Los vecinos contaron la impotencia que vivieron ante los
gritos desesperados de auxilio.
A Nelly Giacomelli (84) no la pudo salvar la mujer que iba
todas las noches al 1736 de calle 37
a cuidarla. Su desesperado pedido de auxilio fue oído
por los vecinos que se habían refugiado en la planta alta de la casa contigua,
pero el avance del agua les impidió salir. “La puerta estaba como sellada”,
explicó Norma, quien llamó al número de emergencias 103 y le dio fuera de
servicio. “No apareció nadie para ayudarla”, se quejó. La anciana, que se
movilizaba en andador, fue encontrada sin vida ayer a las 8 de la mañana.
En la vereda de enfrente, en la esquina con 30, se abrazan
familiares y allegados de Jorge Barneche (55). Al mecánico, que tenía su taller
en 37 al 1800, se lo llevó la correntada y lo arrastró más de cuatro cuadras.
“¿Qué querés que te diga? Que era un electricista de la puta madre y se murió
por salvar esa camioneta que está ahí”, dijo con la voz entrecortada uno de sus
amigos, señalando el vehículo de un cliente que Jorge intentó rescatar en pleno
vendaval y lo pagó con su vida.
A la vuelta, en la entrada al departamento de 30 al 241,
Negro espera, echado y con tristeza en el rostro, el retorno de su ama. El
perro se salvó porque su instinto lo llevó a subirse a una mesa. Dorita Romero
de La Bionda
(77) no alcanzó a hacerlo y murió ahogada. “Ella amaba a los animales porque se
crió al aire libre y Negro era una gran compañía desde que enviudó”, cuenta
Carlos, vecino de la cuadra con el que la mujer más trato tenía. “Era muy
servicial y me avisaba cuando me dejaba puesta la llave”, recuerda, y hace un
alto para secar el piso de su casa.
A pocos metros de allí, Ofelia está en la misma tarea con
dos amigas. Aún recuerda los alaridos de Asunción, la esposa de Enrique Salinas
(91), que vivía a dos viviendas de la suya, en el 220 de la 38, donde ayer
había sólo silencio. “Pedía que la ayudaran, pero nadie podía salir por la
fuerza del agua. Cuando fueron a buscarla, ella no se quiso ir y se quedó junto
a su marido muerto”, relata la vecina a quien, unos días antes, Enrique le
había contado que estaba a punto de irse de viaje a Brasil.
También estaba cerrado y vacío el domicilio de 36 al 1728.
Ahí vivía Tati, otra jubilada que no pudo escapar del avance incontenible de
las aguas. “Me da una gran pena que la hayan encontrado ahogada. Era una vieja
macanuda, una fenómena”, la recuerda su vecino Gabriel, con el que se paraba a
conversar siempre en la vereda. “Hablaba con todo el mundo y cuidaba mucho su
jardín”, agrega.
Fueron seis en total las muertes absurdas que dejaron a
estas tres manzanas con una gran tristeza y desolación. Como la que siente
Carlos, que se crió con los dos hijos de Kika Ahumada (85). El martes arreciaba
la lluvia y sus nietos fueron a buscarla a la casa de siempre, en el 291 de
calle 29. “No la encontraron y se fueron, creyendo que estaba con algún
vecino”, revela. Ayer, la abuela fue encontrada sin vida debajo de un placard.
Fuente:
Alaridos desgarradores y seis muertos en sólo tres manzanas, 04/04/13, La Nación. Consultado 04/04/13.
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