martes, 5 de diciembre de 2017

Una herida abierta en Río Cuarto que cumple 10 años



El 5 de diciembre de 2007 una explosión en la Universidad provocaba seis muertes. Hubo un juicio en 2014, pero la Justicia ordenó acentuar una investigación que no ha avanzado.

por Denise Audrito

Hoy se cumplen 10 años de las explosiones en la planta piloto de Ingeniería, y el dolor atraviesa a la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). A las 10, frente al edificio siniestrado, volverán a recordarse a quienes fallecieron por quemaduras, tras varios días de agonía.

Aquel 5 de diciembre de 2007, unos 2.600 litros de hexano ingresado para ensayos por una firma privada provocaron un voraz incendio y estallidos. El fuego envolvió a la docente Liliana Giacomelli de Ceballos (42), al estudiante Juan Politano (22), a los científicos Gla-dys Baralla (52), Damián Cardarelli (43), Carlos Ravera (64), y a Miguel Mattea (58), director del Grupo de Investigación de Productos Oleaginosos (Gidpo).

No es la única tragedia que enlutó a la UNRC. En 1977, a seis años de su fundación, 16 estudiantes murieron en un colectivo arrollado por un tren, frente al campus.

Las explosiones de 2007 significaron también una implosión. En medio de una profunda conmoción, hubo multitudinarios debates sobre la seguridad, los servicios para terceros y hacia dónde debía ir la Universidad.

Tras el siniestro, con fondos nacionales se construyó una nueva planta para Ingeniería, que reemplazó a la siniestrada.

Se mejoraron las medidas de seguridad, pero el debate por lo ocurrido no está cerrado. Tampoco, en la Justicia.

En abril de 2013 el Tribunal Oral 2, en Córdoba, dictó cinco condenas a personas que trabajaban en la Universidad, pero sin cerrar la causa: ordenó en cambio que se continuara investigando la responsabilidad del exrector Oscar Spada, de la multinacional belga De Smet SA (que encargó el experimento) y de la empresa Aceitera General Deheza (AGD), que compró los 13 tambores con hexano que provocaron la ignición fatal.

En el juicio realizado en Córdoba, Carlos Bortis (vicedecano de Ingeniería y titular de la fundación con la que las empresas acordaron los ensayos) fue sentenciado a tres años y medio de prisión efectiva por el delito de “estrago culposo agravado por la muerte de personas”. Estuvo 15 meses privado de la libertad y salió con la condicional en agosto último.

También fueron condenados, a dos años y medio de prisión en suspenso, José Luis Pincini (secretario técnico de la UNRC, responsable de la seguridad) y Miriam Ferrari (directora del departamento de Tecnología Química). Una pena menor de dos años y condicional recibió Sergio Antonelli (secretario técnico de Ingeniería), y de seis meses para Edith Ducrós (vicedirectora del Departamento).

Fue sobreseída Gladys Ruetsch, integrante del equipo de investigación (Gidpo) que se salvó milagrosamente. Actualmente, es intendenta de Ticino. Pincini y Bortis se jubilaron. Los demás siguen trabajando en la UNRC.

Según la investigación, en septiembre de 2007, se iniciaron las conversaciones entre Mattea, director de Gidpo, y la empresa De Smet, interesada en hacer ensayos de extracción de aceites vegetales (flake de soja) con hexano.

Comenzaron a trabajar sin tener nada firmado. Después acordaron un convenio que sería suscripto por el vicedecano Bortis, que presidía además una fundación de la UNRC (luego disuelta) y Aníbal De Marco, gerente de producto de De Smet. Como responsables de los ensayos aparecían Javier Boretti, por De Smet, y Mattea, por la UNRC.

La empresa se comprometía a aportar 10 mil pesos y “elementos que mejoren las instalaciones” con el fin de realizar la experiencia. El día del siniestro, las autoridades de la UNRC declararon desconocer que hubiera hexano.

Guillermo Lega, fiscal federal de Río Cuarto, encargado de proseguir la nueva investigación que ordenó aquel fallo de 2014, dijo haber hecho “averiguaciones con respecto al pedido de hexano realizado por la empresa Aceitera General Deheza para De Smet, y la habilitación de la firma que trasladó los 13 tambores a la planta”. Pero no dispuso imputaciones.

La semana pasada, por denuncias de empleados por maltrato y acoso laboral, Lega fue trasladado a Rosario. La causa quedó en manos de la subrogante, Alicia Cena.

