sábado, 15 de junio de 2013

Ferrocarriles: otro capítulo de una década perdida


La tragedia ocurrida en Castelar volvió a poner de manifiesto la desastrosa política ferroviaria y la desidia con que el Gobierno actuó en los últimos años.

El nuevo escenario de horror vivido anteayer en la estación Castelar de la línea Sarmiento, a 16 meses de la tragedia de Once, demuestra a las claras el deterioro de nuestra calidad de vida y la desidia con que se ha manejado y se sigue manejando la política ferroviaria en la Argentina.

Como señaló La Nación a pocas horas de producirse la masacre de Once del 22 de febrero del año pasado, resulta inadmisible que en pleno siglo XXI un tren no pueda frenar a tiempo y provocar un desastre, incluso cuando mediaran fallas humanas.

También resultan inadmisibles las excusas de funcionarios que, rápidamente, pretendieron ampararse en la presunta responsabilidad del maquinista del tren de pasajeros que embistió a otra formación que se hallaba detenida en la estación de Castelar. Mucho más, que el ministro del Interior y de Transporte, Florencio Randazzo, intente escudarse en que no puede resolver en un año problemas que se arrastran desde hace cincuenta. Porque lo cierto es que diez años de gestión kirchnerista, que el propio gobierno vende al mundo como la "década ganada", es demasiado tiempo como para que viajar en tren siga siendo una aventura poco menos que temeraria.

Si efectivamente se hubiera tratado de un error del motorman, ¿deberían resignarse los usuarios de los servicios ferroviarios a que una distracción o un súbito desmayo del maquinista pueda provocar una catástrofe? Cuesta creer que la línea Sarmiento no contara con mecanismos de seguridad adicionales, por cierto bastante elementales, para que una formación se detenga automáticamente si quien la guía no respeta una señal roja. Ésa es una de las explicaciones que deberán dar tanto el concesionario de la línea como las autoridades a cargo de su control.

El enorme atraso en materia de seguridad ferroviaria de nuestro país se puede advertir a partir de un informe publicado recientemente por La Nacion, que mostró amplia y minuciosamente cómo se viaja en una línea urbana española y cómo en una similar en la Argentina. Se trata de datos de la realidad, de los que no pueden disfrazarse con cifras porque forman parte de la vida diaria y están a la vista de todos.

En la línea C5, que transporta hasta 300.000 pasajeros por día entre el suburbio de Humanes y la terminal madrileña de Atocha, hay puntualidad, pulcritud, comodidades y un elevado nivel de seguridad; en el tren del Sarmiento, que une Moreno con Once, exactamente todo lo contrario aunque, eso sí, se cuenta con la posibilidad de que muchos puedan viajar sin pagar boleto, no por generosidad de quienes deben cobrarlo, sino por el descontrol que impera en andenes y vagones. Conmueven dos imágenes de ese informe periodístico: la que muestra en el tren español a un hombre cómodamente sentado utilizando su tableta y la que a diario deja ver, en el ferrocarril argentino, a personas viajando en un furgón, literalmente como animales.

En sus múltiples discursos por la cadena nacional, en varios de los cuales suele recomendar a otros países hacer lo que el kirchnerismo hizo en la Argentina, la presidenta Cristina Kirchner no habla de los ferrocarriles. Tampoco lo hace desde sus recurrentes mensajes a través de la red social Twitter, y es entendible. ¿Qué podría decir de un servicio que está directamente bajo su órbita y que se llevó tantas vidas no obstante los 37.500 millones de pesos que teóricamente se invirtieron en él desde el comienzo de la década K?

Semanas atrás, el ministro Randazzo había anunciado la compra de 300 vagones para la línea Roca, con una inversión de 327 millones de dólares, y explicó que los nuevos coches empezarían a funcionar a mediados de 2014. Se trató de un nuevo anuncio que suena faraónico y cuya concreción, suponiendo que los plazos se cumplan, suena lejana frente a un presente en el cual las políticas del ministro no han servido aún para lograr algo tan mínimo y elemental como que los trenes viajen con sus puertas cerradas o frenen a tiempo, para no estar permanentemente al borde de nuevas tragedias, como la que acaba de producirse en Castelar.

