Durante
una semana, mientras su pueblo se transformaba en una Venecia decadente con
calles ocultas bajo ríos, casi todos los habitantes de Pozo del Molle se fueron
preguntando de dónde sale tanta agua.
por
Fernando Colautti
Durante
una semana, mientras su pueblo se transformaba en una Venecia decadente con
calles ocultas bajo ríos, casi todos los habitantes de Pozo del Molle se fueron
preguntando de dónde sale tanta agua.
Nunca
el pueblo se inundaba y en un par de años se tapó de agua varias veces. Muchos
repiten aún que llega por un desvío del río Tercero que, de manera intencional
y secreta, se hizo para bajar el caudal y evitarles nuevas inundaciones a Villa
María y a Bell Ville.
Ese
río está a lejanos 80 kilómetros, este año no tuvo crecidas importantes y
generar un desvío que nadie perciba resultaría una hazaña tan extraña como
impedir que llueva por decreto. Sin embargo, la creencia se instaló, ante la
falta de respuestas oficiales a la pregunta del millón.
De
dónde sale tanta agua es el interrogante que se repite en media provincia.
Asoman
algunas evidencias. Ha llovido mucho más de lo habitual y por tercer año
consecutivo, por lo que los suelos en ciertas regiones llanas ya no absorben
más agua.
Se
suman napas sobrecargadas que ya rozan el suelo. Los campos no retienen ni una
gota y sólo la derivan, lo que genera una masa hídrica que se agiganta, en un
fenómeno facilitado por la ausencia crónica de tareas de conservación de suelos
rurales.
Hay
más: en los últimos años, casi desapareció el trigo en invierno y bajó la
rotación con maíz en verano. Con sólo soja, el consumo agrícola de agua se
redujo.
Y
se agrega otro factor clave: poco se hizo para evacuar planificadamente los
excesos hídricos mediante canales rurales.
Ahora,
ante la evidencia, aparecen los anuncios de canalizaciones por venir.
Fuente:
Fuente:
Fernando Colautti, La pregunta del millón, 17/04/16, La Nación. Consultado 17/04/16.

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