domingo, 21 de enero de 2018

La felicidad inédita de conocer el mar


La historiadora de Mar del Plata estudia la transformación del turismo local, a partir del surgimiento de políticas públicas que democratizaron el ocio.

por Elisa Pastoriza

Durante el primer peronismo, un programa de políticas públicas coloca las cuestiones relativas al tiempo libre y el ocio popular en la agenda pública. Se abre, para las clases medias y trabajadoras, una pluralidad de prácticas recreativas. En un escenario de democratización social, que conjugaba tendencias de una sociedad móvil con aspiraciones igualitarias, de la mano de la nueva consigna peronista, el turismo obrero o social, se ensayó una amplia gama de planes y proyectos vacacionales. Estos apuntaron a dos espacios. Por un lado, los todavía marginales, en su mayoría bajo la órbita de Parques Nacionales, que comenzaban a emerger. Y, por otro lado, los ya consagrados por las elites y las clases medias altas: Mar del Plata y las sierras de Córdoba.

La retórica justicialista fue taxativa: no había barreras para el acceso de los trabajadores a estos bienes, vedados hasta aquel momento, según decían. Y todas las voces acompañaron esa música central. Junto a las vacaciones, también fue incorporada la promoción del turismo relámpago, giras económicas, viajes populares, colonias y campamentos colectivos. La promoción de viajes para maestros y empleados incluían programas breves de fin de semana y feriados, con ofertas de visitas a la Basílica de Luján, navegar por el Tigre, remontar el río Paraná, recorrer la ciudad de Buenos Aires, conocer los monumentos realizados por la revolución justicialista (Ciudad de los Niños, Ezeiza, Ciudad estudiantil) y acudir a los campings que publicitaba el Automóvil Club Argentino e instituciones estatales como el Consejo Nacional de Educación y Fundación Eva Perón (FEP).

El elixir de las vacaciones pagas Si bien el proyecto abarcaba múltiples aspectos, estuvo asentado en dos ejes centrales: la extensión de las licencias pagas por vacaciones obligatorias al conjunto de los trabajadores (decreto 1740/45), y el montaje mediante el ejercicio coordinado entre el Estado nacional y los provinciales, la FEP con asociaciones, en particular las sindicales, para garantizar el hospedaje a los trabajadores. Al mismo tiempo, se destinaron fondos específicos (un descuento obligatorio del 5% del aguinaldo), destinados al fomento de turismo y a facilitar el transporte mediante planes de abaratamiento de pasajes (desde 1950 corren servicios de trenes rápidos de 4 horas a Mar del Plata y se crea la tarifa ferroviaria Turista) y móviles especialmente destinados al traslado de los nuevos visitantes.

Las vacaciones fueron presentadas como la conquista de un derecho cívico, fundacional, hasta aquel momento inalcanzable, reconocidas como una prioridad pública. Con el II Plan Quinquenal, el turismo social queda definitivamente normalizado y dirigido a potenciar el turismo interno y externo. El Estado fijaba su interés en que la población conociera y se apropiara (se “sientan dueños”) de la República mediante el acceso a las regiones turísticas. A la par, estimulaba la construcción de hoteles, hosterías y colonias y fomentaba los deportes.

En ese contexto, se instituyen las colonias de vacaciones que, si bien profundizaban tendencias previas, nunca alcanzaron la envergadura adquirida con el peronismo. Estos antecedentes, producto de iniciativas tanto provinciales como nacionales (cuyo epicentro fueron las sierras cordobesas, con el emplazamiento de la colonia de vacaciones en Embalse de Río Tercero, construida en 1937 para los empleados estatales), sentaron las bases del desarrollo de los nuevos emprendimientos. La colonia Chapadmalal, a 30 km de Mar del Plata, sobre la ruta a Miramar, fue edificada en un hermoso espacio ribereño, escenario que conjuga pronunciados acantilados y amplias playas con médanos forestados. Primero destinada a los empleados de la administración nacional y luego al conjunto de los asalariados. La “ciudad-balnearia de Chapadmalal” comprendió 9 hoteles y 19 bungalows, dotada con modernos servicios (correos, telefonía, centro de asistencia de salud con internación y farmacia, cine-teatro, galerías comerciales y centros recreacionales infantiles). Con pocas variantes, el complejo mediterráneo de Córdoba adoptó un perfil similar. Una vez puestos en funcionamiento, los recientes turistas se beneficiaron con una variedad de planes, entre ellos el paquete de catorce días. Una considerable red de propaganda promocionaba estas obras del gobierno con atractivas imágenes fílmicas. Con el II Plan Quinquenal, la Subsecretaría de Informaciones encargó una serie de 6 documentales, uno de ellos fue el cortometraje Turismo Social, dirigido por Enrique Cahen Salaberry.

