Bajo las promesas de nuevos puestos de trabajo y
posibilidades de desarrollo para la población, Monsanto busca la licencia
social. Sin embargo las diferentes denuncias sobre los contratos de trabajo
precarios, enmarcados en otra actividad y prestaciones “terciarizadas”
desmienten las publicidades de la Multinacional.
por Ximena Cabral y Melina Dassano
Trabajo insalubre y para pocos operarios
La experiencia de trabajadores en la planta de Rojas y las
críticas al Aviso de Proyecto de Malvinas Argentinas y Mi Granja, así lo
demuestran.
Según el Aviso de proyecto del 2 de julio de 2012, en un
principio y por un período de 12
a 24 meses tendrán trabajo sólo unas 250 personas en la
construcción de la “materialización de la primera etapa del proyecto” luego unas
450 en la planta -de las cuales ingresarán gradualmente hasta el 2017 y por
estación lo cual influye en la contratación del personal-. Parte del trabajo de la planta es mano de
obra calificada que llega de las grandes capitales hacia Malvinas Argentinas el
resto de las personas contratadas se encuentran tercerizadas como cocina,
limpieza o transporte de residuos peligrosos.
A trabajo precario, más ganancia
Juan Ignacio Pereyra, abogado de ex trabajadores de Monsanto
en la planta de Rojas, se refirió ante Ecos Córdoba sobre las denuncias que
fueron presentadas al tribunal laboral. Graficó como “la misma lógica que
implementan en su forma de producción se refleja en los trabajadores” donde
toman a los trabajadores mediante un contrato de “peón rural no permanente”
durante seis, siete u ocho meses encasillándolo con una actividad estacionaria.
“El contrato que utilizan es el del trabajador rural contemplado para la
siembra o la cosecha pero, trabajar ocho meses excede bastante más a lo que es
una estación” señaló el letrado.
Dentro de la descripción sobre el tipo de trabajo que
ofrecen en los poblados que se radican, Pereyra se refirió a los diferentes
trabajadores que llegan a ofrecer su mano de obra sin mayores seguridades y
desempeñando tareas diferentes que exceden el contrato de peón rural: “En
realidad tampoco es el contrato que le cabe porque es permanente, si vos estas
en el secado del cereal, en el tratamiento, en el mantenimiento de la planta
cerealera, lejos del tipo de contrato que te correspondería. Lo que sucede es
que cuando no tenes otro trabajo, mucha gente cae a trabajar con Monsanto”.
Además de las formas irregulares en cuanto a lo temporal, se
le suma el daño por la inseguridad de continuidad laboral. Pereyra sostiene que
“como el contrato es por seis, siete u ocho meses lo dejan en suspenso hasta
el “te llamamos”, y quedan desesperados y recién acuden a defender sus derechos
cuando se dan cuentan que no los van a volver a llamar. El mecanismo funciona
así”.
¿Los riesgos?: Mínimos. Las contrataciones, además, están
terciarizadas. Pereyra explicó: “Lo tercerizan a partir una empresa que son
ellos mismos: New Power. Se disfrazan de empresas de servicios eventual. Lo que
hacen es dejar cesante a los changos por un periodo de dos o cuatro meses que,
te imaginarás, de que manera lo vive el trabajador, sin paga. Esa es la lógica.
Esta empresa terciarizada igual dejo de existir prohibida por la ley de contratos
de trabajo”.
Malvinas insalubre
Las críticas al aviso del proyecto se realizaron desde los
mas diversos especialistas en ambiente y en condiciones de trabajo
considerando, además, las características poblacionales del lugar de radicación
en Córdoba.
Eduardo Ahamendaburu,
Presidente del Instituto de Seguridad Laboral y Medio Ambiente (Islyma) de la Central de trabajadores Argentinos (CTA), remarcó
que “Las implicancias han quedado claras a partir del informe presentado en el
hospital de Clínicas. Malvinas es el enclave donde Monsanto planea radicar su
planta, es un pueblo que sufre las consecuencias de los pueblos fumigados”.
El especialista
explicaba parte del mecanismo como propio de la Multinacional :
“Monsanto se radica en los sectores más desposeídos, mas desintegrados de esta
sociedad (…) bajo la mentira que va a generar fuentes de empleo genuinos. Los
empleados que puede tomar Monsanto, según lo demostrado en el aviso de
proyecto, son trabajadores precarios que se van a llevar la precariedad a su
casa. No tienen condiciones mínimas para poder cambiar su ropa. Como bien
señalan en los informes, lavan su ropa junto con la de los niños en su casa”.
Otras consideraciones del informe FUNAM vinculadas con salud
y medio ambiente de trabajo describen que la planta “utilizará grandes volúmenes
de plaguicidas altamente tóxicos en sus tareas de precurado y curado de
semillas, en particular los insecticidas clothianidin, metil pirimifós,
cipermetrina, deltametrina y propoxur, y los funguicidas tryfloxistrobin,
metalaxyl e ipconazole. Ninguno de estos principios activos es analizado en el
Aviso de Proyecto presentado por Monsanto al gobierno. La planta prevé utilizar
inicialmente unos 250.000
litros de plaguicidas al año, cifra que aumentaría
significativamente al alcanzar su máximo tamaño previsto, con un máximo de 6
secadoras y 216 silos”.