Se anunció gran cantidad de obras de arreglo de vías y estaciones, pero en forma caótica y desordenada, llevando al Sarmiento materiales acopiados para obras planificadas y contratadas en otras líneas de la red. El objetivo, mostrar a cualquier precio resultados rápidos.

Por otro lado, se puso el foco en el tema de la inversión, recurrente caballito de batalla de quienes desconocen los problemas e ignoran que tan importante como invertir es mejorar la gestión, la disciplina y la productividad laboral. Se encararon proyectos de todo tipo, haciendo estudiar por los dispersos niveles técnicos del sector ferroviario proyectos variados, pero sin conocerse cómo habrían de financiarse; y sin que nadie en el Gobierno explique por qué, siendo las cosas aparentemente tan fáciles, nada se hizo en los anteriores diez años. Porque si bien los defectos de gestión y las negligencias pueden ser de la responsabilidad de los malos concesionarios -a los que no se controló durante prácticamente toda la década-, la falta de inversión fue exclusiva responsabilidad del Gobierno, puesto que desde el principio de las concesiones ésta fue asumida por el Estado como su responsabilidad.

Como si siguiera observando monstruos ocultos que intentan frenar la posibilidad de que los argentinos tengan una mejor calidad de vida, la Presidenta insistió recientemente en que el país "sigue andando, le pese a quien le pese".

Es de esperar que esa expresión de la Presidenta se traduzca en hechos que permitan que los ferrocarriles empiecen a andar de manera tal que viajar en ellos no continúe significando un martirio y, mucho más que eso, un riesgo para la propia vida.

Las desacertadas políticas en materia ferroviaria y los muertos de Castelar y de Once demuestran claramente que en este rubro clave los diez años de kirchnerismo han sido una década perdida.

"Fallaron los frenos", afirmó el maquinista de la tragedia de Castelar

Se lo dijo por teléfono a un miembro de La Fraternidad, cuarenta minutos después del choque; hoy declara ante el juez; la empresa lo desmiente.

por Gabriel Di Nicola

Habían pasado 40 minutos de la tragedia. Todavía en estado de shock, Daniel López, el maquinista del tren 3727 Chapa 1 de la línea Sarmiento, que anteayer chocó a otra formación a metros de la estación Castelar, afirmó en una comunicación telefónica: "Los frenos fallaron, no me respondieron".

El interlocutor de López fue Horacio Caminos, secretario de prensa de La Fraternidad, el gremio que agrupa a los conductores de trenes. "El llamado lo hizo poco antes de quedar detenido e incomunicado. En estado de shock alcanzó a decirme que los frenos no le habían respondido", dijo Caminos a La Nación.

López será indagado hoy por el juez federal de Morón Jorge Rodríguez y el fiscal Sebastián Basso, que investigan las causas del accidente que provocó 3 muertos y 315 heridos, y se espera que aporte más precisiones sobre lo ocurrido antes del choque.

En cambio, la Unidad de Gestión Operativa Mitre-Sarmiento (Ugoms), que se hizo cargo del servicio luego de la tragedia de Once en reemplazo de la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA), insistió en que el sistema de frenos funcionaba correctamente.

Ayer, los usuarios de la línea Sarmiento esperaron en fila casi dos horas para poder abordar los colectivos dispuestos por el Gobierno que suplieron la suspensión del servicio en ese ramal ferroviario. El Ministerio del Interior y Transporte anunció que hoy, desde las seis de la madrugada, el tren volverá a funcionar.

Aún permanecen internadas 21 personas en hospitales del conurbano, de las cuales 5 están en terapia intensiva, entre ellas, un menor de 4 años al que operaron para evitar la amputación del pie derecho.

López es representado por la abogado Valeria Corbacho, que fue contratada por la familia del maquinista. La abogada también defiende a Raúl Ahumada, que era el conductor de la formación 3725 Chapa 19, que fue embestida por el otro tren.

Corbacho tiene antecedentes en tragedias ferroviarias. Es la abogada de Marcos Córdoba, el conductor del tren que provocó la tragedia en la estación Once el 22 de febrero de 2012 y que dejó 51 víctimas mortales.

En una conferencia de prensa, Carlos Cosentino, Raúl Abelle, Mario Caminotti, gerente de Infraestructura, gerente de Transporte y gerente de Material Rodante de la Ugoms, respectivamente, repitieron lo que había dicho Florencio Randazzo, ministro del Interior y Transporte pocas horas después de la tragedia: que el sistema de frenos funcionaba correctamente.

