
Una sentencia histórica contra el Estado lleva casi una década sin cumplir. Miles de familias aún no fueron trasladadas y están en riesgo sanitario.
por Juan Castro
La foto se
repite. Permanece prácticamente intacta. Plomo en la sangre por la
cercanía a uno de los ríos más contaminados del mundo. Parásitos
intestinales por el agua turbia. Ratas a las que la gente del lugar
bautizó como “perros” impresionados por su gran tamaño. Nacer y
vivir a la vera del Riachuelo. Éstas son las historias de miles de
familias que esperan algo que va a contramano del calendario: que se
haga lo que hace casi diez años pidió la Corte Suprema, que se
solucione el drama de vivir y morir sobre la podredumbre del
Riachuelo, “una de las causas estructurales más importantes de
América Latina”, según el Ministerio Público de la Defensa.
En 2004, hartos del olor, los dolores de cabeza y el miedo cada vez que abrían una canilla para llenar la pava, un grupo de vecinos demandó al Estado por la contaminación del Riachuelo. Se convirtió en la Causa Mendoza (CSJ 1569/2004), un hito tribunalicio donde la Corte Suprema de Justicia condenó el 8 de julio 2008 al Estado nacional, a Provincia y a la Ciudad. Les pidió garantizar la salud de los orilleros, mejorar el ambiente y reducir daños. Ellos contestaron con la creación de la Autoridad Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR).
Su plan de
cuidado ambiental y humano incluyó liberar las orillas y hacer
paseos públicos (hasta 35 metros de Camino de Sirga en ambas
márgenes). Desde hacía décadas estaban pobladas por villas y
asentamientos precarios. Había (hay) que trasladar, según datos
oficiales de hace siete años entre Ciudad y Provincia, a más 17 mil
familias de 16 asentamientos.
Desde 2011 se
realizaron algunos traslados (apenas 138 familias) pero los que
quedaron están en alerta sanitaria. ACUMAR informó en 2013 que el
25% de los niños que viven en las orillas tienen plomo en sangre. El
estudio se hizo en la zona de la Villa 21-24, pero “en la 26 hay un
montón de casos y no se estudiaron”, reprochó ante El Destape
Gustavo Moreno, asesor de menores de la Cámara en lo Contencioso
Administrativo. “Esta demora en hacer la obra pública implica que
los chicos se van a seguir contaminando”, agrega. De hecho, hoy
sigue vigente la Emergencia Social, Urbanística, Ambiental y
Sanitaria de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Ley Nº 5.628).
“La sentencia
tiene ocho años, los plazos que la Corte fijó están vencidos y la
situación va empeorando porque en el año 2016 no se cumplió con la
relocalización”, dice Luis Duacastella Arbizu, Defensor General
Adjunto en la CABA. A mediados de 2015 se habían mudado cerca de
tres mil familias de Ciudad y Provincia, según el entonces titular
de ACUMAR, Julio Torti. Pero los números son engañosos. “La
población natural en estos diez años se incrementó un tercio, si
no se soluciona ya, no van a hacer nunca las viviendas necesarias”,
agrega Duacastella.
“Seguimos acá
y eso significa que los hijos de nuestros hijos vienen al mundo con
el riesgo de tener plomo en sangre. Son ocho años de incumplimiento.
Una generación y que encima no está censada”, dice Teresa, una de
las primeras habitantes del asentamiento Lamadrid.
Falta de fondos,
cortocircuitos políticos, quiebra de las empresas contratadas para
las obras, usurpaciones de las tierras. Muchos fueron los atenuantes
en la demora. En noviembre, la Corte Suprema de Justicia convocó a
una audiencia pública. Sus conclusiones las volcó en un fallo del
27 de diciembre. Si bien no escuchó a los vecinos de los
asentamientos, hizo notar las deficiencias en el proceso de
urbanización y traslado, asumido en 2008 con el fallo del a Causa
Mendoza. Para ACUMAR representa un tirón de orejas. A más tardar el
1 de marzo deberá informar cuándo y cómo va a trasladas a las
familias restantes y garantizar las condiciones sanitarias de los
residentes de orilla.
“La presión de
la Corte ahora es más fuerte porque se hizo evidente la falta de
gestión de la causa”, dice la abogada Ana lanziani, que integra el
Equipo de Abordaje Territorial 1 del Ministerio Público de la
Defensa (Poder Judicial CABA), que representa a los vecinos en el
caso.
El apuro de la
Corte se mecha con el nuevo perfil de la administración porteña. A
pesar de haber cajoneado años la urbanización de villas, ahora las
impulsa con gran velocidad. Otros, como Duacastella o el delegado de
Lamadrid consultado por este medio, ven una concordancia con
desarrollos inmobiliarios: Lamadrid coincide con el Distrito de las
Artes (como el Tecnológico de Patricios, allí no se cobra ingresos
brutos a quienes desarrollen una actividad relacionada) en los
predios de la Comuna 8 van a lindar con la Villa Olímpica de los
Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. “Es llamativo que estos
barrios tengan impulso cuando están ligados a emprendimientos
inmobiliarios”, se muestra escéptico el letrado.
El Destape
consultó a ACUMAR cuáles serán los próximos pasos y cómo hará
frente a los pedidos del a Corte. “Cambiamos autoridad esta semana.
