domingo, 15 de abril de 2012

Cementerios de trenes en el altiplano Boliviano


Pulacayo fue la mina de plata más importante de Bolivia en el siglo XIX. Para la cual se realizó el tendido del ferrocarril hasta Antofagasta. Afectada desde siempre por la inundación de sus galerías, esta problemática puso fin a su existencia en 1959. El abandono paulatino le ha dado a Pulcayo una sombría imagen de pueblo fantasma.

El salar de Uyuni es el mayor desierto de sal continuo del mundo, con una superficie de 12.000 km². Está situado a unos 3.650 metros sobre el nivel del mar, al suroeste de Bolivia, dentro de la región altiplánica de la Cordillera de los Andes. En un pasado geológico existieron extensos lagos más vastos que los actuales, uno de ellos por evaporación dio origen al salar de Uyuni.

Pulacayo, asentada en las montañas a 16 kilómetros de Uyuni, fue una de las primeras ciudades mineras del mundo. La explotación había comenzado por los españoles en la época colonial (1) (2), y descansaba sobre la riqueza de los filones, el reclutamiento forzado de mano de obra a través de la mita (3), la provisión de mercurio -insumo clave para la recuperación de la plata metálica- y los créditos de fomento.

A partir de 1790 comenzó una crisis y el descenso de la producción, debida a las sublevaciones indígenas, la escasez de mano de obra e insumos, y las guerras por la independencia (4). Esto fue motivo del abandono de muchas minas en Bolivia.

En 1833 un cateador español de nombre Mariano Ramírez adquirió los derechos para la vieja mina (5), y junto con dos amigos potosinos fundó la Sociedad Mineralógica de Huanchaca (6), dando así inicio a la época más próspera del país. La compañía de intereses bolivianos, ingleses y chilenos, operó hasta principios del siglo XX.

Hacia 1842, las abundantes filtraciones de agua, y emanaciones de gases letales, imposibilitaron el laboreo minero, esencialmente en la rica Veta Tajo. Se impuso la necesidad de desaguarla y de hecho ventilarla, para lo cual se abrió el socavón San León. A raíz del éxito alcanzado con el socavón, se fue conformando una nueva población, a la que se denominó Pulacayo que se expandió notablemente hasta 1890.

En 1888, la compañía quedó en manos de uno de sus accionistas y presidente del país: Aniceto Arce Ruiz. Sus acciones llegaron a cotizar en la Bolsa de Valores de Nueva York.

Un importante factor que contribuyó al auge de la minería de la plata a fines del siglo XIX, fue el tendido del ferrocarril de Antofagasta a Uyuni (7). Disminuyó el costo de transporte, haciendo rentable la explotación de minerales de menor ley, facilitando su exportación en bruto. Este hecho produjo tanta actividad comercial en el lugar, que se decidió construir una estación ferroviaria, lo que en forma definitiva originó el asentamiento de Uyuni. El pequeño poblado fue el primer lugar de Bolivia donde se escuchó el silbido de un tren.

El trazado de las vías férreas fue una tarea atrevida, se trataba de construir mas de 500 kilómetros, atravesando la cordillera de los Andes, siendo su obra más importante el viaducto construido para pasar el río Loa (viaducto Conchi), con una altura sobre el nivel del agua de 108 metros.

En 1890 la compañía abrió una fundición en Antofagasta para tratar parte de los minerales de Pulcayo (8). Al establecimiento se lo denominó Playas Blancas. Sus ruinas fueron declaradas monumento nacional por el gobierno chileno.

A fines de 1905, la escritora e historiadora estadounidense Marie Robinson Wright emprendió un viaje por el Altiplano de Bolivia, como resultado del cual escribió el libro "Bolivia. El camino central de Sur América. Una tierra de ricos recursos y variado interés", en el cual se encuentra el siguiente relato:

"Una baja en el precio de la plata obligó á la Compañía Huanchaca á buscar medio de reducir los gastos de explotación y beneficio de los minerales de Pulacayo... Al mismo tiempo que la baja de la plata vino á embarazar las operaciones de la empresa, otra calamidad le sobrevino con la inundación de las principales galerías de la mina, siendo casi desesperada la perspectiva porque el agua llegó, en algunos puntos, á una profundidad de mil quinientos pies".

La cantidad de agua en la mina fue, cono es natural, aumentando gradualmente a medida que se extendió el laboreo. El recurrente corte de fuentes de agua inundaba las galerías y requería complicadas tareas de desagüe. Al mismo apareció en la mina el anhídrido carbónico producto de una reacción conocida, que provocaba la muerte por asfixia de los trabajadores.

Debido a la paralización del laboreao por las inundaciones y las constante baja de la plata, la Compañía Huanchaca cerró y sus instalaciones se desarmaron y subastaron.

La extracción de minerales continuó y en la década de 1920 Pulcayo pasó a manos del célebre Mauricio Hochschild, el segundo más rico de los llamados “barones del estaño“ -Patiño y Aramayo son los otros- llegó a Sudamérica en 1911 de Alemania decidido a hacer fortuna.


Las condiciones de vida en la mina de Pulacayo, hacia 1906, eran lamentables para los trabajadores y sus familias. Los salarios apenas cubrían las más elementales necesidades de subsistencia (9).

