lunes, 17 de junio de 2013

El río que perdieron las comunidades qom


Quedaron arrinconadas en uno de los bolsones de mayor pobreza del país. Carecen de cualquier perspectiva de desarrollo. Están libradas a su suerte.

por Sergio Carreras y Sergio Cejas

En las mesas del Club El Progreso, todo luce impecable. Paredes blancas, sillones mullidos blancos, manteles blancos.

Está frente a la plaza de Juan José Castelli, la ciudad chaqueña surgida hace menos de un siglo junto al bosque Impenetrable, territorio donde vivían antes y siguen persistiendo ahora diversas comunidades antiguas, entre ellas los qom.

En el restorán de El Progreso se ven muchos de los criollos -así se los llama- descendientes de los alemanes, rusos y polacos que protagonizan la saga oficial de la construcción de la ciudad.

Todas las ciudades tienen sus compartimentos sociales, sus vallas para mantener a los indeseables fuera de ciertos límites y en este caso, al Progreso, es muy difícil ver entrar a una familia qom.

- ¿Alguna vez atendió a una familia qom?
- No vienen acá, señor.
- Pero ¿pueden venir?
- No tienen dinero para venir.
- Pero si lo tuvieran, ¿vendrían y serían atendidos?
- Sí, por supuesto, pero ¿de dónde van a sacar el dinero, señor?

El mozo responde sorprendido de que alguien pueda desconocer una verdad tan evidente. El Progreso no fue hecho para los qom. Los qom de las comunidades El Salado y Pampa Argentina, ubicadas a media hora en auto desde Castelli, llevan seis meses de agonía porque se secó el río Salado, que les proporcionaba el agua que bebían, con la que cocinaban, con la que daban de beber a sus chivas, con la que se bañaban y la que les traía los peces que eran su dieta principal.

Desde que el río, ayudado por una sequía extendida, desintegró su caudal de casi 100 metros de ancho y varios de profundidad, las comunidades comenzaron a agrietarse como el barro del cauce. Los que no aguantaron más y dejaron la comunidad hoy engrosan la población de la villa miseria La Mosca, junto a un basural de Castelli, y de otros sitios pobrísimos de la ciudad privados hasta de los servicios elementales. Los que todavía resisten no entienden por qué el municipio ni siquiera cumple con el viaje mensual del camión del agua que debería llenarles los aljibes y tanques para sobrevivir en el lugar en el que nacieron ellos y su ascendencia.

Los qom, los wichis y otras comunidades antiguas son destacados en el discurso oficial de la región. Tienen sus estatuas en las avenidas, sus placas de mármol en la plaza, pero es un reconocimiento que no parece trascender las formalidades. Muchos de ellos fueron subidos al tren nacional de los subsidios y las pensiones, se dice que se respeta su derecho a una educación bilingüe, etcétera. Pero no consiguen trabajos considerados de “gringos”, ni acceden a la educación: sólo tienen pequeñas escuelas primarias y en las dos comunidades que visitó este diario no hay una sola persona que haya ido a la escuela secundaria. El Gobierno chaqueño también construyó un moderno edificio para posta sanitaria a pocos kilómetros de las comunidades: pero la estructura carece de médicos especialistas.

Una ingeniera agrónoma cordobesa, Vanina Margonari, que trabajó varios años en la zona y colabora con una ONG, señaló que “el abandono que sufren esas comunidades es cada vez mayor. La última vez que fuimos para realizar actividades sanitarias, hace unos meses, me sentí ridícula, hablando de una enfermedad a gente que no tenía ni agua y que está llena de necesidades”.

Leonardo Yulán, diputado provincial del Chaco por el radicalismo y tres veces intendente de Castelli, dice que ahora que la ciudad comenzó a solucionar su problema de sequía con la construcción de un acueducto iniciado bajo su última gestión, es tiempo de realizar una conexión secundaria hacia las comunidades qom. “Ya hay un proyecto aprobado por ley y por unanimidad, pero está parado, pese a que su costo es muy pequeño”.

La esposa de Yulán, Sandra Plaza, actual concejal, lleva años trabajando en la ONG María del Norte, por el problema del cáncer cervical. “Hoy tenemos un hospital enorme en Castelli, que no tiene insumos ni tiene médicos, pese a la demanda altísima de pacientes. Es una vergüenza que en esta zona con un índice alarmante de ese cáncer, no tengamos un colposcopio”.

