Quedaron arrinconadas en uno de los bolsones de mayor
pobreza del país. Carecen de cualquier perspectiva de desarrollo. Están
libradas a su suerte.
por Sergio Carreras y Sergio Cejas
En las mesas del Club El Progreso, todo luce impecable.
Paredes blancas, sillones mullidos blancos, manteles blancos.
Está frente a la plaza de Juan José Castelli, la ciudad
chaqueña surgida hace menos de un siglo junto al bosque Impenetrable,
territorio donde vivían antes y siguen persistiendo ahora diversas comunidades
antiguas, entre ellas los qom.
En el restorán de El Progreso se ven muchos de los criollos -así se los llama- descendientes de los alemanes, rusos y polacos que
protagonizan la saga oficial de la construcción de la ciudad.
Todas las ciudades tienen sus compartimentos sociales, sus
vallas para mantener a los indeseables fuera de ciertos límites y en este caso,
al Progreso, es muy difícil ver entrar a una familia qom.
- ¿Alguna vez atendió a una familia qom?
- No vienen acá, señor.
- Pero ¿pueden venir?
- No tienen dinero para venir.
- Pero si lo tuvieran, ¿vendrían y serían atendidos?
- Sí, por supuesto, pero ¿de dónde van a sacar el dinero,
señor?
El mozo responde sorprendido de que alguien pueda desconocer
una verdad tan evidente. El Progreso no fue hecho para los qom. Los qom de las
comunidades El Salado y Pampa Argentina, ubicadas a media hora en auto desde
Castelli, llevan seis meses de agonía porque se secó el río Salado, que les
proporcionaba el agua que bebían, con la que cocinaban, con la que daban de
beber a sus chivas, con la que se bañaban y la que les traía los peces que eran
su dieta principal.
Desde que el río, ayudado por una sequía extendida,
desintegró su caudal de casi 100
metros de ancho y varios de profundidad, las comunidades
comenzaron a agrietarse como el barro del cauce. Los que no aguantaron más y
dejaron la comunidad hoy engrosan la población de la villa miseria La Mosca , junto a un basural de
Castelli, y de otros sitios pobrísimos de la ciudad privados hasta de los
servicios elementales. Los que todavía resisten no entienden por qué el
municipio ni siquiera cumple con el viaje mensual del camión del agua que
debería llenarles los aljibes y tanques para sobrevivir en el lugar en el que
nacieron ellos y su ascendencia.
Los qom, los wichis y otras comunidades antiguas son
destacados en el discurso oficial de la región. Tienen sus estatuas en las
avenidas, sus placas de mármol en la plaza, pero es un reconocimiento que no
parece trascender las formalidades. Muchos de ellos fueron subidos al tren
nacional de los subsidios y las pensiones, se dice que se respeta su derecho a
una educación bilingüe, etcétera. Pero no consiguen trabajos considerados de
“gringos”, ni acceden a la educación: sólo tienen pequeñas escuelas primarias y
en las dos comunidades que visitó este diario no hay una sola persona que haya
ido a la escuela secundaria. El Gobierno chaqueño también construyó un moderno
edificio para posta sanitaria a pocos kilómetros de las comunidades: pero la
estructura carece de médicos especialistas.
Una ingeniera agrónoma cordobesa, Vanina Margonari, que
trabajó varios años en la zona y colabora con una ONG, señaló que “el abandono
que sufren esas comunidades es cada vez mayor. La última vez que fuimos para
realizar actividades sanitarias, hace unos meses, me sentí ridícula, hablando
de una enfermedad a gente que no tenía ni agua y que está llena de
necesidades”.
Leonardo Yulán, diputado provincial del Chaco por el
radicalismo y tres veces intendente de Castelli, dice que ahora que la ciudad
comenzó a solucionar su problema de sequía con la construcción de un acueducto
iniciado bajo su última gestión, es tiempo de realizar una conexión secundaria
hacia las comunidades qom. “Ya hay un proyecto aprobado por ley y por
unanimidad, pero está parado, pese a que su costo es muy pequeño”.
La esposa de Yulán, Sandra Plaza, actual concejal, lleva
años trabajando en la ONG
María del Norte, por el problema del cáncer cervical. “Hoy
tenemos un hospital enorme en Castelli, que no tiene insumos ni tiene médicos,
pese a la demanda altísima de pacientes. Es una vergüenza que en esta zona con
un índice alarmante de ese cáncer, no tengamos un colposcopio”.
