. Realmente es muy interesante una panorámica comparativa de los medios de comunicación entre medio de dos grandes bloques. Esperamos con impaciencia la finalización de la tesis doctoral sobre este tema que se está confeccionando en la Universidad de Murcia.

Muerto Franco, la Transición y el advenimiento de la Democracia de derecho, no hubo cambio alguno en la prensa nacional, excepto artículos puntuales de corte sensacionalista, sin fuentes fiables, de carácter espontáneo o en las efemérides. Es justo remarcar, como excepción, el despertar de una praxis más acorde con los tiempos, cuando se iban a cumplir los 20 años y el pueblo se movilizaba.

¿Se puede hablar propiamente de persistente negacionismo oficial? ¿Hasta cuándo?

JH.- El negacionismo oficial ha durado hasta comienzos del siglo; concretamente hasta 2003; a partir de ahí se informa parcialmente, aunque con demasiados sesgos. Incluso nos enteramos del hallazgo de los enterramientos secretos en 2007 gracias a la convicción democrática de la entonces directora de medioambiente del CIEMAT. La iniciativa, de imprescindible transparencia, que muestra la estafa y deslealtad de los norteamericanos, fue fuertemente contestada por sus compañeros y la mayoría del Ejecutivo, incluida Presidencia. La acción estuvo a punto de costarle el puesto, a pesar de su probada y dilatada solvencia. Por sorprendente e inverosímil que nos parezca, en pleno siglo XXI, con una Democracia de derecho consolidada, las mentes de nuestros políticos todavía defendían y defienden el amoral e ilegal secretismo. Esta es parte de la España oculta.

La industria nuclear española estaba en sus primeros momentos. ¿Influyó lo sucedido en su irrupción y desarrollo?

JH.- No lo creo, pero sí se cuidaba mucho no publicitar lo negativo de lo nuclear, mientras que abundaban los reportajes sobre el "átomo y la salud", refiriéndose a los equipos de radiodiagnóstico y radioterapia. Cuando vino el Dr. Langham por tercera vez, en 1971, alertaba del vertido accidental de líquidos radiactivos al Manzanares, por la publicidad tan negativa que recibiría la incipiente industria nuclear española, tras el accidente de Palomares. De las potenciales daños a la salud de las personas ni una palabra. Parecía más un ejecutivo de las dos multinacionales que operaban en la construcción de centrales nucleares (Westinghouse y General Electric) que un doctor experto en medicina nuclear.

Tenemos constancia documental de al menos un alto directivo de la Westinghouse que se interesó a fondo en 1975 sobre el pasado y presente de Palomares, lo que indica la preocupación de las multinacionales que realizaban cuantiosas operaciones en España, sobre el potencial efecto negativo en la opinión pública de su descontaminación parcial.

¿Qué encargó por aquel tiempo el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional? ¿Con qué objetivos? ¿Les preocupaba la población?

JH.- Así somos en este santo país. Visibilizamos los riesgos únicamente cuando se materializa el infortunio. Lo abstracto e intangible no parece movilizarnos. El accidente de Palomares les refrescó la memoria a la cúpula militar de las consecuencias de haber permitido, en virtud de los Pactos de Madrid, la nuclearización del país. Lo que les preocupaba directamente era un ataque nuclear soviético a Torrejón de Ardoz, tan próximo a Madrid. Por ello el CESEDEN encargó al director del Proyecto Islero, Guillermo Velarde y al futuro general Armada, una evaluación previa que se tituló: "Estudio preliminar de los efectos producidos por la Explosión de una bomba de 20 megatones en Torrejón de Ardoz", aún clasificado.

Creo que les importaba mucho la población, por razones objetivas o estratégicas, como la ubicación de los centros del poder nacional, el número de habitantes y otras subjetivas, como ser la residencia de sus familias, tan poderosa o más que las objetivas.

Lo dejamos aquí por el momento. Continuamos en breve si te parece.

De acuerdo. Salud y feliz año.

Gracias. Feliz año también para ti y para los lectores.

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