El pequeño pueblo del valle de Calamuchita, uno de los más
antiguos de Córdoba, ha sumado circuito por aleros con pictografías de
comechingones. Ahora se llega por asfalto.
por Carina Mongi
Amboy. Muy pocos pueblos serranos mantienen una imagen
similar a la que mostraban un siglo atrás. Para Amboy, eso es parte de su
encanto. Las calles recientemente asfaltadas no alcanzan a desdibujar esa magia
de pueblo antiguo que se respira en cada esquina de esta localidad del valle de
Calamuchita, a la que desde este verano se llega por ruta asfaltada.
Aquí nació en 1800, en un humilde rancho, el abogado y
estadista Dalmacio Vélez Sársfield. El creador del Código Civil, uno de los
hombres que dejó su sello en la historia argentina, vivió sus primeros días,
hace 212 años, en este punto del mapa. Un sencillo monumento, donde estaba
emplazada la casa que lo vio nacer, lo recuerda (Infografía).
Amboy es una de las poblaciones más antiguas de la provincia:
sus primeras referencias se remontan a 1588. En 1620 se construyó su primera
capilla.
El recorrido empieza en el museo que lleva el nombre de
aquel prócer aquí parido. Y tras un paso por el pintoresco arroyo, bien puede
terminar en el almacén de ramos generales de doña Aída, que acumula más de un
siglo. Un mostrador de madera que va de punta a punta, sobre el que se colocan
dos balanzas antiguas es el principal mobiliario. Como antaño, es un poco de
todo: bar, despensa, bazar y verdulería.
El Museo Vélez Sársfield reúne piezas arqueológicas y
paleontológicas. Esta zona fue una de las más pobladas por la cultura
comechingón. También se hallaron restos fósiles de animales prehistóricos. De
ambas vertientes, se nutre el atractivo museo.
Pinturas de aborígenes. Tras un recorrido de un kilómetro y
medio, bordeando el arroyo, con un guía del museo, se puede acceder a otro
legado de los habitantes originarios: las pictografías en un alero de roca,
pintadas hace más de 800 años.
Daniel Álvarez, director del museo local, acompaña nuestra
incursión hacia lo que los comechingones grabaron antes de que el colonizador
pisara estos suelos.
La caminata se hace amena, entre la vegetación autóctona y
las señales de la vida de los aborígenes, como los morteros a la vera del
arroyo. “Aprovecho el paseo también para mostrar la flora nativa y la invasión
de plantas exóticas, que manifiestan un avance evidente, por el crecimiento más
rápido que tienen, compitiendo por la luz y el agua con las nuestras”, dice
Álvarez, dejando enseñanzas.
Entre las nativas el camino se salpica de molles, talas,
espinillos, piquillines y aromáticas como peperina, poleo o menta. Entre las
introducidas, se multiplican la muy invasiva zarzamora, acacias negras y
siempreverdes, entre otras.
En un punto, se divisa un grupo de grandes rocas graníticas.
Y ahí está el arte que los pueblos originarios plasmaron y que recién fue
descubierto aquí en 1995.
Rocas. Un alero exhibe huellas de animales, círculos con
puntos y otras figuras pintadas en la piedra. “Se estima que son de un período
tardío, ya que representan figuras abstractas y no concretas”, explicó Álvarez.
Una de las hipótesis es que el lugar era vivienda temporaria
de un grupo de comechingones (migraban en búsqueda de la algarroba y de presas para
cazar). Otro es que se utilizaba como espacio frecuente para rituales.
Trepando las rocas, la vista panorámica sorprende: las
Sierras Grandes hacia un lado, y las Chicas y la punta de las Sierras de Los
Cóndores hacia el otro. “Siempre buscaban lugares altos”, apuntó el guía sobre
los “dueños” originales de las tierras.
El lugar se encuentra en un campo privado. Se recomienda
realizar el recorrido desde el museo y no por cuenta propia, tanto por
seguridad de las personas, como para preservar el lugar, de valor histórico,
cultural y paisajístico. El punto ya fue reconocido por Patrimonio de la Provincia , como sitio de
referencia histórica.
Para ver y saber
Distancias. Amboy, con unos 200 habitantes, se encuentra a 109 kilómetros de la
ciudad de Córdoba, a 30 de Villa General Belgrano y a 19 de Santa Rosa de
Calamuchita.
Por ruta. El asfalto, recientemente inaugurado, une los 12 kilómetros que
separan Amboy y su vecina Villa Amancay, de la ruta 5, a la altura de Villa
Rumipal. Desde allí, sigue unos kilómetros hasta la represa hidroeléctrica Río
Grande y su lago de Cerro Pelado.
Museo. El Museo Dalmacio Vélez Sársfield funciona todos los
días, de 10 a
20. La entrada cuesta 5 pesos.
Pictografías. En el museo se contratan visitas a las
pictografías. Es una excursión de baja complejidad. Se recomienda realizarla
con ropa cómoda, calzado deportivo y gorra, y utilizar protector solar.
Teléfono de contacto: (03546) 49-1041.
Fuentes:
Carina Mongi, Amboy, aguas claras y el pasado que vive en las pinturas rupestres, 08/02/13, La Voz del Interior.
Foto: Panoramio.

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