miércoles, 4 de mayo de 2016

Francia impone sus envejecidas centrales nucleares a sus vecinos europeos

Central nuclear Fessenheim, Francia

por Rachel Knaebel

De las 19 centrales nucleares francesas cinco se encuentran en la proximidad de sus fronteras: Fessenheim en la frontera alemana, Cattenom muy cerca de Luxemburgo, Gravelines y Chooz cerca de la frontera belga y Bugey a pocas decenas de kilómetros de Suiza. Nuestros vecinos se hallan cada vez más inquietos por tener en sus puertas a esos envejecidos reactores, sin ninguna posibilidad de seguir su funcionamiento o su grado de seguridad. En materia de seguridad nuclear la cooperación europea no se halla muy actualizada. Algo que por lo tanto plantea graves problemas relacionados con la eficacia de las medidas de prevención o de gestión de la crisis.

En el verano de 1986 las autoridades francesas intentaban convencernos de que no había ningún riesgo para el Exágono frente a la nube radioactiva de Chernóbil. En aquel mismo momento los países vecinos tomaban ciertas medidas para proteger a sus ciudadanos. Treinta años después de la explosión del reactor nuclear soviético y cinco años después de Fukushima, la política europea en materia de prevención de los riesgos nucleares no es nada coherente. Francia continúa explotando centrales nucleares a pocos kilómetros de sus fronteras a pesar de la cada vez mayor oposición de los países vecinos.

La central de Fessenheim, la más antigua de Francia, se halla ubicada al borde el Rin a dos pasos de la frontera y a solo unos treinta kilómetros de la ciudad alemana de Friburg-en Brisgau (230.000 habitantes). La de Cattenom ubicada a orillas del Mosela, en la misma frontera con Luxemburgo, a solo 25 km de la capital del Ducado. La de Chooz en un flanco del Mosela a menos de 10 km de Bélgica y la de Gravelines en el norte a unos 30 km. Finalmente la de Bugey se halla a 70 km de Ginebra. Como lógica consecuencia ya sea en Alemania, Luxemburgo, Bélgica o Suiza, los ciudadanos, los legisladores, las colectividades se hallan cada vez más preocupados por el riesgo que significa tener tan cerca los reactores franceses.

No existe ningún plan coordinado de evacuación
“Veo la central desde mi casa. Pero tampoco hay de este lado del Rin ninguna campaña de distribución de yodo. Es como si la radioactividad se detuviese en la frontera”, deplora Didier Nocus, un francés que vive a dos pasos de Fessenheim, pero en Alemania. Aunque se halla directamente expuesto a los riesgos de estar cerca de la más antigua central de Francia, que comenzó a funcionar en 1977, se halla sin embargo excluido de los planes franceses de prevención de riesgos. Los planes para gestionar situaciones urgentes -llamados planes particulares de intervención (PPI)- son dispositivos definidos en el código de seguridad interior que surgen de la ley. Por lo tanto no se aplican más que en el territorio francés bajo la autoridad de los prefectos”, explica Benedicte Genthon, directora de ambiente y de situaciones urgentes de la autoridad de seguridad nuclear (ASN). La nueva campaña francesa de distribución de pastillas de yodo (destinadas a limitar la fijación del yodo en el organismo en el caso de producirse accidentes nucleares) lanzada a principios de año, está destinada solo a los habitantes ribereños que viven… en Francia. Para los demás son las autoridades locales de los países vecinos las que deben hacerse cargo de la distribución.

Lo mismo sucede con los planes de evacuación. Aún en el caso de accidentes graves, las autoridades francesas solo deberán preocuparse de los habitantes que viven en la “ribera correcta” de la frontera. Los países limítrofes deberán ocuparse de los demás. “Me preocupé por los planes de evacuación”. No existe cooperación entre las autoridades locales y las de Francia. No tenemos idea de lo que debemos hacer en el caso que se produjese un accidente nuclear en Cattenom”, dice Ute Schlumberger, habitante de la orilla alemana de la central y es militante por su cierre.

