Hoy se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación ,
un problema del que poco se habla, a pesar de que amenaza la sustentabilidad en
la producción de alimentos. En Argentina, por el imaginario del país
"granero del mundo", se trata también de un tema oculto, subordinado
al éxito del modelo agroexportador. Asimismo, un problema relacionado es la
degradación de los suelos fértiles, porque también afecta la capacidad de
producir. En tal sentido, un reciente estudio del INTA, difundido por la Secretaría de Ambiente
de la Nación ,
concluye que el suelo pierde nutrientes. Incluso contabiliza esta pérdida en
casi 4 mil millones de dólares, para la campaña 2010- 2011.
El trabajo "Extracción y balance de nutrientes en los suelos agrícolas de la Argentina", elaborado por Gustavo Cruzate y Roberto
Casas del Instituto de Suelos del INTA fue publicado por el Observatorio
Nacional de la Degradación
de Tierras y Desertificación, una iniciativa de la Secretaría de Ambiente
de la Nación. Allí
se alerta: "Se registra una elevada extracción de nutrientes no repuestos
en igual magnitud, que provoca un deterioro progresivo en la fertilidad de los
suelos poniendo en peligro la sustentabilidad de los sistemas productivos".
Desde la visión de la Economía Ecológica ,
siempre se cuestionó la rentabilidad del modelo agroexportador. Incluso el
biólogo Raúl Montenegro de FUNAM, lo llama una "agricultura minera"
puesto que extrae minerales sin reponerlos. Por lo cual, un recurso renovable
como el suelo, se está convirtiendo en no renovable. De esto se trata el
proceso de desertificación, el fenómeno por lo cual los suelos no pueden volver
a ser fértiles que sucede en tierras áridas, semiáridas o subhúmedas secas. Sin
embargo, en las zonas humedas, la degradación también es un problema grave.
"Las cifras correspondientes al balance entre la
extracción de nutrientes por los principales cultivos y los aportes por fertilización, continúan siendo
deficitarias en los suelos agrícolas de la Argentina ", así describe la situación el
trabajo. En tal sentido, detalla que para la campaña 2010/11 se extrajeron 3,93
millones de toneladas de nitrógeno, fósforo, potasio, sodio y calcio, de los
cuales sólo se repusieron 1,26 millones de toneladas. Esto representa un 34,6
% de reposición, es decir, un déficit de casi el 65 %.
El informe detalla además que el fósforo disminuye a razón
de 1 a 2
partes por millón por año. Del mismo modo, la materia orgánica del área núcleo
(Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe) sufrió un descenso de 0,5 % en las
últimas tres décadas. Y destaca: "Esta especie de “subsidio” que la
riqueza natural de nuestros suelos otorga al usuario de la tierra y al estado,
en realidad no es otra cosa que una pérdida paulatina del capital suelo".
Así entonces, haciendo bien las cuentas, el negocio no es
tan negocio. "En términos económicos, se observa que la exportación neta
de nutrientes en grano, correspondiente a la campaña agrícola 2010/11, fue de
alrededor de 2,57 millones de toneladas, lo que representa una cifra de U$S
3,63 mil millones", cuantifican los investigadores del INTA. No estaban
tan equivocados entonces los movimientos sociales que plantean de la soja:
"Pan para hoy, hambre para mañana".
Es decir, como bien analizan los autores: "Si en los
márgenes brutos de las explotaciones agropecuarias se incluyeran los costos de
reposición de nutrientes extraídos por las cosechas, la rentabilidad de los
cultivos sufriría variaciones en función del sistema de rotación elegido.
Serviría además para demostrar la dificultad de obtener planteos sustentables
tanto desde el punto de vista físico como económico, cuando la visión es
estrictamente cortoplacista".
La problemática de la pérdida de fertilidad es más aguda con
el avance de la deforestación. Según aclaran los investigadores: "En forma
simultánea al incremento de los rendimientos, la frontera agrícola se ha
desplazado hacia zonas más frágiles, tradicionalmente mixtas o ganaderas, en
muchos casos ocupadas por montes nativos". Es por ello que las más de 200
mil hectáreas por año que se quedan sin su cobertura natural de bosques donde
sufren grave riesgo de desertificación. Y la gran responsable allí es la
sojización, que cuadriplicó la superficie en las últimas dos décadas.
Según los investigadores del INTI: "La situación descripta indica la
existencia de sistemas productivos que no son sostenibles, afectando
negativamente los niveles de fertilidad e incrementado los procesos de degradación
de los suelos y, por ende, limitando el crecimiento de la producción agrícola
nacional".
La discusión superada
por Eduardo Soler
En medio del conflicto por la resolución 125, los efectos
perjudiciales de la sojización fueron puestos en debate por actores sociales
ligados al kirchnerismo. Esto, aunque la Presidente de la Nación acuñó la
denominación "el yuyito", porque entendía que resistía a todo. Por
supuesto, que esto es así porque es un cultivo transgénico, preparado para ser
resistente al glifosato, otro término técnico divulgado en la época.
En aquel tiempo, caracterizábamos al conflicto como
apropiación de la renta agraria, no discusión del modelo. En la palabra del
ingeniero agrónomo Walter Pengue, investigador universitario: "El gobierno
solo se basa en una politica coyuntural de altos precios y rentabilidad
interna, pero debería analizar el tema con una visión de sustentabilidad de los
recursos, y manejar estos fondos para ello y no para su propia caja". Por
ello mismo proponía instaurar "retenciones ambientales".
Para leer el resto de la nota dirigirse a ComAmbiental
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