Por Juan Vernieri
Los límites legales federales para la radiación y los contaminantes radiactivos, en Estados Unidos, se basan en el costo y la viabilidad de eliminar los contaminantes. No siempre reflejan la cantidad de exposición que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y otras agencias de salud pública consideran segura para la salud humana. No es un estándar basado en la salud, sino en los costos, se fijaron en lo que era fácilmente alcanzable. Queda claro entonces que las ganancias son las que definen las normas, los valores “permisibles”. Así actúa el lobby nuclear.
Los elementos radiactivos ingresan al agua subterránea desde depósitos naturales en la corteza terrestre y también pueden encontrarse en concentraciones más altas cuando actividades humanas como el procesamiento y eliminación de uranio, la minería o la perforación o fracturación hidráulica de gas y petróleo desentierran estos elementos de la roca y el suelo.
Los elementos radiactivos producen radiación “ionizante”, radiación que puede liberar electrones de átomos y moléculas y convertirlos en iones. La radiación ionizante daña el ADN. Beber agua contaminada con sustancias radiactivas aumenta el riesgo de cáncer y puede perjudicar el desarrollo fetal.
¿Existe un nivel seguro de radiación en el agua de la canilla?
La Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha clasificado toda la radiación ionizante como “que se sabe que causa cáncer en los seres humanos” y ha establecido una pauta sanitaria de cero para todos los elementos radiactivos en el agua potable. Pero la norma vigente es Estados Unidos no contempla esta pauta.
Por eso, a la hora de establecer en nuestras normas los valores límites permisibles no debemos tomar referencia en los valores legales de las normas norteamericanas influenciadas por el lobby nuclear. Pero… hay que estar advertidos porque puede pasar lo mismo en otros países.
En redes de agua potable que abastecen a 165 millones de habitantes en Estados Unidos, se han detectado varios elementos radiactivos diferentes, los más comunes son el berilio, el radón, el radio, el estroncio, el tritio y el uranio.
Hay pruebas claras de que las dosis altas de radiación causan cáncer en varios órganos. La probabilidad de desarrollar cáncer disminuye con dosis más bajas de radiación, pero no desaparece. No existe dosis, por pequeña que sea, que libre de riesgo de contraer enfermedades.
El estado de California ha establecido objetivos de salud pública para el radio-226, el radio-228 y el uranio, y estos valores son entre 60 y 70 veces inferiores a los límites legales nacionales.
Los objetivos de salud pública de California son concentraciones que suponen un riesgo mínimo de cáncer, normalmente un aumento de uno en un millón en el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo de la vida. (Fuente Nukewatch)
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