sábado, 19 de septiembre de 2015

Los agrotóxicos llegaron al Senado

Luego de dos décadas del cambio de modelo agrario que se instaló en el país de la mano del agronegocio, por primera vez se debatió públicamente en el Senado de la Nación acerca de sus consecuencias socioambientales. Distintas miradas aportaron una crítica a las fumigaciones con agrotóxicos asociadas a los monocultivos de semillas genéticamente modificadas. Estuvieron presentes desde la Audiotoría General de la Nación, Médicos de Pueblos Fumigados, ex funcionarios e investigadores de las Universidades de La Plata y Rosario.

por Graciela Carrizo

El jueves 17 de setiembre de 2015 fue un día histórico en el Senado de la Nación. Por primera vez, y por iniciativa del senador Pino Solanas (Proyecto Sur) se debatió en esa institución acerca de las consecuencias del modelo agro de la Argentina. La mirada interdisciplinaria y la experiencia en el campo de estudio de los distintos panelistas invitados hicieron que el debate plantara evidencia científica y legítima a un tema que pocas veces es considerado en su magnitud por la escasez de información a la que tiene acceso el  ciudadano común. Temas críticos y urgentes que no son tratados en las agendas mediáticas y políticas. 

No hay diagnóstico estatal
Desde la Auditoría General de la Nación, representada por Leandro Despoy, se planteó la necesidad de que el Estado no se limite exclusivamente a la recopilación de información científica producida y presentada por las compañías dueñas de los agroquímicos, que es la que actualmente registra el SENASA. Sino que, por el contrario, se comience a elaborar su propia producción científica sobre el tema. En ese marco, Despoy presentó algunos de los hallazgos de la auditoría realizada al SENASA y al INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Algunos fueron:
El Estado no aplica el “principio precautorio” que obliga a suspender o cancelar actividades que amenacen al medioambiente. Si los productores persisten en el uso irresponsable de los agroquímicos nocivos para la salud pública, debería ponerse en consideración su aplicación.
No hay un diagnostico a nivel país de la cantidad y calidad de agroquímicos que se venden, almacenan y usan; de las poblaciones sometidos a mayor riesgo (pobladores rurales y trabajadores) ni del impacto de los agroquímicos sobre la salud y sobre el ambiente.
No existen leyes nacionales de presupuestos mínimos de uso del suelo, ni una ley de envases de agroquímicos (envases peligrosos para la salud). 

Los toxicidad es demostrable
Por su parte, Medardo Avila Vázquez, coordinador de Médicos de Pueblos Fumigados de la Universidad Nacional de Córdoba, expuso sobre la evaluación colectiva socioambiental que realizó junto a un equipo médico de la Universidad de Córdoba. El tema: la problemática de la población de Monte Maíz, localidad cordobesa afectada por las fumigaciones. El estudio reveló un alto grado de enfermedades como el cáncer, el lupus y la artritis reumatoide; además de nacimientos con malformaciones, abortos espontáneos, neumopatías e hipotiroidismo. Las cifras presentadas son escalofriantes; en Monte Maíz la población padece el triple de casos de cáncer y abortos espontáneos que la media nacional.

Estas enfermedades se replican a nivel nacional en distintas provincias del país en las que se aplica el combo del agronegocio (siembra directa, semillas geneticamente modificadas y agrotóxicos). Estudios científicos demuestran que el glifosato produce una ruptura en la cadena genética y que provoca determinadas consecuencias en la salud de las personas expuestas a estos venenos. En este sentido Avila afirmó que la toxicidad de los químicos que se utilizan en el tratamiento de las semillas geneticamente modificadas es absolutamente demostrable.

Escuelas rurales en peligro
Emanuel Garrido, ex coordinador de Medio Ambiente de la Municipalidad de Coronel Suárez, en la Provincia de Buenos Aires, relató su experiencia laboral en el ámbito estatal a través de la investigación que inició al constatar el peligro al que estaban expuestas las escuelas rurales de su distrito.

La sola idea de recordar que vivimos en un país donde la obligatoriedad escolar es ley y que la misma expone la salud de cientos de niños que se ven afectados por las prácticas de fumigación sin control, y sin las precauciones necesarias, fue lo que llevó a Garrido a continuar su solitaria lucha. Ello, en medio de quienes efectúan todas las acciones posibles para ocultar esa información. La investigación que realizó le costó la pérdida de su puesto laboral, lo que demuestra la complicidad de la clase política y el silencio al que nos tienen acostumbrados los medios masivos de comunicación social.

En contraposición al actual modelo agro hegemonico, Garrido además comparó dos prácticas agrícolas distintas; la industrial y la agroecologica; tomando para ello dos campos enfrentados en un mismo distrito. Las conclusiones a las que arribó (que también fueron presentadas a las autoridades provinciales y de la municipalidad de Coronel Suárez) demuestran que los rindes de un campo con producción agroecólogica son mayores a los de un campo con producción industrial. Además, la agroecología no es dañinas para la sociedad y el medioambiente.

Falta de regulación en la venta
Desde la mirada de las ciencias exactas, el químico Damián Marino, investigador de la Universidad Nacional de la Plata y del CONICET, enfatizó su discurso en torno a las propiedades dinámicas de los plaguicidas y de su inter-relación  con el viento, el calor y las lluvias. "Los plaguicidas y sus efectos fueron estudiados en el resto del mundo, hay evidencia científica al respecto, pero nunca fueron estudiadas en la Argentina", expresó. Además Marino remarcó su preocupación acerca de la falta de regulación respecto de la venta de agroquímicos y de su sencilla comercialización fraccionada en envases de gaseosas de medio litro o similares en las ferreterías de los pueblos del interior. Así, propuso la creación de una Agencia Nacional de plaguicidas con participación ciudadana, monitoreo y planificación.

Por su parte, Damián Verzeñassi, Médico y co-responsable de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, declaró que la Facultad de Ciencias Médicas se manifestó "en contra de todo modelo agroquímico basándose en pruebas concluyentes de las consecuencias que para la salud implica la adopción de un modelo productivo actual".

Expresó que pasamos de ser un país productor de alimentos a ser un país productor de commodities. Mencionó la importancia que tiene para la independencia latinoamericana el cuidado del paisaje, la calidad de los alimentos y la herencia cultural. Enfatizó la diferencia que existe entre hablar de agricultura y hablar de agronegocios; afirmando que en el contexto actual los agroquímicos son venenos, por eso se los debe llamar agrotóxicos. Desde su perspectiva existe un proyecto de destrucción de la producción de alimentos mediante el que nos enferman ya que con enfermedad no hay libertad. Los países latinoamericanos debemos cambiar el rumbo de las políticas actuales dado que la colonización por parte de la manipulación de los alimentos es una realidad que nos afecta a todos.

Limitar los Agrotóxicos
Sobre el final del debate, el publico asistente compartió su experiencia y preocupación por las consecuencias del modelo. Surgieron temas como la conveniencia de funcionarios públicos con los empresarios que fumigan, sobre la imposibilidad de cultivar agroecológicamente al encontrarse rodeados (y a corta distancia) de campos industriales que fumigan y como consecuencia matan a las cosechas ecológicas. También se habló sobre la imposibilidad que tienen las instituciones de salud públicas del interior de atender patologías que se desprenden de las fumigaciones, por falta de conocimiento y herramental para su estudio.

Graciela Carrizo, GIC Comunicación y Culturas Ambientales (CCom - FSOC - UBA)

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