lunes, 31 de diciembre de 2012

El clima en el 2012: de la sequía y los incendios a las inundaciones y los tornados

La región sufrió los embates de distintos fenómenos climatológicos. Como resultado, en la zona rural cientos de miles de hectáreas cultivadas fueron destruidas, y también se vieron afectados los pueblos.

por Patricia Rossia

Marcado por anuncios sobre desastres naturales y catástrofes llega a su fin el 2012 y en la región fueron los fenómenos climáticos los que provocaron serios perjuicios.

Allá por febrero la sequía generaba preocupación en los productores lácteos próximos a Ucacha. Faltaban pasturas y caía un 30 % la producción. Las escasas lluvias que se registraban no alcanzaban a cubrir el déficit y los forrajes comenzaban a escasear. La cercanía del otoño e invierno preocupaban y mucho, pero se lograron superar esos meses, aunque con algunas pérdidas. En el último mes del año, llovieron 220 milímetros, y la misma zona que sufrió la sequía ahora está bajo agua.

En cuanto a la agricultura también sufrió el impacto de la sequía en los primeros meses del año. La región más severamente afectada fue el Departamento Río Cuarto y Pergamino.

Las pérdidas en los cultivos de trigo de primera y soja alcanzaron cifras millonarias. Del total de lo sembrado se perdió un 40 a 50 %.

Esos mismos lotes -por ejemplo en la zona de Adelia María- que sufrieron la sequía, en el segundo semestre del año soportaron fuertes vientos y pedrea que también destruyeron nuevas siembras. Y en la actualidad el problema subyacente es la erosión eólica que también perjudica seriamente las tierras de la zona. Además, los perjuicios en los caminos hoy totalmente destruidos por el agua que abrió grandes cárcavas y limita la habitual actividad productiva.

El fuego
El mes de agosto, que estuvo precedido por la sequía, trajo consigo los incendios que, aunque no tan graves como años anteriores, sí provocaron daños en la zona próxima a Berrotarán y La Cruz.

Fueron alrededor de 3.500 las hectáreas que se vieron consumidas por las llamas. Aunque esta zona no toda es cultivable, sí afectó la maleza que servía de alimento a los animales. Como consecuencia de ello, las pérdidas para los productores también fueron muy importantes. Hubo animales muertos, cultivos totalmente incinerados y cuantiosas pérdidas principalmente en alambrados.

En esta zona fue el 1 de agosto cuando las llamas comenzaron y abarcaron una franja de alrededor de 9 kilómetros de frente por 10 de fondo.

Los productores de la zona reclamaron urgente asistencia a la Provincia, principalmente en alimentos para el ganado y para la recuperación de los alambrados. Fueron meses de ardua tarea tratando de superar el problema que dejó el fuego.

Pero las lluvias tempranas de primavera que comenzaron a finales de agosto morigeraron los incendios, y la situación se tornó más manejable.

Lluvias extraordinarias
Cuando todo parecía ir mejorando, y las precipitaciones comenzaban a ser satisfactorias, beneficiando tanto al campo como a los pueblos, en octubre registros pluviométricos excepcionales sorprendieron al sur cordobés y trajeron el fantasma de las inundaciones.

A fines de octubre, ya se contabilizaban unas 223 mil hectáreas agrícolas totalmente inundadas sólo en el sur cordobés. Esto comprendía una franja que abarcaba desde Laboulaye, Melo, Leguizamón y más al sur. Combinado este fenómeno a obras inconclusas de desagües, hecho que complicó la situación.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto, determinaba que en total las lluvias afectaron a unas 327 mil hectáreas, de las cuales 223 mil son suelos de uso agrícola-ganadero, mientras otras 104 mil restantes son suelos naturalmente mal drenados y sin aptitud agrícola.

Paralelamente, se destruyeron todas las redes camineras rurales.

Tras unos 15 a 20 días de buen tiempo en noviembre, algunas tierras pudieron recuperarse y resembrarse, pero llegó diciembre y con este mes  nuevamente las lluvias y las complicaciones. Esta vez los sectores afectados fueron la zona norte de Ucacha, donde alrededor de 30 mil hectáreas se inundaron provocando un serio perjuicio a la producción láctea, que debió tirar más de 3.000 litros de leche en sólo una semana; además de daños en siembras de maíz y soja.

Se redujo el área de pastoreo para los animales, con lo cual el impacto redundará en menos rindes de leche.

También aquí la zona rural quedó sin caminos por donde circular. En otras zonas del mismo sudeste cordobés, como cerca de Marcos Juárez, Inriville, Isla Verde y Corral de Bustos, miles de hectáreas han quedado tapadas por agua.

Viento y piedra
Y finalizando el año, mientras los habitantes se aprestaban a celebrar la Navidad, el cielo se oscureció y el sur cordobés quedó preso de un tornado que arrasó todo lo que encontró a su paso en un radio de 80 kilómetros de largo por 10 de ancho. Este abrazo de destrucción alcanzó a las poblaciones de Del Campillo, Mattaldi, Nicolás Bruzzone, Jovita y Serrano. En los ejido urbanos los principales daños fueron techos volados, caídas de antenas, roturas de vidrios y centenares de árboles arrancados de cuajo.

