El hombre se sumergió para cerrar una compuerta en su casa y
no salió. Asunción se quedó mojada junto al cuerpo.
La historia de Enrique y Asunción empezó como empiezan
muchas de las historias entre abuelos: historias del amor después del amor. Se
conocieron cuando Enrique ya era viudo y en ese momento de la vida en que el
mundo cree que la única razón para que una mujer se acerque a un viejo es para
aprovechar su soledad, hacerle firmar un papel y quedarse con algo. Pero
Enrique y Asunción estaban solos y jubilados y cada uno acababa de ver en el
otro la posibilidad de envejecer de a dos. Y así se pusieron de novios y en
2005, cuando Enrique Abel Salinas cumplió los 82 años, se casaron casi a
escondidas.
Juntos se fueron a vivir a esta casa amarilla de la calle
30, en el casco urbano, y con ellos se quedó Osvaldo, uno de los hijos de su
primer matrimonio. Enrique tenía 90 años y andaba un poco mal de salud pero
vivían bien. Era mecánico de aviones y estaba jubilado de la Aeronáutica y en sus
épocas vitales solía arreglar heladeras.
Como su casa ya había atravesado inundaciones feroces,
Enrique decidió construir un pequeño anexo en la entrada -que su familia
llamaba en broma “la garita”- donde colocó una compuerta sostenida por
pasadores potentes. Lo que no sabía es que esa compuerta y esos pasadores iban
a terminar convirtiéndose en su trampa mortal.
El desastre encontró a Osvaldo, su hijo, en la calle.
“Cuando quiso volver, no pudo: terminó trepado a una pared esperando que el
agua bajara, convencido de que su papá tenía la compuerta para protegerse”,
contó a Clarín José Luis, yerno de Enrique. Varias horas después iba a
enterarse de lo que pasó: “Cuando vio que el agua estaba subiendo tan rápido,
Enrique se paró frente a la compuerta, tomó aire y se metió abajo del agua para
trabarla con los pasadores. No sabemos si se descompuso o qué pasó, pero no
pudo salir”.
Asunción se desesperó pero era tarde. Cuando el agua bajó,
lo encontró tirado en el piso, al lado de la bendita compuerta. No había nadie
a quién llamar y los teléfonos no andaban, así que se quedó sola con él,
despidiéndose, desde la medianoche hasta el amanecer. A la mañana, una vecina
fue a buscarla, se la llevó y le dio ropa seca pero Asunción quiso volver. Y se
quedó con el cuerpo de su esposo hasta que llegó la Policía Científica ,
10 horas después. En la casa sobrevivió la foto de su casamiento y los pasajes
que habían sacado para irse, este lunes, a Camboriú.
Fuente:
Se casaron en el otoño de la vida y ella lo veló sola toda la noche, 05/04/13, Clarín. Consultado 05/04/13.

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