La nueva
Cuatro meses antes de la explosión, un informe de la Sindicatura General de la Nación advertía de numerosas falencias en materia de seguridad en la UNRC. La actual decana de Ingeniería, Miriam Martinello, estaba trabajando en el primer piso de la planta piloto el día del desastre. Como la mayoría de los que se salvaron, se tiró por la ventana. Martinello mostró a La Voz la nueva planta de investigaciones, habilitada en 2011. El nuevo edificio fue dotado de modernas medidas de seguridad. Le faltan algunos elementos para funcionar a pleno “pero es del Primer Mundo”, dice Martinello.

Con la explosión aprendimos a sufrir y a trabajar de otra manera. También fue un mensaje respecto al financiamiento necesario para trabajar de modo adecuado”, resumió ahí mismo Juan Torres, doctor en Química e investigador del Conicet.

Actos y evocaciones para hoy
Homenaje al estudiante que murió en el siniestro.

Hoy, la comunidad universitaria de Río Cuarto recordará a las seis víctimas de las explosiones de la Planta Piloto de la Facultad de Ingeniería. Habrá asueto administrativo y académico entre las 10 y las 13. Se realizará un primer acto frente al edificio donde ocurrió el luctuoso hecho. Luego, se inaugurará un monolito en las Residencias Estudiantiles, que llevarán el nombre del estudiante muerto Juan Politano. Finalmente, habrá una misa en el mismo sitio.

Explosiones UNRC: una década de dolor

Este martes se cumplen 10 años de la tragedia en la planta piloto de la facultad de Ingeniería de la UNRC. Murieron cinco docentes y un alumno.

por Lisandro Tosello

Eran las 10 de la mañana del miércoles 5 de diciembre de 2007 cuando la tragedia irrumpió en el campus de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Todo sucedió en la planta piloto de Ingeniería. Las llamas y la desesperación invadieron el recinto. Algunos alumnos salieron corriendo a pedir ayuda, en tanto otros, que se encontraban rindiendo -ya estaba habilitada la primera mesa de examen final- se tiraron por la ventana para salvar sus vidas.

Ese miércoles, integrantes del Grupo de Investigación y Desarrollo en Productos Oleaginosos (Gidpo) estaban realizando ensayos con hexano cuando la planta piloto ardió.

Al menos veinte personas resultaron heridas y otras siete fueron trasladadas de urgencia en grave estado al Instituto del Quemado, en Córdoba capital.

¿Cuántas y quiénes fueron las víctimas?
En las explosiones de la UNRC murieron cinco docentes y un alumno.

Juan Andrés Politano. Brillante alumno de Ingeniería Química. Había rendido su última materia una semana antes del siniestro. Oriundo de Jovita, fue medalla de plata en las Olimpíadas Nacionales de Química, en representación de su colegio secundario. Tenía dos hermanos.

Liliana Giacomelli. Doctora en Química, no participaba del equipo del doctor Mattea. Estaba casada con el investigador Claudio Ceballos y era madre de cuatro niñas. Una de ellas es la nadadora Macarena Ceballos.

Carlos Ravera. Ingeniero Químico y técnico del Conicet. Fue encargado del montaje de la planta piloto de Ingeniería. Trabajaba bajo las órdenes de Mattea.

Damián Cardarelli. Ingeniero Químico, docente e investigador del Conicet. Doctor en Ingeniería Química con posgrado en Alemania. Era casado y tenía dos hijos.

Gladys Barralla de Simone. Investigadora de reconocida trayectoria en la UNRC. Era madre de tres hijos.

Miguel Mattea. Docente e investigador. Era el responsable del proyecto de extracción de aceite con hexano que realizaba el grupo Gidpo. Fue decano de la facultad entre 1992 y 1994. Era casado y tenía tres hijos.

Única sobreviviente
Liliana Ruetsch formaba parte del equipo. La docente estaba en el primer piso de la planta piloto cuando comenzaron las explosiones. Se tiró por la ventana, como muchos alumnos, y así logró salvar su vida. Fue imputada por “estrago culposo agravado” por el juez federal Carlos Ochoa, quien consideró que “no podía desconocer los riesgos”.

El 20 de marzo de 2013, en el marco del juicio, el fiscal Maximiliano Hairabedian, del Tribunal Oral 2 de Córdoba absolvió a la docente. Ruetsch no vive ni trabaja más en Río Cuarto.