Dentro del flujo de producción, Monsanto presenta el sistema
de curado, que se realizará en la torre de clasificación donde habla de
impregnar a la semilla bajo un sistema de mezcla denominado “slurry” compuesto
por: Agua, Incecticida, Insecticida sistémico, Fungicida, Polímero y colorante
orgánico. En todo el proceso se da una descripción general pero, ocultan los
nombres de los productos como tienen por costumbre.
Las experiencias de los trabajadores de la planta radicada
en Rojas, testimonian parte de la exposición que sufrieron en la reconocida
“planta modelo”. El doctor Juan Ignacio Pereyra explicaba que “Hay trabajadores
que me han venido a contar como vuelcan los herbicidas y productos químicos en
un lagunón que tiene adentro y va a un zanjón que termina fuera de la planta. A
Monsanto no le preocupa la salud de las personas ni el ambiente. Su interés es
el de acrecentar el capital”.
Eugenio Freyre, trabajador de la plata, denunció en un video
difundido en diferentes medios que en el lugar donde esta Monsanto se observa
una “mayor cantidad de enfermos con cáncer y otras enfermedades” y advierte que
“no hay controles desde los organismos del Estado”.
Agua, bien ¿público?
En declaraciones a la
prensa el Vicepresidente de Monsanto Argentina, dijo “Para graficar el bajísimo
impacto que tendrá en el medio ambiente se puede decir que está comprobado que
el consumo de agua que tiene una planta de este tipo es menor a lo que se usa
en tres casas de familia”, como bien sabemos aún no ha sido presentado dicho
impacto y por tal motivo la justicia a ordenado hasta entonces que se paren en
su totalidad las obras de la planta ubicado en la ruta A188 de Malvinas
Argentina. Mientras en esta conferencia
asegura que el consumo de agua será de 44 metros cúbicos por mes que equivale al
consumo aproximado de 3 familias, en el Aviso de Proyecto que presenta la empresa
se estima que el consumo será de 100 metros cúbicos diarios, lo que equivale a
3000 metros cúbicos mensuales, que a la vez, equivale al consumo mensual de agua
de 200 familias.
El aviso de proyecto habla sobre el Agua Potable (la
provisión de agua potable esta garantizada con al ejecución de dos
perforaciones que deberán ser autorizadas por la Subsecretaría de Recursos Hidrícos de la
Provincia de Córdoba en base a antecedentes de
establecimientos vecinos, se estima que la profundidad de la misma, rondará los
180 metros .
El agua que se extraiga será utilizada para el proceso de producción y
servicios sanitarios. Para consumo humano se prevé la contratación de servicio
de agua embotellada.
Según un informe de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires sobre “El agua: su normativa jurídica”, estas
concesiones pueden otorgarse tanto a propietarios individuales como a comunidades
de usuarios. En el caso de las aguas superficiales, la concesión es a
perpetuidad. Para el caso de las subterráneas, la concesión es eventual (no
permanente) y se requiere informar las características de la perforación y los
equipos previstos, la calidad y el caudal de agua extraída, e identificar al
perforista y al técnico responsable, quienes deben estar inscriptos en un
registro especial (Formento, 1998).
En ese código se fijó un orden de prioridades para el uso de
aguas, y la máxima, la tienen los aprovechamientos para uso doméstico,
municipal y el abastecimiento de la población; en segundo término, están los
usos industriales; en tercer lugar, el uso agrícola (riego); en cuarto, la
bebida del ganado y, luego, los restantes (energético, recreativo y minero).
Para obtener una concesión para uso agrícola debe demostrarse que el riego es
necesario, que los suelos son aptos y que se cuenta con el adecuado desagüe.
(Facultad de Agronomía- UBA)
Según fuentes propias del lugar, hay dos emprendimientos familiares
de embotelladoras de agua en Malvinas Argentinas. El agua si bien es potable,
se presenta como agua dura, por lo tanto para lograr una mejor calidad deben de
procesarla bajo un proceso de ablandador. No trabajan con perforación, se
sirven y procesan el agua de la red pública, por lo tanto consultaron a una
profesional en química quien asesora su emprendimiento y le advierte que si el
agua pasa a tener un nivel de contaminación por plaguicidas se verá en el
momento que máquinas utilizan para purificar el agua, así mismo no le
aseguraron que tengan en éste momento solución para darle. La única respuesta
que reciben de sus proveedores es que
han logrado frenar la contaminación de las petroleras en las aguas envasadas
del sur Argentino. Consultado si está en riesgo su emprendimiento por la
instalación de Monsanto “De por sí me perjudica y si sucede que el agua no la
puedo recuperar, no voy a engañar a los vecinos, jamás vendería el agua
contaminada. Tengo familia y ya no soy un pibe para buscar otro trabajo. Se
quiénes son quienes vienen a Malvinas a mentirle a la gente que van a dar
trabajo, no tengo una venda en los ojos”.
Ximena Cabral es periodista y editora de la revista “umbrales” del Cispren
Fuente:
Ximena Cabral y Melina Dassano, Detrás de las promesas de Monsanto, 27/03/13, ECOS Córdoba.
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