El
pueblo tiene otra vez sus calles como ríos. Tensión entre vecinos y
autoridades. Reclaman saber “de dónde viene tanta agua”.
por
Andrés Ferreras
Pozo del Molle. El agua avanza y divide posiciones entre los vecinos del Pozo del Molle, su colonia rural y gobernantes. La paciencia también se rebalsó de tanto esperar soluciones: el pueblo acumula tres años de encontrarse cada tanto con sus calles y caminos convertidos en ríos.
Tras
varios días de lluvia, la mitad de este pueblo de siete mil habitantes volvió a
quedar inundado, como en marzo pasado.
La
mayor tensión se vivió al mediodía de ayer dentro del edificio municipal. Fue
una caliente reunión de la que participaron unos 30 vecinos, productores
agropecuarios, el intendente Carlos Salvático y funcionarios provinciales,
quienes recién accedieron al salón cuando la Policía intervino para garantizar
la seguridad y que todos mantendrían calma.
“Nos
estamos quedando sin pueblo”, gritó un vecino entre insultos, mientras otros
trataron de contenerlo. Hay descontento, intranquilidad y desconfianza. El pueblo
quiere saber de dónde viene tanta agua. Dicen que no hubo lluvias tan
abundantes como para acarrear semejante caudal.
Tras
la inundación de marzo se hizo un muro de contención, que fue derribado ahora
por la corriente, que suma aguas de una amplia zona. Según cálculos oficiales,
ingresan 15 mil litros por segundo al pueblo.
La
falta de explicaciones concretas por parte de las autoridades contribuyó a
abonar una creencia ya arraigada: hay muchos convencidos de que el agua viene
de un desvío del río Ctalamochita (o Tercero) construido para evitar que se
inunde Villa María. Pero ese cauce está a 90 kilómetros y en medio hay dos
rutas y una autopista.
Son
los mismos vecinos que sospechan que las autoridades lo saben, pero lo ocultan.
Casi, como una conspiración.
Dante
Supertino, veterano y memorioso, levantó un viejo cuaderno y exhibió datos, por
ejemplo que el 19 de febrero de 1984 llovió 233 milímetros en 10 horas “y al
día siguiente no había agua en el pueblo ni en los campos”. Todos coinciden en
que antes llovía y no se inundaban y que ahora, aunque llueva poco, igual se
inundan.
Algo
cambió
Para
el intendente Salvático, en los últimos años algo varió para que el agua de
toda una región baje hacia su pueblo. Reclama que se controle si hay canales y
terraplenes clandestinos en los campos. “Cada productor trata de solucionar su
problema, sacándose el agua de encima”, señaló. Varios vecinos asintieron esta
posición.
El
camino que baja desde del cementerio trae el grueso del agua y se mete de
lleno, transformando a las calles Cervantes y Colón en poco menos que
navegables. Los vecinos construyeron puentes con maderas y apilaron bolsas de
arena en sus puertas. La escuela San Martín tiene el agua en la vereda y
suspendió las clases.
Jorgelina
Cejas, de 64 años, era ayer la única evacuada. El sábado su hija le armó la
cama en el comedor porque en el dormitorio había entrado agua, pero el domingo la
situación empeoró y se la llevó a su casa.
Todo
esto ocurre sobre el lado norte de la ruta 158, donde el pueblo “tiene forma de
palangana” y recibe lo peor. En la parte sur no hay agua en las calles, pero se
registran hundimientos de inmuebles. La iglesia, el Banco de Córdoba y algunas
viviendas se han hundido hasta 15 centímetros. Las veredas ceden y las paredes
y techos se agrietan. Las napas, que hace una década estaban a 20 metros de
profundidad, desde hace un par de años brotan del suelo.
“Es
un hecho sin precedentes. Todas las contenciones fueron superadas. El clima nos
gana la batalla. Sólo nos queda implorar que nos den una mano de la Provincia”,
admitió casi rendido el intendente.
Obras
prometidas
Juan
Pablo Brarda, director de Recursos Hídricos de la Provincia, explicó ante los
vecinos -en esa misma tensa reunión- que se está trabajando para abrir una zona
de escurrimiento que desagote más rápido al pueblo y hacer un corte que evite
el ingreso de agua.
Sobre
la cuenca, Brarda dijo que tratarán de concentrar el flujo en los arroyos Asna,
Manantial y Acequial, y que se generarán cinco retardadores y reguladores de
crecidas en la parte alta, para poder conducir mejor el agua y que ya no derive
por los campos hacia ese punto, como un embudo.
Salvático
fue gráfico al describir que hoy Pozo del Molle está asentado “sobre una
gelatina”, porque en buena parte ya no hay tierra sino barro, que cede y se
mueve. Creyó no exagerar al advertir que si no hay solución “hay que pensar que
el pueblo puede desaparecer”.
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El intendente de Pozo del Molle culpa a los productores por las inundacionesFuente:
Andrés Ferreras, Pozo del Molle se hunde en el barro, 12/04/16, La Voz del Interior. Consultado 12/04/16.

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