La provincia paga el hospedaje
Las provincias y los municipios fueron complementando estas iniciativas nacionales. Un apartado especial merece la de Buenos Aires, en especial durante el mandato de Domingo Mercante, un verdadero laboratorio en la generación de políticas sociales. Así, de la mano de una consigna todavía recordada, “Usted se paga el viaje, la provincia el hospedaje”, se lanza el Plan de Turismo Social, que abarcó, además de la programación de paquetes turísticos de diez días (estival e invernal), la expropiación de 24 chalets en la Playa de los Ingleses en Mar del Plata destinados a los sindicatos y la instalación de Clubes de Turismo Social, una suerte de unidades recreativas diseminadas en diversos centros turísticos bonaerenses. El primero se estrenó en 1949 en Playa Grande de Mar del Plata, en el Restaurante Normandie. El gobierno y las direcciones sindicales se esforzaron en facilitar la sociabilidad y el esparcimiento y el encuentro entre los flamantes nuevos turistas, con festividades artísticas, veladas danzantes, proyección de películas, ámbitos donde confraternizaban trabajadores procedentes de distintos lugares del país. De esta forma, la playa más exclusiva de Mar del Plata, que desde los treinta era el refugio de las elites, sufrió la continua invasión de las clases medias; la otrora lujosa playa Bristol se convirtió también en la sede de los turistas obreros. La experiencia bonaerense resultó muy fecunda. Sus organizadores debieron resolver las dificultades presentadas por los mismos trabajadores que mostraron cierta indiferencia, “frialdad” y reticencia a participar de estas nuevas prácticas. Por un lado, optaban por solucionar necesidades más perentorias, y por otro, no se sentían preparados para afrontar un viaje, la estancia en un hotel y usar vestimentas desconocidas.

Asimismo, irrumpió una nueva práctica social, el veraneo sindical. Los gremios comenzaron a adquirir viejos hoteles y construyeron nuevos. Para el caso de Mar del Plata resultó emblemática la adquisición del Hurlingham y el Riviera para los empleados mercantiles, el Tourbillón en el Parque San Martín para los obreros de la carne y luego los textiles. Y tanto el sindicato de petroleros como el de Luz y Fuerza construyeron sus propios hospedajes para sus afiliados. Esta tendencia se expandió y consolidó en las siguientes décadas.

¿Cuál fue la recepción de estas políticas? ¿Cómo fue su impacto en los imaginarios sociales? Sin lugar a dudas, la conquista de Mar del Plata y los nuevos complejos vacacionales constituyeron “tomas” simbólicas de perdurable significación. Lo que antes eran bienes reconocidos de uso social de las clases ricas, ahora eran cedidos a los obreros de la mano del Estado. Mediante estos programas turísticos, miles de niños conocieron el mar. Estas experiencias dejaron su rastro. Y las vacaciones populares tuvieron gran impacto y significación social en la memoria colectiva de la sociedad argentina, en especial en las clases trabajadoras, que lo percibieron como una frontera epocal: un antes y un después. El ayer se valoraba como sombrío; el hoy abría las posibilidades de conocer el mar, las sierras y pasar por la experiencia del viaje, lo cual conjugó sentimientos y emociones hasta entonces desconocidas. Y pusieron a disposición de todos un nuevo universo cultural.

Elisa Pastoriza es experta en historia social y autora de La conquista de las vacaciones.

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Fuentes:
Elisa Pastoriza, La felicidad inédita de conocer el mar, 19/01/18, Clarín. Consultado 21/01/18.
La obra de arte que ilustra esta entrada es "Naufragio frente a las costas de Chapadmalal" de Daniel Santoro.

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