Una falta de coordinación que “podría crear situaciones de pánico”
“Sin embargo existen planes de cooperación con los países vecinos”, asegura la responsable de la ASN, Benedicte Genthom. Existen intercambios a nivel local entre la prefectura y los Länder, en el caso de las centrales próximas a Alemania. También existen acuerdos bilaterales de intercambio de información en casos de accidentes con Bélgica, Alemania y Luxemburgo que datan de los años 80. También existen protocolos de cooperación entre las diferentes autoridades de seguridad nuclear”. La ASN se reúne anualmente con las autoridades de la seguridad nuclear luxemburguesa y alemana y dos veces al año con la de Bélgica. “La semana última tuvimos una reunión de trabajo franco-alemana”, insiste la responsable. Desde hace varios años las autoridades de la seguridad nuclear europea intentan desarrollar una coordinación transfronteriza más coherente en casos de tener que intervenir en alguna situación urgente.

¿Esa coordinación se encuentra a punto? “La zona que rodea la central de Cattenom incluye a Francia, a dos estados diferentes de Alemania, Bélgica y Luxemburgo. Existe por lo tanto el riesgo de que una de las cinco partes asuma una decisión contraria a las de las demás, subraya Patrick Maierus, jefe de la división de radioprotección del ministerio de Salud de Luxemburgo. Lo hemos tenido todo en cuenta en los casos en que realizamos ejercicios comunes sobre la gestión de crisis. Por ejemplo uno de los países resuelve cerrar unilateralmente sus fronteras. Eso significaría, para nosotros, que el personal médico no puede concurrir a trabajar y son sectores en que tenemos muchos ciudadanos fronterizos. O puede suceder también, como se vio en el último ejercicio, que Luxemburgo decida prohibir a su población comer ensaladas hortícolas” ¿Por qué prohibir el consumo de legumbres de la huerta en Luxemburgo y no a varios kilómetros de distancia, en Francia o Alemania? Por el momento no tenemos ningún plan común para casos de urgencia. Son resortes de la soberanía nacional. Pero para la mayoría de la gente no parecería ser muy comprensible, sobre todo en casos urgentes, evacuar un lado de la frontera y no el otro. Algo que podría crear potencialmente situaciones de pánico”.

Planes de prevención de difícil acceso
Por el momento las respuestas planteadas en Cattenom y en Fessenheim son diferentes a un lado y al otro de la frontera” Antes no se pensaba en que pudiera ocurrir en algún reactor europeo un accidente tan grave como el de Fukushima. Luego de este hemos elaborado en Luxemburgo un nuevo plan de urgencia nuclear, dice Patrick Majerus. En dicho plan la zona de evacuación se ha ampliado hasta a 15 km de Cattenom (1) “En Francia las zonas de evacuación son generalmente de solo cinco kilómetros nos señala ASN, Bastante menos de lo que ha previsto nuestro vecino. Y muy por debajo de la zona evacuada alrededor de Fukushima (20 km).

Es mucho más fácil acceder al plan de prevención adoptado por nuestro vecino luxemburgués que a los planes franceses. “Algunos planes particulares de intervención (PPI) locales no están disponibles en línea. En el caso de producirse un accidente nuclear las poblaciones ribereñas no saben cuales son las medidas de protección previstas y probablemente no reaccionarán como se espera, señala a comienzos de abril la Asociación Nacional de los Comités y de las comisiones locales de información integrada por los ediles locales, las asociaciones, los representantes sindicales y económicos (2).

“Todo lo decide Francia
“En Francia existe por parte de las autoridades una negación del riesgo nuclear, deplora Charlotte Mijeon de la asociación “Abandonar lo nuclear”. La posición francesa es “continuar adelante. No hay nada que temer”, cada vez menos aceptada por nuestros vecinos “Soy un diputado belga cuya circunscripción está muy próxima a la central de Chooz. Con frecuencia pido información al ministro del Interior belga sobre la central, sobre los incidentes, sobre el estado de las instalaciones. Pero siempre obtengo la misma respuesta: “no tenemos ningún control directo sobre el lado francés”, deplora el ecologista Georges Gilkinet. "Pese a que un accidente en Chooz tendría potencialmente mayor impacto sobre Bélgica que sobre Francia, en tanto que diputado belga no puedo pedir cuentas a las autoridades francesas!”

La situación es aún más absurda entre los dirigentes alemanes “Aquí en el cantón el malestar es mayor porque sobrellevamos el costo de haber dejado la energía nuclear mientras seguimos expuestos al riesgo que significa tener una central nuclear francesa en las proximidades”, atestigua Daniela Schlegel-Friedrich, consejera del canton alemán lindero a Cattenom.