En la conferencia de prensa los gerentes afirmaron que la formación Chapa 1, como tenía problemas en el sistema de frenos, fue ingresada en talleres en noviembre pasado.

"Había salido hacía poco de una reparación general y estaba en perfectas condiciones", sostuvo Caminotti. Cosentino explicó que "el sistema de señalamiento funciona, es de origen francés y data de los años ochenta".

El gerente de Infraestructura agregó: "Estamos esperando incorporar un nuevo equipo que incluye un sistema llamado ATP o ATS, que frena la formación sin intervención del maquinista en caso de que se salte una señal de alto", aseguró el dirigente.

En la conferencia de prensa, La Nación consultó a los directivos de la Ugoms si el lunes pasado la formación Chapa 1 volvió a ingresar a los talleres después de prestar servicio entre las estaciones Castelar y Moreno. Sostuvieron que sí, pero explicaron que se debió a una falla en el sistema de calefacción de la cabina del maquinista y no del sistema de frenos, como dejaron trascender luego del accidente fuentes gremiales.

Los directivos que estuvieron en contacto con la prensa se cuidaron de hacer quedar como responsable del choque al maquinista, pero sí repitieron una y otra vez que la formación estaba en condiciones de prestar el servicio con normalidad.

En La Fraternidad, sin embargo, dicen lo contrario. Caminos sostuvo que se trató de problemas en el sistema de frenos. Lo mismo dijo el delegado de la Unión Ferroviaria Rubén "Pollo" Sobrero el mismo día del choque.

"Nosotros queremos ser prudentes y cautelosos. Debemos esperar el dictamen de la Justicia, pero siempre desde el Gobierno y desde la empresa quieren echar culpas al conductor, pero toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es una actitud cobarde querer responsabilizar al maquinista cuando todavía no se tienen los resultados de los peritajes", sostuvo Caminos.

El secretario de Prensa de La Fraternidad no sólo conversó telefónicamente con López antes de que éste quedara detenido. También habló con el maquinista de la otra formación involucrada en la tragedia.

"Ahumada me dijo que después de que su formación fuera embestida se bajó y se dirigió al otro tren, donde encontró a López en estado de shock y golpeado", sostuvo Caminos.

Como ambos conductores quedaron detenidos e incomunicados, ya no pudo hablar más con ellos.

En principio, el juez Rodríguez y el fiscal Basso les iban a tomar declaración indagatoria ayer a los maquinistas, pero como López no recibió aún el alta médica ese trámite se postergó para hoy, según informó la agencia de noticias Télam.

Testigos

Sí declararon dos de los guardas que viajaban en las formaciones y lo hicieron en calidad de testigos y no como imputados, como se informó en un primer momento.

Según informaron a La Nación fuentes judiciales, el guarda que viajaba en el tren identificado como Chapa 1 dijo que en el momento del accidente estaba en uno de los últimos vagones.

Además, según la agencia de noticias DyN, los dos guardas que declararon ayer sostuvieron ante el juez Rodríguez y el fiscal Basso que no hubo "nada fuera de lo habitual" en el funcionamiento de las formaciones antes del impacto.

Siempre según la agencia DyN, los guardas calificaron como "normal" el día de trabajo y aclararon que al momento del accidente no viajaban junto a los conductores.

Según una fuente de la investigación, aún falta declarar como testigo otro guarda que estuvo en el tren Chapa 1.

Ayer, en la conferencia de prensa, los gerentes de Ugoms entregaron documentación para respaldar que la formación Chapa 1 estaba en condiciones de prestar servicio con normalidad.

Según la documentación, los trenes se encuentran "habilitados desde el 11 de marzo pasado por el Consejo de Profesionales de Ingeniería, Mecánica y Electricista".

La documentación que entregaron los directivos de la Ugoms es coincidente con la explicación que hizo el ministro del Interior y Transporte anteanoche en la Casa Rosada sobre cómo la formación Chapa 1 comienza "una aceleración en forma continua de 0 a 61 kilómetros por hora, velocidad a la que se registra el impacto y una brusca desaceleración a cero".