Claudio Barrios se fue de Castelli en 1945 y hoy, a sus 80 y tantos años, sigue dirigiendo una fábrica de plásticos en Buenos Aires. Cuenta que se fue de la ciudad “para dejar un plato de comida más a mis hermanos” y que hoy, cada vez que vuelve, sigue “viendo que la realidad es muy triste”.

A diferencia de otras comunidades qom que participaron en cortes de ruta y fueron reprimidas recientemente en la zona de Castelli, las comunidades que han perdido su río siguen sin protestar. “Nunca fuimos de cortar una ruta, ni ahora que nos han cortado el río”, dice Eleuterio Farías, representante de la comunidad Pampa Argentina. “Nunca nos han reprimido acá, pero tampoco recibimos ayuda”, dice Orlando Laureano, autoridad de El Salado, la otra comunidad que espera por el regreso del río. O de la felicidad.

“Los qom no necesitan limosnas ni lo que le sobre a otra gente”

Gabriel Femopase es un ginecólogo y profesor universitario cordobés que desde hace varios años trabaja en la prevención y tratamiento del cáncer de cuello de útero.

por Sergio Carreras y Sergio Cejas

Femopase afirma que las comunidades qom chaqueñas están “en una de las regiones del mundo con más alto índice de cáncer de cuello uterino. Se trata de un cáncer prevenible, pero sucede que en esa zona está acompañado de un contexto en el que se hacen presentes también el Chagas, la tuberculosis, la infección del HPV y cada vez más VIH. Las mujeres qom están inmunodeprimidas, y la infección viral va pasando por diferentes etapas hacia un cáncer de un modo mucho más rápido que en otras comunidades. Estas mujeres toman agua con arsénico, que es un inmunodepresor, y el riesgo se multiplica”.

El ginecólogo señala que “la prevención no funciona en Chaco tal como la conocemos en las ciudades. No podés hacerla así, pero sí podés prevenir educando. Por eso la única herramienta posible hoy es la educación. Todo lo que se haga en el Chaco de manera preventiva no es más que una limosna intelectual”.

“No se puede -continúa Femopase- hacer educación si no está contextualizada dentro de una cultura. Se trata de patologías directamente relacionadas con la cultura. Y de parte nuestra, si queremos trasladar nuestras culturas de Córdoba o de Buenos Aires al Impenetrable, seguro vamos a fracasar”.

El médico también expresó su punto de vista sobre las acciones de caridad que se desarrollan con las comunidades qom. “Yo no creo en otra acción que no sea a través de la educación porque hacer asistencia, es un poco dar limosna y esta gente no necesita limosnas. Si vas a dar la mano, tenés que dar las dos manos en estas regiones. La buena voluntad es necesaria pero si solo tenés buena voluntad, quedate en tu casa. Los qom no necesitan limosnas ni lo que le sobre a otra gente”.

“Las comunidades qom hoy se están diezmando y la falta de educación es un flagelo más peligroso que el Chagas, el abandono, el olvido”.

Sobre la resistencia que los hombres qom han mostrado para que sus mujeres accedan a la revisación para prevenir el cáncer cervical, Femopase dice que se debe a costumbres culturales. “Cuando les hablé a los hombres sobre su implicancia en la transmisión sexual del VPH, los noté reticentes. Las mujeres son muy sumisas, pero igual quieren que las revisen, hacen cola para que las revisen, porque por lo menos una vez tienen tiempo para hablar de su intimidad. Además, se suman los problemas de la temprana iniciación sexual y el alcoholismo de la zona. Las chicas qom van a cobrar planes asistenciales en el pueblo y más de uno aprovecha esa presencia de las adolescentes que recién salen del monte”.

También señaló que la falta de agua en la zona de las comunidades qom ha aumentado el número de enfermedades bacterianas, que antes no se veían.

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Así se mata a un qom
Fuentes:
Sergio Carreras y Sergio Cejas, El río que perdieron las comunidades qom, 17/06/13, La Voz del Interior.
Sergio Carreras y Sergio Cejas, “Los qom no necesitan limosnas ni lo que le sobre a otra gente”, 17/06/13, La Voz del Interior.

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