Carta abierta al Decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias
Marcelo Conrero
Córdoba, 12 de mayo de 2015
Esta nota incluye un Anexo, de mi autoría, donde analizo los graves efectos sanitarios y ambientales de los plaguicidas químicos y de las proteínas insecticidas que generan eventos transgénicos "resistentes" a insectos (proteínas insecticidas tipo Cry1Ab y Cry1Ac por ejemplo). Su consideración es fundamental para comprender el contenido y objetivo de esta carta abierta.
Lo que está sucediendo en Córdoba sobre el tema plaguicidas y sus efectos sobre la salud es una cachetada para más de cuatro siglos de universidad pública, para luchas ciudadanas impecables por sus razones y logros, y para la buena ciencia. Pero por sobre todo, es una cachetada para la gente que enferma y muere anónimamente como consecuencia real y comprobable de los plaguicidas y sus residuos.
La crispación de los varios lados en pugna nunca fue buena porque termina beneficiando a corporaciones con pésimos antecedentes comprobados como Monsanto, a la mala ciencia disfrazada de buena, y a los violentos que se niegan a escuchar y debatir.
Sin embargo, reconocemos en este contexto el enorme valor de dos herramientas ligadas a la historia misma de las universidades: la investigación científica y los informes técnicos.
Estos últimos, basados mayoritariamente en trabajos de la buena ciencia, son contribuciones útiles para numerosos actores sociales, pero especialmente para grupos vecinales y comunidades indígenas vulnerables cuyo sufrimiento suele pasar socialmente desapercibido.
Solo a modo de ejemplo, un informe técnico es el que sirvió de base para que el Consejo Directivo de la Facultad de Psicología rechazara por resolución tanto la instalación de Monsanto en Malvinas Argentinas como la aprobación de una modificación a la ley Nacional de Semillas n° 24376/1994, modificación claramente orientada a beneficiar las grandes corporaciones biotecnológicas extranjeras y argentinas (pasaje de UPOV 1978 a UPOV 1991).
Reivindicamos además el trabajo conjunto entre investigadores universitarios y personas afectadas, y el derecho de esos vecinos y pobladores a luchar por sus derechos con toda la energía que sea necesaria.
En muestro país y a nivel internacional hay excelentes investigadores y publicaciones con referato que demuestran, usando las estrictas componentes del método científico, los graves riesgos sanitarios y ambientales de las bajas dosis de plaguicidas y sus residuos, solos o en interacción con otras sustancias y energías residuales. En el Anexo se repasan esos graves efectos.
Minimizar el efecto nocivo de los plaguicidas sobre la salud y el ambiente, e invocar que su uso actual es responsable, equivalen a tapar el Sol con una mano.
En este contexto de efectos negativos comprobados sobre la salud y el ambiente, que califico sin titubear de dramático, es tan importante el accionar responsable de autoridades universitarias como la sustitución de ciencia deficitaria -cualquiera sea la hipótesis que planteen sus responsables- por buena ciencia.
Académicamente he analizado los trabajos realizados por el equipo de trabajo dirigido por el Médico Medardo Ávila sobre Malvinas Argentinas y sobre Monte Maíz. Aunque sus motivos son nobles y han utilizado valiosas herramientas de trabajo conjunto con la comunidad, ambos resultan científicamente deficitarios, con fallas metodológicas (como la no evaluación de otras fuentes concurrentes de morbi-mortalidad) y fallas estadísticas (como la falta de ajuste de los universos muestreados). Ninguno de ellos fue sometido a referato.
La conclusión es simple, pudieron hacerse bien, previa sumisión del proyecto al sistema formal de autorización bioética al que se somete cualquier investigación que involucre aspectos médicos y poblaciones humanas. Aunque legal para el caso de Monte Maíz no coincido con la formación de un Comité de Bioética ad-hoc.
Hipotéticamente, hasta es muy posible que estudios correctamente desarrollados de caso-control encontraran en Monte Maíz o Malvinas Argentinas resultados similares a los numerosos trabajos ya publicados, con referato, que demuestran sistemáticamente los graves efectos sanitarios sufridos por comunidades expuestas a plaguicidas.
