Nora Díaz y su esposo comenzaron ayer a limpiar su casa,
arrasada por el agua. Ella es artesana y perdió todo.
Por Mónica Galmarini
Comenzar desde cero, con poquísimas cosas recuperables y en
un clima de profunda desolación, resulta desde ayer el denominador común para
miles de familias platenses damnificadas por el violento temporal, que
intentaban retomar lo más rápido posible sus actividades cotidianas.
Vestida con el único short de su marido que pudo recuperar
del ropero desgranado por el agua y con una remera manchada con barro, Nora
Díaz, una artesana de 59 años del barrio de Tolosa, no encontraba consuelo por
todo el material de trabajo que el agua turbia y con olor a gasoil (que
seguramente derramaron los cientos de autos inundados) le destruyó sin retorno.
Decenas de piezas de cuero, máquinas de coser especiales y
otros elementos para fabricar los productos que vende desde hace años
terminaron en la vereda. “Estoy en pelotas. No sé por dónde empezar”.
“Todo va a ser muy lento”, se lamentó la mujer mientras
recorría el desastre que dejó el 1,30 metro de agua con el que tuvo que convivir
confinada en un altillo, junto a su familia, entre el martes a la tarde y el
miércoles a la madrugada.
En cada rincón de la vivienda de la calle 525 entre 6 y 7
perduraban todavía apilados muebles, colchones, ropa y electrodomésticos que la
familia ya no podrá utilizar y que tendrá que reemplazar para rearmar “de a
poco” la casa. “Esto es más que un desastre”.
“Se siente impotencia porque el agua te arrastra el trabajo
de una vida y no podés hacer nada”, explicó Díaz, mientras caminaba como
perdida en el fondo de la propiedad, todavía con 15 centímetros de
agua.
Adolfo Vilches, el marido de Díaz, trabaja para la Petroquímica Mosconi
y ante la emergencia avisó que por tres días no se reintegraba a sus tareas.
Pero la familia sabe que el tiempo para recuperar la normalidad será mucho
mayor.
Ayer, todavía sin agua ni gas -la inundación les inhabilitó
las cañerías- ni siquiera habían podido sacar todos los muebles deteriorados.
“La naturaleza nos mató, pero la desidia política también
estuvo presente”, aseguró Vilches mientras hacía cálculos con su esposa sobre
el dinero que necesitarán para reponer mobiliario, electrodomésticos, colchones
y ropa, entre otros elementos.
“Los problemas mayores los empezamos a ver ahora. El agua asusta, pero cuando se va es peor. Es imposible trasmitir tanta tristeza” coincidieron.
A pocas cuadras de ese lugar, otra familia repetía la misma
escena que se multiplicó en las veredas de La Plata luego de que el agua escurriera. Descargar
en la calle junto a los elementos deteriorados el dolor y frustración que dejó
la inundación. Sacar agua maloliente y barro casi con desesperación para volver
a ver la limpieza del hogar.
Andrea Wilde (41) depositaba bronca en una bolsa de residuos
junto con documentos y fotos deteriorados por el agua. Mientras, Carlos Dobarro
(48) apilaba en el garage de la casa de 530 y 4 bis las maderas de la mayoría
del mobiliario de la casa que no sirven más. La hija del matrimonio de 13 años,
todavía no pudo regresar porque está asustada.
“Llora sin consuelo, porque perdió todas sus cosas”, le dijo
a Clarín Wilde.
Fuente:
“El agua te arrastra el trabajo de una vida y no podés hacer nada”, 05/04/13, Clarín. Consultado 05/04/13.
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