Claudio Barrios se fue de Castelli en 1945 y hoy, a sus 80 y
tantos años, sigue dirigiendo una fábrica de plásticos en Buenos Aires. Cuenta
que se fue de la ciudad “para dejar un plato de comida más a mis hermanos” y
que hoy, cada vez que vuelve, sigue “viendo que la realidad es muy triste”.
A diferencia de otras comunidades qom que participaron en
cortes de ruta y fueron reprimidas recientemente en la zona de Castelli, las
comunidades que han perdido su río siguen sin protestar. “Nunca fuimos de
cortar una ruta, ni ahora que nos han cortado el río”, dice Eleuterio Farías,
representante de la comunidad Pampa Argentina. “Nunca nos han reprimido acá,
pero tampoco recibimos ayuda”, dice Orlando Laureano, autoridad de El Salado,
la otra comunidad que espera por el regreso del río. O de la felicidad.
“Los qom no necesitan limosnas ni lo que le sobre a otra
gente”
Gabriel Femopase es un ginecólogo y profesor universitario
cordobés que desde hace varios años trabaja en la prevención y tratamiento del
cáncer de cuello de útero.
por Sergio Carreras y Sergio Cejas
Femopase afirma que las comunidades qom chaqueñas están “en
una de las regiones del mundo con más alto índice de cáncer de cuello uterino.
Se trata de un cáncer prevenible, pero sucede que en esa zona está acompañado
de un contexto en el que se hacen presentes también el Chagas, la tuberculosis,
la infección del HPV y cada vez más VIH. Las mujeres qom están
inmunodeprimidas, y la infección viral va pasando por diferentes etapas hacia
un cáncer de un modo mucho más rápido que en otras comunidades. Estas mujeres
toman agua con arsénico, que es un inmunodepresor, y el riesgo se multiplica”.
El ginecólogo señala que “la prevención no funciona en Chaco
tal como la conocemos en las ciudades. No podés hacerla así, pero sí podés
prevenir educando. Por eso la única herramienta posible hoy es la educación.
Todo lo que se haga en el Chaco de manera preventiva no es más que una limosna
intelectual”.
“No se puede -continúa Femopase- hacer educación si no está
contextualizada dentro de una cultura. Se trata de patologías directamente
relacionadas con la cultura. Y de parte nuestra, si queremos trasladar nuestras
culturas de Córdoba o de Buenos Aires al Impenetrable, seguro vamos a
fracasar”.
El médico también expresó su punto de vista sobre las
acciones de caridad que se desarrollan con las comunidades qom. “Yo no creo en
otra acción que no sea a través de la educación porque hacer asistencia, es un
poco dar limosna y esta gente no necesita limosnas. Si vas a dar la mano, tenés
que dar las dos manos en estas regiones. La buena voluntad es necesaria pero si
solo tenés buena voluntad, quedate en tu casa. Los qom no necesitan limosnas ni
lo que le sobre a otra gente”.
“Las comunidades qom hoy se están diezmando y la falta de
educación es un flagelo más peligroso que el Chagas, el abandono, el olvido”.
Sobre la resistencia que los hombres qom han mostrado para
que sus mujeres accedan a la revisación para prevenir el cáncer cervical,
Femopase dice que se debe a costumbres culturales. “Cuando les hablé a los
hombres sobre su implicancia en la transmisión sexual del VPH, los noté
reticentes. Las mujeres son muy sumisas, pero igual quieren que las revisen,
hacen cola para que las revisen, porque por lo menos una vez tienen tiempo para
hablar de su intimidad. Además, se suman los problemas de la temprana
iniciación sexual y el alcoholismo de la zona. Las chicas qom van a cobrar
planes asistenciales en el pueblo y más de uno aprovecha esa presencia de las
adolescentes que recién salen del monte”.
También señaló que la falta de agua en la zona de las
comunidades qom ha aumentado el número de enfermedades bacterianas, que antes
no se veían.
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Así se mata a un qom
Fuentes:
Sergio Carreras y Sergio Cejas, El río que perdieron las comunidades qom, 17/06/13, La Voz del Interior.
Sergio Carreras y Sergio Cejas, “Los qom no necesitan limosnas ni lo que le sobre a otra gente”, 17/06/13, La Voz del Interior.
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