Responsables de la tragedia
El juez federal Carlos Arturo Ochoa procesó a cinco autoridades de la UNRC y a dos ingenieros de la empresa De Smet como “autores de estrago culposo agravado por la muerte de personas”.

Javier Boretti y Aníbal Demarco. Representantes de la firma De Smet.

Carlos Bortis. Exvicedecano de Ingeniería y presidente de la Fundación de la UNRC.

José Luis Pincini. Exsecretario de Coordinación Técnica y Servicios de la UNRC.

Sergio Antonelli. Responsable del Comité de Seguridad de la UNRC.

Miriam Ferrari y Edith Ducrós. Directora y vicedirectora del departamento de Tecnología Química.

Diego Moitre. Ochoa dictó “falta de mérito” para el exdecano de Ingeniería, puesto que al momento del convenio entre la Fundación de la UNRC y la empresa De Smet estaba de licencia. No obstante, lo procesaron por “incumplimiento de deberes de funcionario público”. Le trabaron embargo por este delito pero confirmaron su falta de mérito respecto al estrago.


El fiscal Maximiliano Hairabedian, del Tribunal Oral 2 de Córdoba, solicitó penas de prisión para cinco de los seis imputados. Sin embargo, consideró que el exvicedecano Carlos Bortis tenía una responsabilidad mayor porque ostentaba ese cargo y el de presidente de la fundación que iba a firmar el convenio con la empresa De Smet -estaban trabajando sobre un borrador-. Para él pidió tres años de prisión efectiva.

En tanto, solicitó tres años de prisión en suspenso para José Luis Pincini, exsecretario de coordinación técnica y seguridad de la UNRC, igual que para Sergio Antonelli; dos años de prisión en suspenso para Miriam Ferrari, y un año y medio en suspenso para Edith Ducrós, directora y vice del Departamento de Tecnología Química.

El 5 de abril de 2013 se confirmó la prisión efectiva de Carlos Bortis y se decidió investigar a Aceitera General Deheza por las explosiones en la UNRC.

El 28 de diciembre de 2015, a ocho años de las explosiones y casi tres del juicio oral, la sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal confirmó por unanimidad las cinco condenas por “estrago culposo agravado”, por la muerte de seis personas.

Al año siguiente, el primero de mayo, Casación confirmó la pena contra Carlos Bortis y éste ingresa a la cárcel de Bouwer. Tras estar 16 meses detenido, el 30 de agosto de este año salió con libertad condicional.

Demanda millonaria
Familiares de las víctimas firmaron un acuerdo de conciliación por las demandas civiles ante un conjuez federal y renunciaron a la querella. Los resarcimientos fueron pagados por De Smet, una ART y la UNRC.

¿Cómo sigue la causa?
Sigue abierta la causa en la Fiscalía Federal de Río Cuarto luego de que el Tribunal Oral ordenara que se investigue la presunta responsabilidad del exrector Oscar Spada y de las empresas De Smet y Aceitera General Deheza (AGD) en la tragedia que marcó a la Universidad para siempre.

Por qué y cómo explotó: qué dice el expediente judicial

El 5 de diciembre de 2007 una explosión en la Universidad provocaba seis muertes. Una herida abierta en Río Cuarto que cumple 10 años.

El 23 de noviembre de 2007 llegan a la UNRC, en un transporte de la firma Oliva Hermanos, 13 tambores con 2.300 litros de Esso Hexano. Fueron comprados a la empresa Gafor, por Aceitera General Deheza, a pedido de la firma multinacional De Smet.

Los tambores son recibidos por Javier Boretti, representante de De Smet en el convenio marco acordado con el Grupo de Investigación y Desarrollo de Productos Oleaginosos (Gidpo), de la UNRC, dirigido por Miguel Mattea.

Se habían programado cuatro ensayos en el marco de una experiencia de extracción de aceites a través de semillas vegetales. Estaban los tambores dentro de la Planta Piloto de Ingeniería. Los investigadores no se explican por qué no se acondicionó un tanque para hexano de tres mil litros que la planta tenía afuera.

En una reunión del Departamento de Ingeniería Química, se discutió sobre seguridad y el grupo dirigido por Mattea se comprometió a trabajar después de las 18, cuando cesaba la actividad estudiantil en la planta. En materia de seguridad, se colocan carteles de no fumar, cintas perimetrales y un extractor “atado con alambre” en una ventana.