"Después de escuchar las declaraciones de los testigos y las indagatorias de los maquinistas -imputados de estrago doloso seguido de muerte- tendremos que hacer un análisis con los resultados de los peritajes hechos en las formaciones que protagonizaron el choque", sostuvo a La Nación una fuente judicial.

El resumen de otro drama

Quedan 21 heridos internados en 5 hospitales

$ 22 En subsidios por pasajero Es la cifra que el Estado gasta por cada usuario del ferrocarril, para que viajen de la peor manera 
En terapia intensiva Aún hay cinco heridos internados en terapia intensiva. Otros 16 siguen en los hospitales, pero con heridas menores
180 Colectivos gratuitos Los que dispuso el Gobierno para suplantar el suspendido servicio ferroviarios del Sarmiento
En medio del caos se impuso la solidaridad

Vecinos de las cuadras próximas a las vías del tren donde se produjo el accidente dejaron todo para colaborar.

Ida Figueroa

Abrió las puertas de su casa a los heridos y a los médicos de emergencias


Ida vive en Rivadavia y Lobos, justo enfrente de donde se produjo el impacto entre los trenes. Se despertó al escuchar la colisión, y ni bien empezó a ver llegar los primeros heridos, no lo dudó: les ofreció su casa como punto de reparo. "La gente que salía de los trenes, desorientada y con lastimaduras, empezó a sentarse en las veredas y los frentes de las casas. Abrí la puerta y de repente había personas con quebraduras, cortes... No podía dejarlos ahí tirados", explicó a La Nación. Como hasta ese momento había llegado sólo una ambulancia con un médico, que no daban abasto para atender a todos, ella sacó un colchón y lo puso en el living de su casa para que pudieran recostarse los heridos más graves. Les dio sábanas y una manta. Más tarde, cuando llegaron los médicos, su casa se convirtió, durante unas horas, en una sala de enfermería: ahí se curaron torceduras, quebraduras y cortes. A médicos y pacientes les preparó té y café. Ayer, a un día de la tragedia, miraba las vías y recordaba: "Fue muy triste, espero que no se repita nunca más".

Daniel Fernández

Ayudó a la gente que salía de los vagones a cruzar el vallado hasta la calle


Antes de las 7, en los minutos previos al accidente, Daniel se acercaba al puesto de seguridad de Navarro y Rivadavia para empezar su turno de vigilancia. Tras intercambiar unas palabras con Oscar, el otro cuidador, escucharon primero un chirrido y después la explosión. Según recuerda, luego de unos segundos de silencio y del apagón de luz de los vagones, empezaron los gritos. Se acercaron hasta las rejas que separan la vía de la calle y vieron a la gente que salía del tren y se topaba con el vallado, y a los que pedían a gritos, desde los vagones, que les abrieran las puertas. Con una linterna del puesto de seguridad, Daniel iluminó las vías oscuras y ayudó a los pasajeros a cruzar la reja; entre ellos, un joven con un corte muy profundo en el pie. "Venía muchísima gente lastimada, la mayoría con golpes en la cabeza", recordó Daniel. Más tarde, con la llegada de las ambulancias, en el terreno baldío de la esquina se montó una carpa para heridos. Mientras tanto, él y Oscar iban y venían de la esquina a las casas de los vecinos, con sábanas, frazadas, puertas y bidones con agua.

Teresa Castellanos

Colaboró con mantas, frazadas y materiales junto a su familia


Como hace poco su casa estuvo en obras, Teresa no dudó en donar maderas, tablones, andamios y planchas de poliuretano que ya no usaba, y que terminaron convirtiéndose en camillas para trasladar a los pasajeros heridos del Sarmiento. Además de materiales, esta vecina de Castelar ofreció toallas, frazadas y sábanas: "Fue una solidaridad increíble entre los vecinos", destacó, mientras recordaba el trajín en la cuadra de quienes se dispusieron a ayudar. Al igual que los demás, ni bien se despertó se encontró con la imagen de la tragedia: "Vimos algo terrorífico. La gente salía del tren aturdida y no había nadie que los atendiera", recordó. Su cuñado, junto con Daniel Fernández, el cuidador de la esquina, llevaron los materiales hasta las vías y ayudaron a los heridos. Más tarde, sus hijas se sumaron a la partida. María Teresa, una de ellas, se encargó de ofrecer mantas. "Esa mañana hacía calor, pero la gente estaba tan asustada, y algunos estuvieron sin atención durante tanto tiempo, que igual sentían frío", comentó. Y agregó: "En casos así, lo primero que te sale es ayudar".