Nadie oficialmente puede dar respuesta. El 23 vamos a tener una
relocalización en Villa Jardín en Lanús”, expresaron sus
voceros.
“En Provincia
la mayoría de las márgenes se relocalizó. En Villa Inflamable, en
La Matanza. El grueso queda en Capital”, explica Antolín
Magallanes, ex funcionario de ACUMAR (2013-2015). “Es una tarea
ciclópea, es muy difícil de resolver porque a veces hubo problemas
con las obras que se paraban”, añade y cuestiona: “Ciudad hizo
poco y nada de vivienda, las ex autoridades del IVC hoy están en
ANSES, ese tipo de funcionarios priorizaron para las jubilaciones”.
La villa 21-24 es
la más populosa del proceso. Se compone estimativamente de 1338
familias. En estos años se trasladó a 110 (se pensaban 220) al
Complejo Padre Mugica (General Paz y Castañares). Las restantes 840
quedarán en Barracas. Irán a Iguazú 1835 (ex predio Mundo Grúa).
Tenían que estar antes de enero de 2013, hoy siguen a la vera del
Riachuelo.
“Se tienen que
ir 53 familias más en el transcurso de este año pero como están
dadas las condiciones es bastante difícil que pase. Este proceso de
relocalización de las familias que faltan completar el cupo de las
220 que nos impuso el juez Armella en su momento”, dice Mario
Gómez, delegado de la Manzana 29 de la Villa 21-24, afectada por la
relocalización.
El otro caso
latente es la Villa 26. En los papeles judiciales, desde mediados de
2012 todos sus habitantes están trasladados. Sin embargo, de las 220
familias que lo componen, 108 fueron a Luzuriaga 837. A la vera del
Riachuelo Serafina Falagán, presidenta de la Villa, recibe a El
Destape. En el comedor que administra están reunidos vecinos para
aprender a hacer insecticida casero y combatir así al dengue. Las
ratas y cucarachas de alcantarillas que salen de los baños se
combaten con escobillonazos y nervios de acero, dice ella. En cuando
a la causa, se queja de que “los jueces recién ahora apuran y
Ciudad ahora por el fallo se mueve, me pasé años y años pidiendo,
sugiriendo terrenos y nada; recién ahora”. Aún así, lo que
muestra es más esperanza que rencor. “Todo esto es fruto de la
lucha, pero cuánto que se extiende”, suspira Serafina.
Para los vecinos
de Lamadrid, a metros del Riachuelo y techados por la AU La Plata,
Ciudad compró cinco terrenos. A algunos les ofrecieron créditos
hipotecarios para mudarse a Provincia, pero otros vecinos quisieron
quedarse en el barrio. Van a remover los escombros de las viviendas
de Pedro de Mendoza y Suárez, de vecinos que tomaron créditos y se
mudaron lejos del barrio. En su lugar habrá una plaza. “Tenemos
derecho a la ley 2240, para que nos relocalicen en zona, es anterior
al fallo de la Corte y de la lucha de los compañeros”, explica
Osvaldo De Marco, uno de los delegados.
El traslado en
algunos casos tampoco fue una solución. “Esta semana me avisaron
que mataron otro pibe en el complejo Mugica. En año nuevo también
pasó, hay una falta de estado para prevenir estos hechos de
violencia”, lamenta Duacastella al habla con este medio.
Familias del
Camino de Sirga denuncian que en este predio de General Paz y
Castañares hubo muchos hechos de violencia y que la situación no
parece mejorar. “Los que se trasladan tienen que convivir con
vecinos de otros asentamientos. Tanto es así que tuvimos que
lamentar pérdidas humanos en estas cuestiones. Mataron pibes
jóvenes, fallecieron en confrontaciones, la convivencia es muy
difícil”, cuenta Mario Gómez.
Serafina nos
cuenta la charla que mantuvo con una vecina orillera trasladada al
predio de Lacarra. “Ella me decía “yo tengo ganas de irme,
vender, irme, es un caos, tiros robos”, me decía, es muy terrible,
por eso hicimos presión ante el gobierno para no ir a esos predios”.
Duacastella habla
además de las dificultades del desarraigo: “En la zona de Barracas
y La Boca tienen centros de salud, las escuelas. A los barrios donde
los mudan no hay infraestructura para recibir a una población
vulnerable, se les hace más difícil”.
Tras el fallo de
la Corte, el juez Jorge Rodríguez se entrevistó con vecinos del
Camino de Sirga. Al escucharlos decidió que no se realice ninguna
relocalización en el barrio Mugica.
Los referentes de
los asentamientos hablan con las autoridades porteñas (IVC) a través
de mesas bimestrales. En el caso de Lamadrid, la última fue en
diciembre, esperan tener la próxima en marzo, cuando coincida con la
presentación de ACUMAR. “Esperemos que todo lo malo que vivimos se
termine pronto con los nuevos predios, que, después de casi diez
años de hacer lo mínimo, no se haga todo de apuro para una
especulación inmobiliaria o para la foto”, advierte Osvaldo De
Marco, referente de Lamadrid.
Fuentes:
Juan Castro, A 8 años del fallo de la Corte, los chicos del Riachuelo siguen muriendo por plomo en sangre, 19/01/17, El Destape. Consultado 25/01/17.
La obra de arte que ilustra esta entrada es "Riachuelo" del artista Oscar Vaz.
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