Pulacayo, además, es la cuna del sindicalismo. En 1932, un grupo de mineros trató de formar un sindicato, pero fue despedido. Un hito en la historia del movimiento obrero se escribió en 1946. Entonces, el congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) votó a favor del primer manifiesto de acción directa de la clase obrera: la Tesis de Pulacayo. 

En 1952, los obreros formaron milicias para defender la revolución del MNR, que luego nacionalizó las minas.

Para comienzos del siglo XX, Pulacayo tenía unos 22.000 habitantes, actualmente el pueblo cuenta con menos de 600. Los años negros del despoblamiento fueron provocados por el anegamiento intencional de la mina en 1959.


Hacia 1962, con la premisa de evitar la muerte de Pulacayo, el gobierno fundó una serie de industrias con el objetivo de reactivar la economía local. Así, una serie de fábricas se instalaron en Pulacayo, las que abastecieron al resto de las minas del país de herramientas y repuestos. 

La situación logró estabilizarse precariamente hasta 1985 (crisis en la cotización del estaño), en que recibió un golpe mortalParadójicamente, durante los años 90, el mismo gobierno cerró todas las fábricas. La premisa entonces era la de terminar con el papel de productor del Estado y traspasar esta función al empresariado privado.

El abandono paulatino, iniciado por los acontecimientos de 1959, se ha incrementado en los últimos años, dándole a Pulacayo una imagen sombría de pueblo fantasma.

Del legendario Pulacayo sólo quedan casas abandonadas, mudos testigos del pasado floreciente. Barrios íntegros de este centro minero, como el populoso "25 de Mayo" en la Zona "A", con casas construidas en tapial, adobe y techo de paja; el barrio "Miraflores", con construcciones de calamina; de igual manera el sector de "Españoles", que muestran viviendas colectivas en desordenada urbanización, con techos y paredes deteriorados, sin puertas ni ventanas, así como el sector de "Texas", "Alcones'", "5 de febrero", "Unión Católica" (antes "La Española'), "K'arku Pila", "31 de Octubre", y otros que atesoran la larga historia de auge y ocaso, legados para asombro de propios y extraños.


Referencias
  1. En una carta geográfica de la provincia de Potosí, sólo figura en el lugar un campamento minero con el nombre de Guanchaca.
  2. La historia cuenta que durante la colonia una de las mulas que conformaba una caravana resbaló en una pendiente. En su caída el animal sacó a luz una roca de plata. Cuando preguntaron al responsable de la caravana dónde halló la preciada piedra, éste sólo respondió: “donde la mula cayó”, frase que habría dado origen a Pulacayo.
  3. La mita era un sistema de trabajo en la Región Andina, utilizado tanto en la época incaica, como en la colonia. Se sorteaba a la población indígena de un determinado lugar para trabajar durante un plazo determinado al servicio de la clase española, mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. El servicio forzado ejercía una inmensa presión a la población, causando cientos de miles de víctimas mortales, sobre todo entre los trabajadores en las minas como la de Potosí.
  4. Unos datos señalan que el mineral fue explotado entre 1773 y 1793 por mineros españoles, viéndose obligados a abandonarlo luego de la tercera insurrección indígena y las primeras escaramuzas de la guerra de la Independencia.
  5. Se cuenta que una india vieja de Tolapampa llevó de un modo sigiloso a Mariano Ramírez hasta el lugar donde le enseño un ramo de veta.
  6. Huanchaca (quechua: puente de las penas).
  7. El ferrocarril estaba concluido hasta Uyuni a principios de 1890, poco después se realizó el tramo de Uyuni hasta Pulacayo de 38 kilómetros de largo.
  8. Las razones de instalar la fundición en Antofagasta (a unos 600 km de Pulacayo) fueron varias:  El ferrocarril posibilitó el transporte de mineral en bruto a costos razonables,  el sistema impositivo gravaba menos al mineral bruto que al refinado por resultó más rentable fundir los minerales en la costa, la fundición necesitaba grandes cantidades de combustible que escaseaba en el altiplano boliviano, por lo que era necesario importar carbón, lo que resultaba más desde la costa, no sólo se podían tratar los minerales de Pulcayo sino aquellos que pudieran obtenerse en el interior del país cuyo transporte facilitaba el ferrocarril.
  9. En 1943, la misión Magruder estableció la existencia de altos niveles de contaminación, y una galopante enfermedad profesional (silicosis y tuberculosis) provocada por la respiración de polvos provenientes del ingenio. De 4170 obreros observados, sólo 83 estaban indemnes al mal incurable. El llamado "mal de mina" agotaba al minero en tres o cuatro años.
Fuentes:
La Razón, 25/03/2007, Pulacayo, El pueblo que desfallece en Potosí, por Javier Badani Ruiz.
Antecedentes coloniales e independencia, por Manuel E. Contreras.
Entre el mito y la historia, por Herbert Flores Montoya y Hildebrando Martínez Mendiela.
Historia social de Pulacayo, por Herbert Flores Montoya y Luis Oporto Ordóñez.
Anales del Instituto de Ingenieros, La Compañía Huanchaca de Bolivia, agosto 1897, por Eujenio Bobillier.
Caracol radio, 26/12/2006, Mauricio Hochschild, un minero de secretos, por Jorge Soruco y Miguel Carrasco.

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