Miedo compartido: los usuarios del Sarmiento, resignados a enfrentar lo peor

Ayer tuvieron que hacer fila durante una hora y media para viajar, durante otra hora y media, desde Moreno hasta Once en los ómnibus que dispuso el Gobierno; miles de pasajeros del ferrocarril comparten penurias y esperan soluciones.

por Felicitas Sánchez

Ayer, a las 7 de la mañana, la estación Moreno estaba repleta, como todos los días. La única diferencia es que, por esta vez, la gente esperaba, en largas filas, del lado de afuera. Aguardaban turno para tomar alguno de los colectivos gratuitos que dispuso el gobierno nacional como refuerzo por la suspensión del ferrocarril Sarmiento, tras el choque de trenes en Castelar.

Los miles de personas que tenían que viajar hacia la Capital abarrotaron la terminal y la fila de pasajeros atravesó por completo la estación. La interminable hilera doblaba por las esquinas, se bifurcaba según la ubicación de las diferentes líneas, continuaba a lo largo de la vereda, subía por las escaleras de la estación y terminaba del otro lado, luego de cruzar el puente peatonal. Toda la estación, en síntesis, envuelta en una enredadera humana.

La llegada y la salida de ómnibus era casi constante. Según informó Télam, el Ministerio del Interior y Transporte dispuso un total de 185 colectivos que comenzaron a circular a las 5 de la mañana de ayer, desde las estaciones Moreno, Merlo, Padua e Ituzaingó, y hacia la estación de Once. Sin embargo, no fueron suficientes para evitar estas colas, las demoras y los colectivos repletos.

"No se puede creer, tengo una hora de espera para subirme. Voy a llegar tarde a trabajar, y volver a casa va a ser otro desastre. Lo de siempre", se quejaba Nora Laizarraga, una usuaria frecuente del Sarmiento.

La cantidad de colectivos diferentes (no todos iban a las mismas estaciones) y la inevitable superposición de las diferentes filas generaron además mucha confusión e irritación entre los pasajeros, que no entendían dónde esperar. "Se supone que ésta es la cola que va a Once, pero no estamos seguros porque nadie nos dice", reclamó la pasajera Raquel Almeda. "¿Acá es la cola del 1? ¿Esta fila es para ir a Ituzaingó?", preguntaba la gente casi desesperada ante la posibilidad de esperar durante una hora el colectivo equivocado.

"La gente se pelea, nadie entiende adonde tiene que ir, hay una desorganización total", se quejó Juan Martinela, un gasista que utiliza el tren en forma diaria.

"Además, nos toca este lío; tener que esperar parados afuera justo hoy que hace este frío de morirse parece un chiste", agrega Paula Repeto, empleada de un comercio de Once.

Si bien había coordinadores, éstos estaban ubicados cerca de donde llegaban los colectivos, y con tanta gente y con filas tan largas no era fácil llegar a ellos o conseguir una respuesta. Así, mucha gente abandonaba su lugar en la fila después de un rato al descubrir que efectivamente se había equivocado. "¿Cómo que este colectivo sólo va a Merlo? ¿Tengo que volver a empezar?", exclamó angustiado un señor que rápidamente se perdió entre la muchedumbre.

A las 7:15, la cola para subirse a uno de los colectivos que llegaban hasta la estación Once era de alrededor de tres cuadras, y la espera era de una hora y media.

Los ómnibus partían llenos. Un coordinador que se encontraba orientando a los pasajeros explicó que en general llevan alrededor de 50 personas, pero que estaban subiendo aproximadamente 70 pasajeros por viaje. Muchos tuvieron que viajar parados durante todo el trayecto.

El recorrido que hace el tren entre las estaciones de Moreno y Once tarda alrededor de una hora, pero el ferrocarril para en todas las estaciones intermedias. Estos colectivos, en cambio, iban directo para Once, sin detenerse en el camino, y tomaban la autopista. Sin embargo, el tránsito a esa hora es lento, y el recorrido demoró una hora y media.