Para enfrentar la situación planteada por trabajos de investigación deficitarios la ciencia tiene sus propios mecanismos y anticuerpos, como la publicación con el referato de pares. No es necesaria la intervención sobreactuada de autoridades universitarias.
Por eso no corresponde, ni debe ser aceptado como mecanismo de revisión o crítica, la improcedente sugestión hecha por usted y su Facultad ante el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba para que se inicie un sumario contra el Médico Medardo Ávila y su equipo de trabajo.
La ciencia no se maneja a golpes de sumarios, sino con el propio método de la ciencia. Seguir insistiendo en perseguir a quienes realizan o realizaron trabajos de investigación simplemente porque colisionan con los intereses de la Facultad de Ciencias Agropecuarias o la posibilidad de acuerdos con Monsanto u otras corporaciones es una grave equivocación que solo puede estar inspirada en el temor. Los errores no deben ser sometidos a errores.
El periodista Alejandro Rollán del diario La Voz del Interior le hizo una entrevista que él tituló con una frase que usted mismo pronunció: "Nosotros proponemos cambiar el temor por el conocimiento". En esa nota usted señaló:
"Proponemos cambiar temor por conocimiento. Ante determinadas cuestiones, la gente se atemoriza y es lógico. Pero debemos promover un debate científico que lleve certeza a esta situación. Por eso desde la facultad vamos a llevar a cabo programas de divulgación que contengan todas las aristas no sólo en el tema Monsanto, sino también en otros que involucren a la sociedad".
Pues bien, la propuesta de su Facultad para que se inicie un sumario al Médico Medardo Ávila y a su equipo de trabajo promueve algo totalmente contrario a lo que usted predicó en la nota: con semejante actitud vuestra unidad académica impulsa el temor y la persecución, no el conocimiento. Lo que estuvo mal hecho o mostró inconsistencias metodológicas y estadísticas puede volver a ser hecho, no necesita que alguna autoridad amenace con sumarios.
Me resulta además incomprensible que se siga repitiendo la muletilla de que el miedo de los vecinos afectados es fruto del temor, la ignorancia y mensajes fundamentalistas de origen externo. Con todo respeto, muchas de los justificados temores de los vecinos están basados en buena ciencia, y en investigadores que han transmitido su conocimiento durante conferencias y talleres abiertos.
Quienes sostienen que existe desconocimiento en las personas porque protestan, porque hacen marchas o porque se oponen (fundadamente) a la instalación de Monsanto u otras corporaciones, simplemente subestiman a esa gente. Pero también desconocen la realidad de las aplicaciones que los afecta, habida cuenta que se hacen mayoritariamente sin control y con asesoramientos técnicos carentes -la mayor parte de las veces- de conocimientos elementales para reducir la exposición a pequeñas dosis de plaguicidas (ver abajo).
¿Qué pretende Usted que hagan maestras y alumnos de una escuela cuando los aplicadores les piden que queden encerrados porque van a pulverizar, y esas maestras y niños sienten síntomas de intoxicación? ¿Qué tipo de conocimiento pretende usted que erradique el temor, cuando los propios ingenieros agrónomos desconocen cómo actúan las pequeñas dosis de plaguicidas sobre los sistemas endocrino, inmune y reproductor? ¿Qué seguridad pueden tener las comunidades expuestas cuando se aplican mezclas que nunca fueron evaluadas por el SENASA, y cuando las recetas fitosanitarias desconocen el acumulado previo de residuos de plaguicidas que existe en los campos a pulverizar, y en las personas de la zona?
Cuando un grupo de violentos lo agredió a Usted en el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba al tratarse el caso Monsanto (2014), nosotros no solo condenamos esa actitud sino que reivindicamos la importancia del diálogo por encima de la violencia torpe.
Algunos de esos violentos son los mismos que actuaron irracionalmente en la Universidad Nacional del Litoral (2013) e impidieron, días atrás, la disertación del investigador José Miguel Mulet (2015). Considero que quienes disentimos con los mensajes de Monsanto o las opiniones de Mulet tenemos argumentos técnicos lo suficientemente fuertes y contundentes como para contrarrestar sus posiciones, no necesitamos acallarlos, al contrario, queremos que hablen y respondan en qué ciencia se basan para calificar de inocuos a los plaguicidas y OGMs, porqué minimizan a rajatabla los efectos de las bajas dosis de plaguicidas, y porque desconocen sistemáticamente el Principio de Precaución.