A las 9.55 del miércoles 5 de diciembre, el alumno Juan Politano y el técnico de De Smet, Diego Bonazza, ponen en funcionamiento una bomba centrífuga que hace circular por una cañería una mezcla de 30 por ciento de aceite y 70 por ciento de hexano (miscela). Supuestamente, la preparaban para el último ensayo que se haría a la tarde.

Según las testimoniales, se produce un derrame junto a la pared interior oeste. Politano trata de colocar una manga corrugada con un extractor, para absorber los gases. Bonazza, de desconectar la bomba del tablero de mando.

Mientras, una ayudante de laboratorio de la planta baja intenta esterilizar un material en un laboratorio y enciende el mechero de una autoclave. Una llamarada desata entonces el infierno.

Nos partió en mil pedazos”, la sensación del actual rector Rovere

En 2007, Rovere era secretario general de la Universidad, pero además integraba una “comisión de seguridad” formada tras una explosión anterior, de un horno. Una herida abierta en Río Cuarto que cumple 10 años.

El rector Roberto Rovere admite que la reconstrucción interna de la Universidad Nacional de Río Cuarto es “el gran desafío”, en medio del dolor y de las diferentes opiniones sobre las responsabilidades por aquella tragedia de hoy cumple una década.

En 2007, Rovere era secretario general de la Universidad, pero además integraba una “comisión de seguridad” formada tras una explosión anterior, de un horno.

Ahora, plantea que, aunque se avanzó mucho en materia de seguridad, cada actividad que hoy se realiza “genera una preocupación grande”. Manifiesta que la toma de conciencia “debe ser permanente” porque el relajamiento “no es un problema sólo de la Universidad, sino de toda la sociedad”.

- ¿Por qué se produjeron las explosiones?

- Hubo una serie de causas, una fundamental tiene que ver con el poco valor que hasta ese momento se les daba a los riesgos. Si uno recorre instalaciones públicas se da cuenta de que hay situaciones de hacinamiento y falta de seguridad y un exceso de confianza. Nos habituamos a trabajar sin las condiciones adecuadas, y la falta de fondos presupuestarios se suma a la situación de dejadez o de conformismo de los trabajadores. El relajamiento en seguridad es un problema serio.

- ¿Qué impacto tuvo?

- Fue una gran confusión en los primeros días, difícilmente uno llegaba a tener una dimensión de la gravedad de los hechos, de todo el dolor que significó el accidente, en los días posteriores, con la pérdida de vida de compañeros de trabajo y de un estudiante. La magnitud y el impacto que han tenido nos han marcado mucho, y el desafío sigue siendo reconstruirnos hacia adentro. Algo estamos logrando, cambiando. El 5 de diciembre no sólo es una fecha de conmemoración, sino de toma de conciencia.

Qué cambió

- ¿Se supera la división interna?

- Costará bastante, es el desafío más grande de nuestra Universidad. Hoy estamos, a 10 años, con un fallo definitivo de la Justicia contra compañeros que desempeñaban funciones de gestión, compañeros que han perdido a compañeros de trabajo, familiares que han perdido a seres queridos. Se generó un debate muy amplio en torno a las responsabilidades, las condiciones de seguridad, las vinculaciones institucionales y con empresas. Hoy, cada vez que hay una propuesta de protocolo con empresas, se ve el tema de los seguros y de cuestiones que se desconocían. Se controla todo más.

- ¿Qué les diría a los familiares de las víctimas?

- Más allá de compartir con ellos el dolor, probablemente podemos tener visiones diferentes de lo sucedido. Quizás todavía falta para terminar de conocer la verdad, porque las instancias jurídicas tampoco están concluidas. Lo importante es que como institución lo que queremos es un acercamiento mayor con los familiares (...) De a poquito se van construyendo esos puentes, que son necesarios no sólo con quienes estamos al frente de la institución, sino con los propios compañeros de trabajo porque esa división que se generó fue en distintos sentidos. Realmente esto nos partió en mil pedazos. Poco a poco iremos reconstruyéndonos.

Fuentes:
Denise Audrito, Una herida abierta en Río Cuarto que cumple 10 años, 05/12/17, La Voz del Interior. Consultado 05/12/17.
Lisandro Tosello, Explosiones UNRC: una década de dolor, 05/12/17, La Voz del Interior. Consultado 05/12/17.
Por qué y cómo explotó: qué dice el expediente judicial, 05/12/17, La Voz del Interior. Consultado 05/12/17.
“Nos partió en mil pedazos”, la sensación del actual rector Rovere, 05/12/17, La Voz del Interior. Consultado 05/12/17.

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