Entre la espera y el recorrido, la gente tardó tres horas en llegar hasta la estación Once, tres horas que transcurrieron de pie, apretados y con frío. Cuando llegaron a Once muchos todavía tenían que tomarse el subte hasta su lugar de trabajo, pero ya estaban agotados a pesar de que el día recién comenzaba.

Rehenes del tren

Ángela Guevara vive en Moreno y trabaja como empleada doméstica en Capital Federal. El 22 de febrero del 2012, el día que ocurrió el terrible accidente de Once que se cobró la vida de 51 personas, ella no estaba en el tren con sus dos hijas por una casualidad de último momento que la llevó a esperar la formación siguiente. Pero fue tal el terror que le produjo la situación que necesitó la ayuda de una psicóloga para superar el miedo a subirse al tren de nuevo. Finalmente, este año, había vuelto al Sarmiento, y lo estaba usando para ir todos los días a trabajar. Pero el jueves, una vez más, se salvó de estar en el choque: se había tomado un día de franco para hacer trámites.

"Yo no me voy a tomar más el tren. Me da pánico. Tardo mucho más en colectivo, y el viaje me sale más caro, pero ya no me importa perder tiempo y dinero, no creo que pueda volver a superar este miedo", explicó ayer mientras esperaba junto a miles de personas en la estación de Moreno.

Al igual que Ángela, miles de personas ya dejaron de utilizar el ferrocarril Sarmiento. Según la dudosa estadística de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (CNRT) en febrero de 2012 viajaron 5.060.360 pasajeros. Un año más tarde, y después de que ocurriera la tragedia de Once, el número de pasajeros descendió a 951.900, una caída del 81,2 % en la cantidad de usuarios. Claro está, los números no cuentan a los que viajan sin pagar. Que también son muchísimos.

Sin embargo, a diferencia de Ángela, otras personas no encuentran una alternativa al tren. En el mes de abril de este año un promedio de 36.694 personas por día utilizaron el Sarmiento. Hoy, ante la falta de alternativas, se resignan a viajar no sólo con las demoras y el hacinamiento, sino con el miedo de no saber lo que puede pasar en el trayecto.

"El jueves tomé el tren anterior al que chocó, esto me da mucha impresión. Pero a pesar del miedo que me quedó, voy a volver al Sarmiento porque no tengo alternativas. Los colectivos también van llenos de gente, tampoco respetan el horario, y además tardan más. Me parece casi igual de inseguro", señaló Rocío Rojas, de 24 años.

Yeni Subelza, empleada de un lavadero en Once, coincidió con Rocío en que "viajamos con miedo, pero no tenemos más remedio. El colectivo también es inseguro, pero además tarda más y es más caro. No queda otra". Yeni hoy salió de su casa a las 6:45 para poder llegar a su trabajo a las 10.

Ricardo Miñio, un albañil que vive en Moreno, pero que trabaja en el centro porteño, contó que se salvó de estar en ambos choques. El 22 de febrero de 2012 se bajó dos estaciones antes de que la formación se estrellara contra el paragolpes de la estación Once. Este jueves la tragedia lo volvió a esquivar cuando se tomó el tren siguiente al que chocó a la altura de Castelar. Cuando tuvo que abrir las puertas del vagón, bajarse en el medio de las vías y encontrar una manera de llegar a su trabajo, no se imaginó que había ocurrido algo tan grave. "No sé si la próxima vez voy a tener la misma suerte, pero lo tengo que tomar por más miedo que me dé", concluyó Ricardo.

Los que se sienten atrapados y sin alternativas

Los usuarios del Sarmiento no se sienten seguros, pero no pueden dejar el tren. Los colectivos no tienen horarios y tardan más. Afirman que no tienen alternativas
Juan Martinela (gasista): "No me queda otra opción. Viajar en tren es riesgoso, pero tengo que ir a trabajar"
Clara Caballero (empleada doméstica): "Me tengo que tomar el tren de lunes a sábado. Me da miedo, preferiría no hacerlo, pero no tengo alternativa para llegar"
Raquel Almeda (encargada de portería): "Viajo con miedo. Cuando el tren se sacude un poco de más, o hace algún movimiento brusco, ya me asusto"
Rocío Rojas (empleada de Comercio): "Viajar en tren es inseguro, pero voy a seguir usándolo, porque los colectivos también van llenos y son peligrosos"
Ricardo Miñio (albañil): "Da miedo viajar así, pero el colectivo es más impuntual y yo no puedo llegar tarde a mi trabajo"
Ángela Guevara (empleada doméstica): "Ahora ya me da terror el tren, no me lo voy a tomar más, aunque tarde el doble en colectivo y salga mucho mas caro"
"Alguna anomalía había en el tren", afirmó el titular del gremio de conductores de tren

Omar Maturano descalificó las afirmaciones del ministro Randazzo y aseguró que es "mentira que se hayan pasado tres señales de peligro".