Condenamos la actuación de personajes violentos que anulan el diálogo, pero también condenamos la persecución académica cuando pretende erigirse en defensora de una ciencia que no necesita de esa defensa.
Argentina ya presenció otro episodio de intolerancia institucional cuando el gobierno nacional, a través del Ministro de Ciencia, Lino Barañao, atacó torpemente al investigador científico Andrés Carrasco por sus investigaciones embriológicas sobre efectos negativos del glifosato. En esa oportunidad el CONICET conformó una comisión desde la cual se elaboró -como parte de la patética cruzada administrativa iniciada por Barañao- un incompleto informe sobre el glifosato que nunca fue sometido a referato. Carrasco, en cambio, sí publicó sus trabajos en revistas científicas con referato.
Andrés Carrasco y sus colaboradores fueron pioneros en vincular las alteraciones del desarrollo embrionario de vertebrados con el aumento del ácido retinoico provocado por el herbicida glifosato.
Hoy el glifosato, como ya lo indicamos en el Anexo, está incluido en el grupo 2 A del IARC y es sospechado, fundadamente, de múltiples efectos negativos sobre la salud por su efecto inhibidor de las enzimas CYT.
Muy pocos conocen hoy y muchas menos recordarán en el futuro al hoy Ministro de Ciencia (ex integrante de la CONABIA), Lino Barañao, pero la solvencia y sencillez de Andrés Carrasco, en cambio, queda y quedará como ejemplo de investigador comprometido con la ciencia y con la gente. Parte de sus trabajos pueden accederse en la página Web de la University of Western Ontario en Canadá.
Espero por lo tanto, Sr. Decano, que la Facultad a su cargo y su Consejo Directivo desistan de asumir actitudes persecutorias en temas que competen a la ciencia y sus mecanismos, y privilegien en cambio dos aspectos que inevitablemente debo dejar sentados:
1) Le transmitimos la urgente necesidad de abrir un debate científico sobre las consecuencias sanitarias y ambientales de modelos productivos de exportación basados en eventos transgénicos y el uso asociado de plaguicidas, y cuáles son sus alternativas, tal cual lo propuso nuestra facultad de Psicología al rechazar, fundadamente, la localización de Monsanto en Malvinas Argentinas.
2) Lo alentamos a revisar el programa de formación de ingenieros agrónomos, pues actualmente no están formados ni científica ni técnicamente para evitar los efectos negativos sobre la salud humana y sobre el ambiente de las pequeñas dosis de plaguicidas (>1.000 principios activos, >3.000 formulaciones, "n" mezclas), en especial efectos sobre los sistemas hormonal, inmune, reproductor y nervioso.
Es inconcebible que un ingeniero agrónomo pueda firmar recetas fitosanitarias desconociendo cómo actúan los disruptores endocrinos de biocidas (DE, o EDC en singular; DEs o EDCs en plural), por ejemplo a nivel de las vías HPG (eje hipotalámico-pituitario-gonadal), HPT (eje hipotalámico-pituitario-tiroideo) y HPA (eje hipotalámico-pituitario-adrenal), y que se omita evaluar, antes de cualquier pulverización en un campo, cuál es la existencia cuali-cuantitativa previa, acumulada, de residuos de plaguicidas en ambiente y en tejidos humanos.
Finalmente le hacemos saber que la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) y la Cátedra de Biología Evolutiva de la Facultad de Psicología (Universidad Nacional de Córdoba) han hecho una presentación formal ante el Defensor del Pueblo de la Nación para que investigue las posibles irregularidades en la aprobación y comercialización condicionada (esta última a la decisión que adopte China), del evento de soja transgénica DAS-44406-6 de la empresa Dow Agrosciences Argentina SA, resistente a los herbicidas glifosato, glufosinato de amonio y 2,4 D. Muchos de los argumentos citados en esta nota y el Anexo están contenidos en esa presentación.
Sin otro particular lo saluda cordialmente,
Prof. Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Profesor Titular de Biología Evolutiva Humana (Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba) y Presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM).
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