En tanto en la zona rural, la piedra y el viento trilló más de 120 mil hectáreas de cultivos de maíz y soja, y convirtió en chapas retorcidas a decenas de galpones y silos; y hasta volteó pesadas maquinarias agrícolas y mató animales. Los daños aún siguen contabilizándose, y hay más de 400 productores que han perdido todo lo invertido en siembras. Ahora confían en recibir ayuda y apostar a alguna nueva resiembra, que no dejará las ganancias que se preveían.

Así, los habitantes del sur cordobés van a elevar las copas este fin de año mirando al cielo, y rogando que no aparezcan nubes que vuelvan a opacar el brindis como ocurrió en esta Navidad.

Lo que dejó la tormenta: sobre los daños y la seguridad en las construcciones rurales

por Juan Manuel Masuet

En una crónica publicada en la edición del 26 de diciembre, como así también en informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación en Internet, se ha informado de la tormenta sufrida el pasado 24 de diciembre, minutos antes de la medianoche.

Impactó en una región del sur de nuestra provincia, produciendo cuantiosos daños en las localidades de Del Campillo, Nicolás Bruzzone, Mattaldi, San Joaquín, Jovita y Serrano.

En las fotos publicadas se pueden observar (entre otros destrozos) distintas estructuras metálicas totalmente colapsadas, entre las que se contaban galpones, tinglados y un hangar que resultó dañado. Para quienes sufrieron el meteoro en carne propia, “de milagro no hubo pérdidas humanas”.

La tormenta sufrida el 24 no fue extraordinaria en nuestra zona, ni por su intensidad y magnitud, ni en la frecuencia con la cual se producen. El 24 de diciembre tocó a tales pueblos. El 6 de diciembre pasado, se había abatido una violenta tormenta sobre Bell Ville, Camilo Aldao y Marcos Juárez. En el caso de Bell Ville, las instalaciones de su Aeroclub resultaron seriamente afectadas, con un hangar destruido y 11 aeronaves dañadas.

En cualquier momento de esta misma temporada estival, o la próxima y las siguientes, podría sucederse un fenómeno similar en otras zonas dentro de la región.

Cabe preguntarse si en el diseño y construcción de aquellas estructuras que resultaron destruidas se contó con la participación de un ingeniero, quienes son los profesionales capacitados para tales tareas (la de proyectar y construir).

Además de aplicar sus conocimientos de la ciencia y técnica y su propio criterio profesional, el ingeniero dispone de normas de edificación, tal como son los Reglamentos emitidos por el Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles, (CIRSOC). Esas normas especifican las acciones que debe soportar una construcción según su ubicación. Tales acciones pueden ser debidas a sobrecargas de uso, vientos, sismo, nieve y hielo.

Por caso, al realizar el cálculo de las acciones debidas al viento, la velocidad básica de viento que se debe considerar para la zona del Departamento General Roca es de 173 kilómetros por hora.

Asimismo, los reglamentos “establecen los requisitos mínimos para el proyecto, fabricación, montaje, protección, control de calidad y conservación de las estructuras de acero para edificios”. Por supuesto, en este último grupo están incluidos también los tinglados, galpones, y hangares. Los reglamentos CIRSOC entrarán en vigencia legal obligatoria a medida que las distintas jurisdicciones (por caso la Legislatura de Córdoba, y los diversos municipios) los adopten como norma técnica, dándole categoría de ley u ordenanzas, según el caso, para todas las obras públicas provinciales y construcciones privadas.

El cumplimiento de las normas CIRSOC es exigido por ley para todas las obras públicas nacionales.

En resumen, la población en general, los empresarios, líderes de clubes, asociaciones y otras instituciones, y todo aquel que vaya a encomendar una construcción de cualquier tipo, deben tomar conciencia de que resulta indispensable asegurar la participación de un profesional con experiencia y además legalmente habilitado para esa tarea, como lo es un ingeniero matriculado. Esa es la forma de hacer una inversión duradera, segura y económica. Así se reducen ampliamente las probabilidades de que las construcciones sean dañadas gravemente por acción de fenómenos naturales violentos pero no infrecuentes.

Hacerlo de otro modo, confiando solamente en la experiencia e idoneidad de quien construya una estructura, sería actuar con temeridad y negligencia, tal como el chanchito del cuento infantil, no precisamente aquel que edificó su casa sólida sino el que hizo la suya endeble, que fue derribada  por los soplidos del Lobo Feroz.

Juan Manuel Masuet es Ingeniero Mecánico, Matr. CIEC nº 23.226.354-5827, Docente de la Fac. de Ingeniería UNRC, y consultor privado
Fuentes:
Patricia Rossia, De la sequía y los incendios a las inundaciones y los tornados, 30/12/12, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/12/12.
Juan Manuel Masuet, Lo que dejó la tormenta: sobre los daños y la seguridad en las construcciones rurales, 30/12/12, El Puntal de Río Cuarto. Consultado 31/12/12.

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