El jefe del gremio de conductores de trenes La Fraternidad, Omar Maturano, aseguró hoy que "alguna anomalía había" en los trenes que chocaron en Castelar y descalificó afirmaciones del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, al advertir que "es mentira" que el maquinista haya "pasado tres señales de peligro". Maturano afirmó que en el gremio "somos cautos" porque "no podemos decir ahora quién tuvo la culpa" del desastre ferroviario que dejó 3 muertos y centenares de heridos: "Esperemos lo que diga la justicia", indicó.

En declaraciones a radio Mitre, sostuvo que "alguna anomalía había" en el tren que embistió a otro que estaba detenido en las cercanías de la estación Castelar, dirección a Moreno, según consigna la agencia DyN.

"Esa formación (la involucrada en el accidente) la rechazamos varias veces, fue al taller, donde fue reparada. Pero cuando el tren choca, el único coche que no frena fue el del conductor, mientras que los otros siete sí, frenaron todos", recordó. Hoy se supo que el conductor realizó un llamado 40 minutos después de la tragedia afirmando que "fallaron los frenos".

Maturano insistió en remarcar que "no sabemos lo qué pasó" y es la justicia la que debe resolver este tema, pero puso en tela de juicio expresiones de Randazzo , quien sostuvo que el maquinista pasó "tres señales a peligro".

"Es mentira que se pasaron tres señales a peligro. Se pasó una señal de precaución, una apagada y una a peligro. Los conductores se acostumbran a que una señal esté apagada; los muchachos se acostumbran a trabajar con las señales apagadas, los brazos más bajos...", se lamentó.

El jefe gremial reiteró: "Una señal estaba a precaución, la otra apagada y la otra, dicen, a peligro. La que estaba apagada la vi yo: estaba apagada y venía así hacía varios días", enfatizó.

Cuando se le señaló que Randazzo había asegurado que el maquinista del tren que chocó iba a "62 kilómetros por hora con velocidad ascendente", Maturano indicó que "eso lo tiene que decir la caja negra. Estamos esperando que se llame al sindicato" desde la Justicia.

El sindicalista puntualizó que si bien se "están arreglando las cosas" en los ferrocarriles "no sé está dando la seguridad como tiene que darse".

"Las vías, el señalamiento, el material rodante tampoco están como tienen que estar. De acá a diez, doce años tendremos un ferrocarril como el tenemos que tener", finalizó.

Randazzo admite que el Sarmiento no tiene un sistema automático de frenos

por Mariano Obarrio

Acorralado, en medio del fuego cruzado de las críticas de las víctimas y de la oposición, el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, informó anoche que contratará a una empresa china que le proveerá un sistema de detenimiento de emergencia para trenes, con un freno automático y remoto, que se accionará cuando fallen los frenos normales, o los maquinistas ignoren las señales para detenerse.

Este sistema -que es usual y de utilización elemental en todos los ramales ferroviarios del mundo- se instalará en las vías de las líneas Mitre y Sarmiento, según dijo el ministro, en la que quizá fue la principal novedad tras la tragedia de Castelar, anteayer, en la línea Sarmiento, en la que murieron 3 personas y hubo más de 300 heridos.

Este freno automático es lo que nunca tuvieron los trenes del Sarmiento. En rigor, debían incorporarse en las obras de señalización que Randazzo interrumpió en julio de 2012, cuando anuló una adjudicación que tenía Siemens desde 2006, porque "esa empresa no podía hacer la obra".

Siemens tuvo que devolver los 52 millones de pesos que el Estado le había anticipado por la ejecución de ese trabajo.

En reemplazo de esa licitación se lanzó otra que está en trámite de adjudicación a tres oferentes, pero los plazos de la obra serán largos, por lo cual Randazzo intentó llevar algo de tranquilidad al informar la compra de este nuevo sistema de frenos de emergencia.