Luego de la catástrofe de Fukushima Alemania decidió detener inmediatamente ocho reactores nucleares de entre los más antiguos del país y abandonar totalmente la energía nuclear hasta el 2022. Pero los alemanes que viven cerca de nuestras fronteras siguen corriendo el riesgo de la producción nuclear francesa. A lo sumo los ediles locales pueden asistir a las reuniones de las comisiones locales de información y de supervisión a título de simples observadores. “Veo los esfuerzos que hacen del lado francés para informarnos, tratan de hacer las cosas con transparencia aun cuando siempre nos informan luego del suceso. Pero poco importa que nos informen si no tenemos un lugar en el que manifestar nuestra opinión, critica un edil. No tenemos ningún espacio de decisión conjunta. Todo se decide en Francia”.

El cierre de la central de Fessenheim, siempre postergado
A todos los niveles, local, regional y nacional, las autoridades alemanas intentan presionar a Francia para que cierre lo más pronto posible las dos centrales fronterizas más viejas, Cattenom y sobre todo Fessenheim. La ministra alemana del Ambiente ha reiterado el mes pasado el deseo del Gobierno alemán de ver cerrarse Fessenheim lo más pronto posible debido a que se revelaron los incidentes ocurridos en 2014 y cuya gravedad no fue íntegramente comunicada a las autoridades alemanas. Refiriéndose a un informe sobre algunas fallas en la seguridad Anton Hofreifer, dirigente de los Verdes en el Budenstag, pidió al Gobierno alemán que exija a Francia el cierre de la central de Cattenom por la existencia de “inminente peligro”.

Pero hasta ahora todos los esfuerzos han sido vanos. A pesar de la promesa de François Hollande de cerrar la central de Fessenheim en 2016 aún no ha fijado la fecha de cierre “Esperamos que este año salga un decreto que fijaría la fecha del retiro de la explotación de Fessenheim. Pero seguimos teniendo dudas. ¿Será en 2016 o en 2017?, ¿antes o después de las elecciones presidenciales?, se pregunta Charlotte Mijeon. Eso cambiaría las cosas “Porque Juppé por ejemplo ha dicho ya que prolongaría el funcionamiento de Fessenheim”. De modo que los habitantes de la ribera alemana no están llegando al final de sus preocupaciones.

Nuestros vecinos atacan a nuestras centrales a través de la justicia
Frente a esta incertidumbre, mantenida en el más alto nivel, nuestros vecinos optan por una vía menos diplomática: la justicia. En 2008 una asociación transnacional que reunía un centenar de comunas alemanas, suizas y francesas -la Asociación Trinacional de protección nuclear- (ATPN) inició una primera demanda judicial destinada a cerrar la central de Fessenheim. Luego, después de Fukushima hicieron una segunda pero sin éxito. Aunque sin embargo por lo menos ha presionado a las autoridades francesas” estima Jürg Stöklin, presidente de ATPN.

En marzo de 2016 ha sido el cantón suizo de Ginebra el que ha iniciado una demanda contra la central de Bugey, puesta en marcha en los años 70. Una demanda por “hacer peligrar deliberadamente la vida de los demás y la contaminación del agua” precisa el abogado del cantón (y ex ministra del ambiente) Corinne Lepage que también defendió a ATPN en el caso de Fessenheim.“Cuando Alemania, Luxemburgo y Suiza dicen que no va más es cuando se comienza a convertir en un verdadero problema, estima la abogada. En los años 90 ganamos ante la justicia el caso de la central Creys-Malville”. Esta última instalada en Ain, cerró en 1998.

La estrategia judicial es también la elegida por la ciudad alemana de Aix -la-Chapelle contra uno de los reactores de la central belga de Tihange 2, explotada por el grupo Electrabel, filial de Engie, ex GSF Suez. El reactor fue detenido en 2014 a continuación de la aparición de fisuras antes de ser puesto nuevamente en marcha hace algunos meses sin haber consultado a las comunidades fronterizas directamente puestas en riesgo ¿Qué es lo que se puede esperar del accionar judicial? Es más bien difícil lograr éxito con estas quejas transfronterizas. La política energética es responsabilidad de las autoridades nacionales replican los jueces. Una soberanía que parece ser más importante que la protección de la población.

Notas:
El plan luxemburgués puede leerse en: http://www.infocrise.public.lu/fr/urgence-nucleaire/plan-gouvernemental/plan-intervention-urgence-nucleaire/index.html (en francés)
Aquí se encuentra el PPI de la central de Bugey: (en francés) http://www.ain.gouv.fr/IMG/pdf/PPI_CNPE_du_Bugey.pdf
Traducción: Susana Merino

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción

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