Sin embargo, al ser consultado por La Nación no dio precisiones sobre la empresa que se contratará ni sobre los plazos que demandará la instalación de esa innovación que, en realidad desnuda un faltante del cual el ministro no había hablado anteayer cuando argumentó que la formación del Sarmiento "tenía frenos nuevos", para instalar la sospecha de la falla humana.

En declaraciones a Radio Continental, Randazzo aseguró: "Como la obra de señalamiento, aún no adjudicada, lleva un tiempo demasiado largo, estamos trabajando hace cuatro meses con una empresa estatal china para poner un sistema de detenimiento del tren para incorporar antes de la obra de señalamientos a todos los trenes del Mitre y el Sarmiento rápidamente".

"Es un acuerdo que tenemos muy avanzado y sería muy bueno hasta tengamos la solución final, que es el señalamiento del Mitre y Sarmiento", agregó. Pero no dio precisiones sobre esa eventual solución ni sobre las demoras para instalar este sistema.

El sistema de emergencia, que se utiliza en la línea ex Roca y en los subterráneos, por ejemplo, sirve para que se active un freno remoto cuando fallan los frenos o el maquinista ignora las señales de detenimiento, como el propio Randazzo aseguró que ocurrió en la tragedia de Castelar. Los frenos regulares tienen tres instancias: el freno normal, el hombre vivo y la reversa.

Sin embargo, Randazzo tiene otra materia pendiente: el soterramiento del Sarmiento, anunciado innumerables veces por el gobierno de Cristina Kirchner. Es el nudo gordiano de este ferrocarril: si se hace toda la inversión en las vías y el señalamiento, como dice, éstas caerán en desuso en pocos años cuando la línea ferroviaria sea instalada bajo tierra.

De hecho, Randazzo explicó sin mucha convicción: "En julio de 2012, estaba iniciada la obra civil, pero el financiamiento internacional se cayó". Y agregó: "El Gobierno está tramitando el financiamiento con Brasil, que no empezó, aunque está la tuneladora y falta empezar el túnel: son 22 kilómetros, una obra muy ambiciosa, mientras se realice tenemos que mejorar el Sarmiento", señaló.

Por la mañana, el ministro ensayó otra explicación: "No nos pidan que en un año cambiemos lo que no se hizo en 50". Además, Randazzo admitió que "es una deuda pendiente de este gobierno mejorar la política de transportes". Y aseguró: "Me siento apoyado por la Presidenta".

En rigor, Cristina Kirchner quedó conforme con la defensa del ministro para despejar la teoría de una falla técnica y direccionar las sospechas hacia un "error humano". Sin embargo, en la Casa Rosada todavía dudan de que Randazzo pueda revertir el golpe político y convertirse nuevamente en candidato a diputado para las elecciones de agosto y de octubre próximos.

La Presidenta debe definir esa candidatura antes del sábado próximo, que vence el plazo para inscripción de candidatos. El temor que sobrevuela en Balcarce 50 es que los peritajes judiciales arrojen luego de esa fecha, en plena campaña electoral, la evidencia de que pudo existir una falla técnica atribuible a la gestión.

Es por ello que Cristina Kirchner pidió acelerar las pericias y un camino para ello fue crear la comisión investigadora de ingenieros de diversas universidades para determinar las "causas y circunstancias" de la tragedia. También Randazzo se reunió con el interventor de la Comisión Nacional Reguladora de Transporte (CNRT), Ariel Franetovich, y miembros del equipo de investigación. Los tiempos de la Casa Rosada son políticos y electorales.

Fuentes:
Ferrocarriles: otro capítulo de una década perdida, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.
Gabriel Di Nicola, "Fallaron los frenos", afirmó el maquinista de la tragedia de Castelar, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.
En medio del caos se impuso la solidaridad, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.
Felicitas Sánchez,  Miedo compartido: los usuarios del Sarmiento, resignados a enfrentar lo peor, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.
"Alguna anomalía había en el tren", afirmó el titular del gremio de conductores de tren, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.
Mariano Obarrio, Randazzo admite que el Sarmiento no tiene un sistema automático de frenos, 15/06/13, La Nación. Consultado 15/06/13.

No hay comentarios:

Publicar un comentario